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Tribuna:ANTE EL 30º CONGRESO DEL PARTIDO EN EL GOBIERNO

La política económica y social

El autor rebate, en este último artículo, los criterios de eficacia económica y aboga por el mantenimiento de la eficacia social y de los principios de solidaridad que han caracterizado siempre al mensaje socialista. La izquierda, concluye, no puede gobernar con los principios de la derecha.

Los planteamientos económicos de esta nueva derecha no convierten, como pretende, en desfasado el mensaje socialista. Hoy es tan cierto como siempre que los avances científicos tienen que ir unidos, necesariamente, al progreso de los hombres, y la sociedad no puede progresar sin justicia social. Hay que decir además, claramente, que la eficacia económica no puede estar reñida con la eficacia social.

Dentro del esquema de análisis que marca el programa socialista podemos enfocar cuestiones concretas que afectan al movimiento obrero. Así, tenemos la necesidad de formular una política de empleo que no se refiera solamente a planteamientos macroeconómicos -cuya eficacia, por cierto, es muy escasa, como la práctica está demostrando-, sino que se mueva más a ras de la tierra, y también de la realidad. Deben enfocarse con mayor decisión las micropolíticas que conduzcan a medidas concretas de promoción de empleo, tales como el fomento del cooperativismo o el desarrollo regional.

Hay que adoptar, por otra parte, las medidas que conduzcan a una más amplia y profunda participación de los sindicatos en las instituciones como medio de alcanzar la democracia participativa a la que aspiramos. No deben tener temor nuestros compañeros en el Gobierno por este planteamiento, que no esconde la pretensión de tomar el Palacio de Invierno. Proclives como son a estudiar lo que se hace allende nuestras fronteras, podrán comprobar cuánto se ha avanzado -en los países escandinavos, por ejemplo- en este sentido.

Debe revisarse cierta concepción sobre la presencia del poder público en las cuestiones sociales. La supresión del intervencionismo del Estado en las relaciones laborales, que hemos aceptado como modelo, no debe traducirse en un abstencionismo frente a unos interlocutores sociales cuyo equilibrio de fuerzas dista de ser real.

La seguridad social

Es imprescindible formular una defensa del sistema público de seguridad social, seriamente amenazado por una creciente ofensiva de la derecha. Probablemente no se ha sopesado suficientemente desde el partido la trascendencia que pueden tener algunas declaraciones formuladas desde ámbitos oficiales que presentan al sistema como un cáncer a extirpar y a los trabajadores como potenciales defraudadores de prestaciones. La seguridad social pública, además de mucha, otras cosas que pueden decirse de ella, es fundamentalmente instrumento redistribuidor de la riqueza de este país hacia los sectores más desfavorecidos. Su parcial desmantelamiento para sustituirla por empresas privadas acrecentará las desigualdades que ya se presentan con toda crudeza en la sociedad dual que tenemos, donde se establece una brutal distinción entre los que tienen trabajo y los que carecen de él, entre los que tienen ingresos suficientes y los que no llegan al nivel de subsistencia.

En este país tenemos, según se ha señalado, ocho millones de pobres. Por tanto, resulta más que nunca necesaria la política de solidaridad que hemos defendido siempre a nivel de principios, pero que no se ha traducido todavía, suficientemente, en medidas que tiendan a hacer recaer la crisis con más intensidad en los que más tienen. El mayor beneficio de los empresarios como único norte de la política económica implica consagrar una sociedad fundamentalmente insolidaria.

Las cuestiones internacionales no se agotan en el debate sobre la OTAN, en que tan empeñados estamos en estos días. Hay otros problemas de mayor gravedad que requieren nuestra atención, como son, por ejemplo, los derivados de la deuda externa de los países de África, Asia y América Latina, condenados por los organismos financieros internacionales a adoptar políticas que sólo pueden agravar la miseria de sus habitantes. Tenemos que admitir que no es posible pensar en un orden internacional más justo si millones de seres humanos mueren literalmente ante nuestros ojos mientras las naciones se han lanzado a una desenfrenada carrera de armamentos.

Para concluir estas reflexiones diría que en el próximo congreso, más importante que ganar una votación será volcar las conciencias, reorientarlas hacia el pensamiento, el debate y la crítica.

La salida de la crisis debe realizarse con un mayor fortalecimiento de las organizaciones sociales, los sindicatos entre ellas. Resultaría una enorme paradoja que, después de gestionar y acometer una crisis que la derecha ha sido incapaz de solucionar, la consecuencia Fuera el debilitamiento de las organizaciones de defensa de los derechos de los trabajadores.

Es fundamental que trabajemos para que no se pierdan los grandes objetivos históricos de la izquierda, porque no es posible que gobierne si adopta la filosofía y la cultura de la derecha. En fin, si por algún punto hemos de comenzar, es necesario recordar lo que alguien ha dicho: "Para que la izquierda recobre su salud debe recordar que es izquierda".

Nicolás Redondo es secretario general de UGT.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de diciembre de 1984

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