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Pleno apoyo español al nuevo régimen de Guinea, que anuncia la liberación de todos los presos políticos

El teniente coronel Teodoro Obian Nguema, nuevo jefe de Estado de Guinea Ecuatorial, parece controlar la situación de la ex colonia española después del golpe de Estado incruento que dio la madrugada del sábado contra el presidente Francisco Macías, aunque este último -según fuentes diplomáticas españolas- resistiría, al parecer, en el bunker donde vive, en su aldea natal, rodeado de su guardia pretoriana. La primera medida del nuevo dirigente guineano, educado en la Academia Militar de Zaragoza, ha sido poner en libertad a todos los presos políticos (se estiman en 5.000 y otras 28.000 personas sufren condena a trabajos forzados), anunció ayer la emisora estatal de radio.

Mientras tanto, España ha acudido inmediatamente en apoyo del nuevo régimen guineano en una rapidísima operación diplomática iniciada con el envío -horas después de los rumores sobre el golpe- de una misión diplomática a la zona, presidida por el director general para Asuntos de Africa, Pedro López Aguirrebengoa, que ayer se entrevistó en Malabo con Teodoro Nguema.Al mismo tiempo, el ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, de viaje en Brasil con el presidente Suárez se ha felicitado del sentido del cambio en Guinea y ha añadido que el Gobierno español se muestra satisfecho de las promesas de las nuevas autoridades de la ex colonia, que respetarán los derechos humanos. «España se encuentra en la mejor disposición para prestar toda la ayuda que Guinea precise», añadió.

Con nuestras relaciones rotas en la práctica con Guinea y el diplomático que defendía nuestros intereses en aquel país ausente por vacaciones, el Gobierno de Madrid ha logrado ser el primero en expresar de forma oficial a las nuevas autoridades el deseo de entablar relaciones con Guinea.

«El Gobierno español», añadió Oreja, «ofrece desde ahora una amplia ayuda, que tanto necesita el pueblo guineano. Se proyecta ya una cooperación que España quiere volcar al pueblo guineano. Se reanudarán así unas relaciones diplomáticas rotas por los continuos ataques a España y por la falta de respeto de los derechos humanos. »

«Con pleno respeto a las autoridades e instituciones guineanas, sin injerencias», puntualizó el ministro español, «España quiere colocarse al lado del pueblo guineano. Los primeros gestos del nuevo Gobierno son esperanzadores.»

"El terror ha concluido"

En una retransmisión desde la capital del país, Malabo (antigua Santa Isabel), captada en Libreville (Gabón), la emisora dijo que desde que consiguieran la independencia de España, en 1968, el país se ha visto diezmado por el Gobierno de «terror» del presidente Francisco Macías Nguema.

«Los pueblos están abandonados, el dolor ha echado raíces, las detenciones arbitrarias se han convertido en procedimiento normal, los asesinos se han venido cobrando cincuenta o sesenta personas al día, aduciendo conspiraciones imaginarias», dijo la emisora de radio.

Con respecto al derrocamiento de Macías, ocurrido el pasado viernes, la emisora añadió:

«Ciudadanos de Guinea Ecuatorial: Acabamos de pasar una sombría página de la historia ... » Pero el locutor no dio detalle alguno sobre el destino de Macías.

Las noticias que se han podido conseguir en torno a lo sucedido en Guinea Ecuatorial dicen que Macías, de 57 años, presidente vitalicio de la antigua colonia española, fue detenido, el pasado viernes por la noche, en su lugar natal de Momgomo, siendo reemplazado por una junta militar, que ha adoptado el nombre de Consejo Militar Revolucionario.

Manifestaciones populares de júbilo han recibido en Guinea Ecuatorial el derrocamiento del presidente Francisco Macía

Nguema, ocurrido el viernes por la noche mediante un golpe de Estado militar.

La radio de la capital, Malabo, dijo que «todas las guarniciones del Ejército se han puesto a disposición del Consejo Supremo Militar», instaurado tras el golpe de Estado, y que «en todo el país se producen manifestaciones espontáneas y pacíficas de júbilo ».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de agosto de 1979

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