Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:La situación escolar en España / 2

Pocas plazas escolares y desatención a la educación especial y de adultos en Andalucía

El panorama que ofrece el regreso escolar en Andalucía no puede ser menos halagüeño: maestros obligados a trasladarse a Canarias o a Euskadi si no quieren verse condenados al paro; colegios que no pueden abrir sus puertas por no contar con mobiliario o tenerlo destrozado; el desastre repetido de la enseñanza en las zonas rurales, que se plasma en hechos como el que Jaén vaya a ver disminuida su cifra de plazas escolares. De todo ello informa, desde Sevilla, José Aguilar.

El curso 1979-80 ha dado comienzo en Andalucía con un amplio movimiento de lucha de los profesores de EGB contra reducciones de plazas, en algunos casos, y traslados forzosos en otros. Encierros y manifestaciones han jalonado esta puesta en marcha escolar, que trae de cabeza, como todos los años, a enseñantes y padres, y a la que el Ministerio de Educación responde con una notoria falta de planificación.No de otro modo se puede calificar el hecho de que haya provincias donde ahora, hoy, cuando empieza a llegar el mobiliario para los centros de nueva construcción, que «se irán abriendo más tarde o más temprano», como le confesó a EL PAIS un funcionario. Pero la situación es todavía peor para las ampliaciones de colegios ya existentes, en los que la imprevisión ministerial -se han hecho pedidos de pupitres en agosto, cuando las fábricas están cerradas por vacaciones- va a prolongar el cierre hasta quién sabe cuando.

El resultado es que varios miles de niños están sin escuela. Otros miles estarán también una temporada de vacaciones por no haberse procedido a tiempo a hacer las reparaciones precisas en sus centros o por haber sido éstos entregados en unas condiciones en las que los ayuntamientos de izquierdas -más quisquillosos que sus predecesores- no han querido hacerse cargo de ellos. Se dan casos de colegios terminados en abril pasado y que en septiembre aún no tienen las dotaciones necesarias y, al mismo tiempo, otros en los que han sido las propias madres las que se han negado a dejar a sus hijos en unas aulas en malas condiciones.

Por lo que respecta a la reducción de plazas, no hay manera de cuadrar las cifras esgrimidas por los sindicatos de enseñantes y las que se manejan en las delegaciones provinciales del Ministerio de Educación. Puede hablarse, sí, de que la disminución de plazas será brutal en Jaén, donde va a haber quinientos maestros menos que en el curso anterior, pero no en Sevilla, donde se cuenta con cincuenta nuevos profesores de EGB. Pero tanto en Jaén como en Sevilla, o en Granada se van a producir traslados fuera de Andalucía a causa de la venida de colegas de otras regiones y nacionalidades que han ganado plazas aquí. Y, como ha dicho un delegado, «si no hay un milagro, no tendremos más plazas».

Menos plazas para adultos

Eso, en EGB. Porque sí que ha habido reducción de plazas en educación permanente de adultos: 2.275 en la provincia de Sevilla, frente a 4.200 el curso 1978-79, lo que significa limitar la enseñanza para adultos a Sevilla capital y a cuatro o cinco pueblos importantes de sus aIrededores. La medida provoca el doble efecto negativo de incrementar el paro entre los maestros y de privar a amplias zonas rurales de un instrumento indispensable de promoción cultural que, mal que bien, ha venido cumpliendo una función menos alucinógena que la televisión.Desde luego, el panorama educativo en las comarcas rurales no puede ser más inquietante. A los problemas generales hay que añadir, en este caso, los derivados del subdesarrollo agrario, que obligan a muchas familias a sacar a sus hijos de la escuela durante meses enteros, para aprovechar las temporadas de trabajo que hay a lo largo del curso. Las campañas de la aceituna, el algodón o la vendimia hacen emigrar a padres y niños a comarcas más o menos lejanas, con el consiguiente perjuicio para los alumnos, que ya no se integran con normalidad a la marcha del curso. A todo ello hay que unir, además, los conflictos de algunos profesores no andaluces, que comentan: «Estos niños no saben hablar, no hay quien los entienda.»

En cuanto a la educación especial, los altos niveles de subnormalidad que se producen en algunas zonas no son correspondidos, sino todo lo contrario, por un elevado índice de plazas escolares. Se calcula que en la provincia de Sevilla está cubierto sólo el 10% de las necesidades de enseñanza especial y en las otras siete provincias aun menos. Por último, la preescolar se caracteriza por la absoluta insuficiencia de puestos, más evidente en los grandes núcleos urbanos que en los pueblos, y por una importante penetración del capital privado.

Por ejemplo, en Sevilla, que supera a las demás provincias, datos fidedignos indican que sólo el 36% de los niños con edades comprendidas entre los tres y los seis años están escolarizados y que la proporción entre parvularios privados y públicos es de tres a uno. En Granada hace un par de cursos había nueve centros de preescolar en la capital de propiedad estatal y 47 en manos particulares. Las cifras pueden repetirse para demostrar cuantitativamente lo que ya se sabe: la clasista enseñanza privada va ganando terreno también en Andalucía.

Y ello gracias a las subvenciones del Estado, es decir, al dinero de todos los ciudadanos. Solamente los colegios de Sevilla capital recibieron, durante 1979, 693 millones de pesetas, y no por ello se garantizó la gratuidad de la enseñanza, ya que los centros privados, tanto religiosos como seglares, están autorizados a cobrar cuatrocientas pesetas mensuales a cada alumno matriculado, aparte de lo que caiga por transportes, comedores y otras partidas, aunque estén subvencionados al ciento por ciento.

«Y todavía se quejan y presionan para que se les concedan más facilidades», declaró a EL PAIS un licenciado en paro que ha estudiado detenidamente el problema. Se sabe, en efecto, que se hacen gestiones constantes para ganarse a los delegados ministeriales y marginar a los funcionarios que hayan dado muestras de estatalismo y se presentan recursos contra la construcción de institutos en algunas zonas. Hasta se ha sorprendido a una alta personalidad eclesiástica ordenan do a un delegado: «Lo haces como ayuda al laboratorio o como te dé la gana, pero ese dinero tienes que mandárselo a mis monjitas.»

Mala situación en formación profesional

La formación profesional, que debía ser la salida natural para los jóvenes que no van a la Universidad, tampoco está en una situación muy boyante en Andalucía. Faltan centros suficientes, la mayoría de los que hay son de propiedad privada, sobre todo de órdenes religiosas, y se dan especialidades (peluquería, secretariado, hostelería, banca) que puede montar cualquiera. Explotando a alumnos, a los que se hace trabajar, y recibiendo subvenciones. En las universidades laborales falta lo principal: la conexión de sus enseñanzas con la realidad andaluza. No obstante, su nivel tecnológico es alto, lo que hace aún más increíble su actual falta de productividad social.Frente a tantos problemas no se puede hacer mucho con movimientos esporádicos de maestros, débiles sindicatos de clase e inconsciencia de una sociedad que, a lo sumo, llega a comprender la necesidad de plazas escolares y nada más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de septiembre de 1979