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Divulgar los secretos científicos, la utopía de Erice

Investigadores de varios países se reúnen anualmente para debatir sobre la carrera armamentista

Conocer los secretos científicos y frenar de esta manera la carrera armamentista es el objetivo que se ha propuesto el V Seminario sobre la Guerra Nuclear, celebrado en la localidad italiana de Erice, en Sicilia. El motor de estas sesiones, el físico Antonino Zichichi, se preguntaba qué hubiera sido de la humanidad si Shakespeare, Picasso o Beethoven hubieran mantenido su producción en secreto. El reto se plantea en un momento en que las tecnologías de punta están orientadas en gran parte a satisfacer necesidades militares.

Lograr el acuerdo de los expertos para conseguir poner fin al secreto científico en todo el mundo es el ambicioso objetivo que se ha propuesto el V Seminario sobre la Guerra Nuclear celebrado la pasada semana en la localidad siciliana de Erice. La iniciativa cuenta con el respaldo de los llamados científicos halcones norteamericanos, como Edward Teller, padre de la bomba de hidrógeno y asesor d el presidente Reagan, y de quienes desde los centros de Los Álamos o Livermore trabajan directamente en la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI). Se trata de crear grupos de trabajo en una quincena de materias en los que los científicos de todo el mundo pongan en común sus investigaciones y experiencias, sin ningún tipo de restricción o mantenimiento de secreto.El Laboratorio Mundial, nombre con el que se conoce esta iniciativa desde la pasada semana, deberá buena parte de su realización al empeño del profesor italiano Antonino Zichichi. Sin embargo, el propio desarrollo de las jornadas ha evidenciado algunas contradicciones que, a juicio de los observadores, pueden enturbiar la iniciativa del físico siciliano.

Cuando los asistentes norteamericanos explicaron el establecimiento del escudo protector que EEUU piensa situar sobre la Unión Soviética, los científicos europeos se interesaron por el estado de experimentación del SDI. La respuesta de los científicos norteamericanos fue que no podían hablar más del tema, ya que era secreto militar. Este es precisamente el gran obstáculo que, a juicio de los observadores, se presenta: saber los límites que separan la investigación científica de su utilización militar.

La iniciativa del profesor Zichichi cuenta con el respaldo de personalidades como el ex presidente italiano, Sandro Pertini, el secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar; el papa Juan Pablo II y Giulio Andreotti, ministro italiano de Asuntos Exteriores. A juicio de los observadores, no sorprenden adhesiones como la de Andreotti, que en foros internacionales ha defendido la idea de que deben ser los científicos, por encima de los gobiernos, quienes se pongan de acuerdo para acabar con la carrera armamentista. La visión de Zichichi es optimista, ya que afirma que recibirán fondos de diversos gobiernos, a quienes será comunicado el proyecto en las próximos semanas. Probablemente, el propio Gobierno de los EEUU hará alguna aportación económica para este proyecto, lo que, a juicio de algunos europeos asistentes al seminario de Erice, le permitiría mejorar la imagen de su Administración.

4.000 científicos

Sin embargo, el proyecto Laboratorio Mundial nace disminuido. Después de tres años ininterrumpidos de asistencia, la delegación soviética no ha hecho acto de presencia en el seminario del año en curso, después de una gran polémica. Antonino Zichichi, no obstante, ha aceptado una invitación del presidente de la Academía de las Ciencias de la URSS, Eugeni Velikhov, para plantear su iniciativa en Moscú.

Las desapariciones del matemático soviético VIadimir Aleksandrov en marzo y del diplomático de la misma nacionalidad Vitali Yurtchenko a primeros de agosto, han pesado fundamentalmente en el hecho de que los científicos de la URSS no estuvieran presentes en Erice. Según manifestó Edward Teller a este diario, Aleksandrov, que fue visto por última vez en Madrid, no se encuentra en EE UU. Teller insinuó que el soviético fue problemente secuestrado por los propios servicios secretos de su país, cuando pretendía pasar a Occidente.

A pesar de la ausencia soviética y los problemas que ello comporta, el proyecto surgido de Erice es, según su máximo valedor, "la única posibilidad de frenar la carrera armamentista". Zichichi afirma que "no sirven ya ni las mesas redondas, ni las conferencias, que en 40 años no han dado ningún fruto". Zichichi va más lejos en la fundamentación teórica de su proyecto cuando afirma, respecto a la responsabilidad de la ciencia en la carrera de armamentos, que "la elección entre el bien y él mal no se basa en consideraciones científicas, sino culturales", en un mundo en que a cada habitante de la Tierra le corresponden 4.000 kilos de explosivos y tan sólo 300 kilos de comida en el año en curso, según el físico italiano.

El contacto entre científicos -incluidos los soviéticos como premisa idispensable- podrá acabar poco a poco con esta situación, según el físico italiano. Erice es un buen marco, ya que alrededor de 4.000 hombres de ciencia participan anualmente en sus cursos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de septiembre de 1985