_
_
_
_
Tribuna:
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

"La Seguridad Social no paga la inversión

Los autores reclaman una política más decidida, por parte del actual Gobierno socialista, a la hora de actuar en el campo de la información sobre planificación familiar y uso de anticonceptivos. Denuncian lo que entienden como indecisión del ejecutivo a la hora de operar sobre este importante problema social.

Con esta antológica frase excluyó hace 20 años el pago de los anticonceptivos un viejo general... en Francia. Aquí, a nivel gubernativo, todavía se está discutiendo el tema, y no se sabe si en esto llegará de verdad el cambio, como pidió el Congreso Nacional de Planificación Familiar de Gijón y el mismo PSOE.El problema económico. es en cierto modo pequeño para las clases medias. Pero las clases bajas, sin acceso económico y social a la medicina privada, tendrán millones de hijos no deseados, analfabetos o poco ilustrados, candidatos al paro y al subempleo. Sólo su parto costará mucho más que la más costosa atención anticonceptiva. Su peso socioeconómico marginal será muy superior incluso a su mismo número, ya millonario.

Se comprende que un partido de derechas no hiciera gran cosa por evitar esa natalidad accidental y diferencial, pues su oposición a los anticonceptivos es mucho más natural que su (anti)método Ogino: ese ejército de reserva de parados mantiene alta la demanda de empleo, bajos los salarios y permite que se reclute entre ese lumpenproletariado, esos marginales, un número muy alto de defensores de la tradición, con el voto... y con otros medios. En cambio, parece suicida el titubeo de un Gobierno socialista en ayudar a disminuir esa cantera de parados, opositores y desestabilizadores. Claro está que no se puede comprender la izquierda sin recordar su secular misión opositora, que no abandona sin nostalgia masoquista...

Aun prescindiendo del problema estructural, económico y poblacional, las cifras son abrumadoras: todavía hoy, un tercio al menos de los españoles nacen en momentos en que no son deseados por sus padres; sólo la mitad de las parejas en edad reproductiva utiliza anticonceptivos, y de ellas, sólo la mitad emplea métodos aceptablemente seguros; un tercio no conoce ningún método anticonceptivo masculino, y más de dos tercios, ninguno femenino (excepto la píldora), etcétera.

Ante este masivo analfabetismo anticonceptivo, parecería elemental realizar una campaña de información como la de Francia y otros países. Así lo han solicitado también los expertos en el congreso de Gijón y en el PSOE. El evitar los abortos también lo reclama con urgencia. Pero las resistencias al cambio son múltiples, por ignorancia, ideología e intereses. Así, Laporte, concejal de Sanidad de Barcelona, se opone a esas campañas porque "no se pueden crear expectativas sin dar unos servicios". Pero esas expectativas no son artificiales, no hay que crearlas: ya existen, y son muy graves, como el altísimo porcentaje de hijos no deseados; y la postura de Laporte equivale a negar información sobre higiene alimentaría porque no se pueden crear comedores para todos; si no se pueden hacer clínicas anticonceptivas para todos, con mayor razón hay que instruir para que cada cual adopte el método más adecuado a sus posibilidades. Recordemos que más de las tres cuartas partes de los usuarios de anticonceptivos -el 77%- utilizan métodos no clínicos, y que del 23% restante, sólo una cuarta parte los recibe en clínicas. Hay, pues, que hacer campañas de información anticonceptivas usuariocéntricas, basadas en ofrecer con claridad todos los métodos (incluidos los no médicos ni clínicos, como los supositorios vaginales del condón), y no sólo campañas clinicocéntricas, orientadas a encaminar a unas clínicas ya desbordadas de trabajo.

Para aliviar muchos problemas, como este de la planificación familiar, no es imprescindible el emplear miles de millones en una complicada red de clínicas, con un gran aparato burocrático. Aun suponiendo que esto fuera lo mejor, es hoy imposible, y por tanto, enemigo de lo bueno: la política es la ciencia de lo posible. La experiencia de otros países, incluso vecinos, muestra que basta una cierta voluntad política e imaginación en el poder para conseguir informar sobre estos temas sanitarios y sociales y mejorar mucho la situación. En España, además de las circunstancias ya expuestas, como la ignorancia anticonceptiva, el problema del aborto, la crisis socieconómica, etcétera, una campaña en este sentido es tanto más necesaria cuanto que, si bien ya casi nadie sostiene los antiguos mitos sobre las familias numerosas y se han despenalizado los anticonceptivos, todavía no se ha afirmado positivamente la necesidad social de una paternidad responsable, ante la propia familia y ante la sociedad, para no agravar los problemas ya existentes con el número excesivo de hijos; ni tampoco se ha apoyado social, oficialmente, el derecho e incluso el deber moral de emplear los medios pertinentes para limitar la propia descendencia, manteniéndose a nivel público una actitud ambigua o incluso denigratoria ante los anticonceptivos por parte, por ejemplo, de bastantes farmacéuticos e incluso médicos de la Seguridad Social.

es sociólogo. Sacramento Martí es feminista.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_