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Dos grandes figuras de la escena, en el Festival de Otoño

Robert Wilson: "El teatro es algo que se siente y se vive"

El estreno de 'CIVIL warS' coincide con el de 'Mahabharata', de Peter Brook

El norteamericano Bob Wilson y el británico Peter Brook, dos de las más relevantes figuras que acuden al Il Festival de Otoño, coincidieron ayer en Madrid. Uno de los espectáculos del primero se presentará a lo largo de esta semana en el Palacio de Congresos y Exposiciones: The knee plays, pequeños fragmentos de unión de los diferentes actos de su ópera Guerras civiles (CIVIL warS), producción multinacional creada pieza a pieza en seis países. El británico Peter Brook, monstruo del teatro mundial, estrena hoy, en los estudios Samuel Bronston, la gran aventura en la que está embarcado desde hace 10 años: Mahabharata, con los textos y la adaptación teatral de Jean-Claude Carrière. Ambos espectáculos son estrenos en nuestro país, donde Bob Wilson presenta por primera vez un montaje teatral.

El norteamericano Bob Wilson ha incorporado al teatro su personal concepción de lo que debe ser un espectáculo, "algo que se. siente y se vive". Por eso a Wilson le cuesta especialmente hablar de su teatro si no es de una forma descriptiva, en la que se limita a exponer los diferentes módulos de los que está compuesto su espectáculo. El director de CIVIL warS explicó en una conferencia de prensa ayer en Madrid las principales características de su espectáculo, uno de los más esperados del II Festival de Otoño.Wilson es un arquitecto, un pintor, un creador de imágenes visuales. "En realidad, lo que yo he he cho en teatro ha sido estructurar paisajes arquitectónicos. Creo un espacio en el que el espectador es invitado a entrar y ver, no exijo su atención todo el tiempo. De he cho, éste permanece en un estado emocional contemplativo, o más bien subconsciente. Mis obras son como ir a la playa o ir a un café. A nadie se le pide quedarse todas las horas que dura el espectáculo: puede salir, darse un paseo, ir a comer y, si le apetece, volver". Una vez más, como suele hacer, Bob Wilson se ayudó de una gran pizarra, en la que fue dibujando esquemas y diagramas para tratar de explicar sus espectáculos. Todos sus montajes, desde el principio, presentan una estructura organizada por esquemas, aunque éstos no sigan un orden lógico y sólo se muevan a través de bloques visuales. En el caso de CIVILS warS, estos bloques visuales quieren ser un informe poético de la lucha de la humanidad por la supervivencia a lo largo de la historia, una visión personal de Bob Wilson sobre la cultura de los hombres. El hecho de poner tanto la palabra civiles como la letra s de guerras con mayúsculas se debe a que el artista no quiere hablar ni de guerra en el sentido habitual del término ni de una contienda concreta, sino de todas las guerras de todos los tiempos y de las lucha! civiles de los hombres, de los intentos de hacerse entender unos por otros o de vencer dificultades. Bob Wilson califica su teatro de ópera contemporánea, en la que se juega constantemente con silencios. "La diferencia que hay entre mi ópera y las tradicionales es que en mis montajes tiene igual importancia lo que se ve y lo que se oye, y ambas cosas no tienen por qué estar relacionadas, y cada una de ellas tiene su propia estructura. En la ópera tradicional, lo que se ve es una ilustración de lo que se oye, con decorados que describen un texto. En CIVILS warS, el texto no tiene nada que ver con lo que se oye: tomo el guión visual y lo uno con otro con sonido; son pantallas distintas en direcciones distintas, aunque se pueden apoyar. En mi obra todo existe de una manera independiente, como si se tratara de una hamburguesa gigante con diferentes pisos en los que van la lechuga, la carne, la salsa, el tomate, etcétera".Bob Wilson cree que no se puede hablar de su teatro, sólo verlo y sentirlo; y piensa que la forma de interpretarlo puede ser de infinitas maneras. "Si intento hacer abstracción y pensar cómo reaccionaría yo ante un espectáculo mío, creo que cada vez sería diferente, y ello es debido a que mi obra no tiene ni busca un fin predeterminado". El creador de numerosos vídeos y manifestaciones plásticas, que ayer acudió a Madrid como hombre de teatro, y que hace algún tiempo declaró que cuando quería ver teatro norteamericano de vanguardia venía a Europa, se considera un buen espectador teatral, aunque no le interesan ciertos circuitos para presentar sus obras. "Odio Broadway, el teatro comercial, y no quiero participar en ello. Es un teatro que está basado en un concepto corrupto, donde todo gira en torno a la idea de ganar dinero, y el dinero no tiene nada que ver con el arte". Desde que, en 1971, Bob Wilson presentara en Europa su polémico montaje La mirada del sordo, todos los ojos interesados en los nuevos caminos que el nuevo teatro debe recorrer se posaron sobre la larga figura de un tejano que hoy, a sus 44 años, aún no ha perdido la mirada ingenua del típico norteamenicano, que igual es profesor de matemáticas, cobrador de autobús, vendedor de hamburguesas o genio del teatro contemporáneo.Por aquel entonces, Louis Aragon cayó, como por casualidad, en una butaca del teatro donde se representaba la obra que dio el espaldarazo a Wilson en Europa. Días después, Aragon describió, en una carta abierta al poeta André Breton, colega suyo en el superrealismo, el impacto que le supuso descubrir el teatro de Wilson: "Quiero decírtelo ya, André, porque aunque aquellos que han inventado este espectáculo no sepan nada, lo han representado por tí, a tí es a quien habían buscado, como a mí, hasta la locura. Porque me ha vuelto loco. Escucha lo que digo a los que tienen oídos, se diría, para no sentir: 'No he visto jamás algo más bello en este mundo desde que he nacido, jamás. Ningún espectáculo jamás ha llegado al tobillo de éste, porque es al mismo tiempo la vida de vigilia y la vida con los ojos cerrados, la confusión que se crea entre el mundo de todos los días y el mundo de cada noche, la realidad mezclada con el sueño, la inexplicabilidad de todo en la mirada del sordo". Estas palabras de Aragon no han sido más grandilocuentes que las de numerosos críticos que de una forma u otra se han detenido en la obra de Wilson, un hombre polémico al que, en su país, algunos sectores le, han tachado de idiota sabio y al que la intelectualidad francesa se complace en acoger.

Ópera con silencios

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de octubre de 1985