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El origen desconocido de la epidemia tóxica

"La toxicidad mortal del aceite de colza no se ha producido durante el proceso de refino"

«Donde no hay aminas aromáticas ' es decir, anilinas, no hay toxicidad», ha declarado a EL PAIS José Enrique Martínez Genique, secretario de Estado para el Consumo, al hablar de la causalidad del síndrome tóxico. «Por el contrario», añadió, «donde hay anilinas existe relación estadística con el síndrome, lo cual hace indudable considerar, hoy por hoy, el aceite como vehículo de la enfermedad. Sin embargo», precisa, «se sigue sin encontrar el tóxico o los tóxicos concretos que causan la enfermedad en la complejidad en que se manifiesta». En este sentido señaló que ninguno de los cuarenta laboratorios extranjeros a los que se han enviado muestras del aceite tóxico han encontrado la causa definitiva.

La posibilidad de que la toxicidad mortal del aceite de colza para uso industrial y desviado al consumo humano de boca coincidiera con el aceite distribuido a granel por la zona centro de España ha sido eliminada por el grupo de seguimiento de la comisión interministenal encargado de la investigación en las refinerías de aceite. «Este grupo de expertos ha visitado las refinerías de Sevilla, Madrid, Zaragoza y Barcelona, y no sé si alguna más, pues no recuerdo si había otras en el caso, y ha determinado que no ha existido ninguna diferencia en el proceso de refino hechos con los aceites que RAPSA, de San Sebastián, vendió a Raelca, distribuidos en el centro, y los que vendió a las empresas catalanas Salomó y Pich», informa Martínez Genique.El hecho de que aceites adulterados y tóxicos en distintos grados hubiesen producido diferentes efectos -pues en el área catalana y del sureste no se han dado casos de intoxicación- indujo a los investigadores a pensar que los agentes tóxicos causantes de la epidemia pudieran ser sólo los contenidos en el aceite distribuido por el área central; esto es, el de Raelca. En este sentido, el Instituto de la Grasa de Sevilla aventuró la hipótesis de que los aceites hubiesen sido refinados de manera distinta, originándose la toxicidad mortal en el proceso de refino. El Instituto de la Grasa estableció en sus laboratorios que las anilinas contenidas en el aceite de colza para uso industrial, sometidas a una determinada temperatura, originaban anilidas. Estas anilidas, según las hipótesis oficiales, habrían generado una cadena de radicales cuyo efecto causaría los estragos en el organismo. Según este planteamiento, el aceite de colza para uso industrial distribuido en el área catalano-levantina y en el Sur habría sido refinado de forma diferente, probablemente en frío, y de ahí que en estas zonas no existieran casos. Según la investigación del grupo de expertos citado, esta posibilidad ha quedado invalidada.

Según la información facilitada por Martínez Genique, «la toxicidad del aceite de colza se produjo antes o después del proceso industrial del refinado, pero no durante éste».

Hasta ahora no se sabía si el tóxico venía ya en la colza desde Francia, si se originó en los procesos de adulteración y refino o si surgió en la fase final, en el período entre el posrefinado y la venta. Después de casi seis meses de investigación sobre el aceite, se tiene la certeza de que el tóxico mortal no nace en el proceso de refino.

El tema de la investigación científica sobre el síndrome escapa a las competencias directas de la Secretaría de Estado para el Consumo, según recuerda Martínez Genique. No obstante, este secretario de Estado participa en la comisión interministerial creada para elaborar un análisis de la situación y recomendar medidas al efecto -el llamado libro blanco del síndrome-, comisión que preside en ausencia del secretario de Estado para la Sanidad. «Esta comisión recibe información periódica de los diversos aspectos que se tratan en relación con esta enfermedad. No puedo dar cuenta en detalle de las líneas de investigación abiertas por la comisión científica, pero es seguro que son varias. Personalmente, soy partidario de que, ante este trágico problema con que nos enfrentamos, se tenga en cuenta cualquier hipótesis seria de trabajo, y estoy convencido de que así se está haciendo.

Por otro lado, la Secretaría de Estado para el Consumo se ha encargado de la inspección de conservas y de las matanzas. «Podemos asegurar que no hemos encontrado absolutamente nada que pueda considerarse tóxico. En el caso de las matanzas se han retirado los productos de algunas por elementales motivos de seguridad».

En cuanto a otro tipo de actuaciones en relación con el síndrome tóxico y, por extensión, alimentario, señala que la Secretaría ha llevado a cabo un protocolo de seguimiento de enfermos y fallecidos, así como de empresas y de personas puestas a disposición judicial, como complemento de las distintas actuaciones realizadas desde otras áreas de la Administración.

José Enrique Martínez Genique advierte, como aclaración, que la Secretaría de Estado para el Consumo, que acaba de cumplir cien días de vida desde su creación, el pasado día 3 de septiembre, «no fue una improvisación, sino una aceleración de un proyecto largamente discutido a nivel gubernamental». Y añade: «La demanda del consumidor estaba ahí y el Gobierno preparaba su respuesta, tema que yo conocía y por eso se me llamó y acepté iniciar la puesta en marcha».

Propuestas de remodelación

Martínez Genique explica que esta Secretaría, cumpliendo el mandato del Consejo de Ministros del pasado día 28 de agosto, ha elevado ya una serie de propuestas para dotar del contenido orgánico correspondiente a dicha Secretaría, para lo cual se le dio un plazo hasta el 31 de diciembre próximo.

Esta estructuración se ha elaborado independientemente de los resultados de la próxima remodelación ministerial, prevista para la primera decena de diciembre.

Sobre esta remodelación, en fuentes próximas a los ministerios afectados se señala como muy probable la separación de Sanidad con respecto a Trabajo y Seguridad Social, parcelas estas dos que constituirían un ministerio único. Permanece en duda para dichas fuentes si Sanidad resaltaría como ministerio propio. Se especula con la creación de un Ministerio de Alimentación, y en torno a éste se habla de anexionarle el Consumo.

José Enrique Martínez Genique -cuyo nombre suena para ese hipotético ministerio- dice que, «al margen de la rumorología y de la remodelación ministerial resultante, yo entiendo que el consumo es un tema cuya importancia intrínseca actual puede hacer conveniente la creación de un ministerio que entienda exclusivamente del mismo. Ahora bien, en el caso de integrar esta problemática en algún ministerio no exclusivo creo que debe ser en uno de carácter horizontal, no sectorial. Por esta razón, bien podría estar en Presidencia del Gobierno, o bien en Sanidad, o incluso en un Ministerio de Economía, que no tenga anejo el Comercio. Tanto el comercio como la industria o la agricultura son cuestiones sectoriales, mientras que el consumo es de carácter más global».

En opinión de Martínez Genique, la figura del consumidor es reciente, responde a una exigencia moderna y a un nivel socioeconómico determinado en un nivel de desarrollo, y se presenta como «un elemento que reivindica su participación activa en un plano de relaciones donde, hasta ahora, había estado excluido, por lo que resulta una figura progresista en lícita pugna con los sectores tradicionales de la producción».

El tema del consumo hay que entenderlo, según el secretario de Estado, como «una alternativa progresista, de ahí que esté convencido de que el proyecto de ley del consumidor que hemos elaborado vaya a levantar tantas ampollas como la del Divorcio o la fiscal».

«Mi continuidad en el Gobierno al frente de este tema dependerá, por tanto, primero, de que se me diga que siga, y segundo, de que el Gobierno asuma el proyecto de ley presentado y su carácter progresista».

«De momento», añade, «el Gobierno está interesado en potenciar el asociacionismo, y para ello se ha triplicado el presupuesto que el Instituto Nacional del Consumo dedica a los consumidores, y que se ha aprobado recientemente en las Cortes. Creo que esta línea es interesante, porque para fomentar seriedad en el consumo es básica la existencia de asociaciones fuertes».

Balance actual

«En cualquier caso, estoy contento de lo que hemos hecho en estos tres meses de vida. En el capítulo de normas substantivas hemos presentado el proyecto de ley del consumidor; en cuanto a los procedimientos hemos puesto en marcha, de nuevo, la Comisión Interministerial de Ordenación Alimentaria (CIOA), que llevaba más de nueve meses sin reunirse, y se ha abierto un calendario de trabajo de la secretaría, en el que nos vamos a centrar preferentemente en los temas de las grasas, los alcoholes y los sectores lácteos y cárnicos, los restaurantes y comedores sociales y, más adelante, trataremos los talleres de reparación;, y finalmente, en cuanto a las estructuras, hemos cumplido el compromiso».

Sobre este último punto da cuenta de los siguientes pasos efectuados: «Hemos coordinado los distintos laboratorios y servicios de inspección y se han contratado 805 nuevos inspectores».

En la nueva etapa de la secretaría, esta deberá contar, según Martínez Genique, con una comisión, a nivel de gobiernos civiles, donde se integren los servicios especiales, en relación con el consumo, de los actuales Ministerios de Industria, Agricultura, Comercio y Sanidad, y en dicha comisión se establecerá un instructor que tendrá competencia en los expedientes que se incoen. Dotada la Secretaría de Estado para el Consumo del contenido orgánico adecuado, tales servicios dependerán orgánicamente de la misma, según se recoge en el escrito elevado al Consejo de Ministros sobre este aspecto.

«En esta incorporación de los cuerpos especiales puede que se produzca alguna oposición, pero creo que es imprescindible esa coordinación y dependencia orgánica, única forma de evitar la actual dispersión». Sobre la presunta oposición de tales cuerpos, Martínez Genique estimó como «más reacios los de Sanidad y menos los de Comercio, con un nivel intermedio los restantes». Al respecto se refirió a que «ya hemos tenido problemas con el laboratorio de Majadahonda, antes dependiente de Sanidad».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de noviembre de 1981

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