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Tono de precampaña electoral en el optimismo político y económico de la conferencia de prensa de Ronald Reagan

La firme decisión de construir 100 nuevos misiles intercontinentales MX, una serie de acusaciones contra la Unión Soviética por presunta violación de los tratados sobre limitación y control de armas nucleares (SALT), el optimismo sobre una futura retirada de las tropas sirias de Líbano y la repetición, sin elementos nuevos, de las críticas hacia el régimen de Nicaragua, caracterizaron en la madrugada de ayer la conferencia de prensa del presidente norteamericano, Ronald Reagan, que tenía algo de precampaña electoral.

Después de anteriores descalabros en materia de conferencias de prensa, el presidente ofreció un dominio de la situación casi inesperado. No en vano sus principales consejeros le habían preparado duramente, sometiéndole durante cuatro horas a la posibles preguntas que le formularían los periodistas en el curso de su decimoséptima comparecencia oficial ante los periodistas en sus casi dos años y medio de mandato.Sonriente, como de costumbre, y sin meter la pata, Reagan respondió con coherencia desde los temas de Oriente Próximo hasta los de política interior.

Abrió su intervención en la Casa Blanca con la lectura de una declaración en la que agradecía el compromiso bipartidista de varios comités del Congreso en pro de la concesión de los primeros fondos 625 millones de dólares, para la fabricación, pruebas y preparación de silos destinados a los nuevos misiles intercontinentales MX.

Denominado, en la jerga de la Casa Blanca, el cohete pacificador el MX, equipado con 10 olivas nucleares, sustituirá a los actuales Minuteman. "Ha sido uno de los votos más importantes del 98º Congreso en materia de control de armamentos", dijo Reagan. El presidente obtuvo el acuerdo del poder legislativo, hasta hace poco reacio a dedicar 20.000 millones de dólares al programa MX, gracias a las promesas de flexibilidad que anunció en materia de negociaciones para una reducción y control de armas nucleares estratégicas con los soviéticos (START).

Críticas a la URSS

Sin caer en la retórica habitual, Reagan criticó vehementemente el que la Unión Soviética haya olvidado los anteriores tratados de limitación y control de armas estratégicas (SALT) con la realización de varias pruebas de nuevas armas nucleares. Sin embargo, el presidente mostró su satisfacción por la reanudación de conversaciones entre Washington y Moscú, destinadas a firmar nuevos contratos a largo plazo para la venta de cereales americanos a los soviéticos.Una política ésta, que no consideró incompatible con el hecho de pedir restricciones a los aliados occidentales para sus exportaciones de tecnología a la URSS, mientras la balanza de pagos norteamericana, sin olvidar al agricultor-elector, se beneficia del fin del embargo que impuso el presidente James Carter a la URSS como represalia por la intervención en Afganistán.

En relación con Oriente Próximo, Ronald Reagan fue optimista sobre la eventual retirada de las tropas sirias de Líbano. "Siria dijo siempre que se retiraría de Líbano cuando los demás se fueran. Hoy piensan de forma distinta", dijo el presidente. "Pero", añadió, "la mayoría de los aliados árabes urgen a Damasco para que cumpla su palabra. No creo que los sirios quieran seguir solos, separados de sus amigos árabes", concluyó.

En relación con la venta de nuevos aviones F-16 al Gobierno de Israel, como parte del compromiso del reciente tratado de paz entre Beirut y Tel Aviv, Reagan dijo: "Es un asunto que consultamos entre el Departamento de Estado y el Congreso".

Finalmente, siempre en materia de relaciones exteriores, Ronald Reagan aludió a la situación en Centroamérica, sin aportar elementos significativos nuevos a la polémica. "Lo único que pedimos", dijo el presidente norteamericano, "es que Nicaragua no se mezcle en nuestros asuntos". Insistió también Reagan en que el régimen sandinista quiere atentar contra los asuntos del Gobierno electo de un país vecino (en referencia clara a El Salvador).

Sobre las operaciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Nicaragua, denunciadas por varios comités de la Cámara de Representantes, el presidente norteamericano se mostró muy evasivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de mayo de 1983

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