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Crítica:

La hermosa leyenda de Tristán e Iseo

Tristán e Iseo.«Señores, ¿os agradaría oír un hermoso cuento de amor y de muerte?» Así comienza el relato de una de las más bellas leyendas que nos ha legado la Edad Media. Aquel portentoso siglo XII, de goliardos, trovadores y cruzadas, aquel siglo de carroña y lujos, donde la magia tenía vida junto a la realidad más sórdida, vio surgir -literariamente- la historia de Tristán y de la reina Iseo, la de los cabellos de oro, jóvenes ambos y ambos muy bellos. Denis de Rougemont ha creído que en el avatar de estos amantes está el inicio del amor-pasión, y el inicio básico del concepto del amor en Occidente.La historia es trágica. Tristán (cuyo nombre tiene que ver, evidentemente, con tristeza) es hijo de la reina Blancaflor -hermana del rey Marcos de Cornualla- y de Rivalin, rey de Leonís. Pero su padre ha muerto en batalla, y su madre muere al nacer él. Ese sino le marca. Odiado al principio por Iseo -hija del rey de Irlanda-, a cuyo hermano Tristán dio muerte, un bebedizo de amor les hace enamorarse ardientemente, cuando la rubia Iseo es llevada como esposa al rey Marcos, tras la lucha victoriosa del héroe con un dragón. Tristán e Iseo será así la historia de un adulterio y también de una caballeresca fidelidad. Pues aunque tras muchas peripecias -el inenarrable encanto de la leyenda- Marcos perdone a los amantes éstos deciden separarse fielmente, para que su amor imposible no traiga desdicha a otros (y porque la situación adúltera, cabe agregar, no era viable sino en secreto). Pero cuando Tristán va a morir en Bretaña -melancólico siempre de Iseo, a la que ha ido a ver, oculto, a Titangel- la manda llamar. Por una treta, él ha muerto cuando ella llega, pero condenados por el filtro a amarse siempre, Iseo morirá sobre el cadáver del hermoso joven, y sobre sus tumbas crecerán viñas que se enlazarán luego.

Preliminar y traducción de Alicia Ylera

Cupsa Editorial, Madrid, 1978.

¿Loco amor? ¿Amor-pasión? ¿Romance caballeresco?

Tristán e Iseo, cuyas primeras versiones incompletas -del siglo XII, según he dicho- se deben al francés Béroul y al inglés Thomas (también Chrétien de Troyes escribió una obra sobre el tema, hoy perdido), es en realidad una enigmática y sorprendente mezcla de mundos. Está el mundo cortés de Provenza -aunque ese loco amor no sea exactamente cour tois-; está el eco mítico de la materia de Bretaña, con sus paladines y sus magias; está la vieja leyenda gaélica o céltica, con bosques húmedos y sortilegios, y están también -quizá- los cuentos orientales, tan activos en su difusión medieval. Todo ello, sutil y hábilmente combinado en una historia que toca todos los encantos de lo erótico, la leyenda y el misterio. Tristán e Iseo es, sin duda, un símbolo de amor, y tiene mucho que ver -más allá del bello relato- con nuestro concepto de esa enfermedad.

La profesora Alicia Yllera es la exacta traductora de la obra, y la autora, asimismo, del admirable prólogo que acompaña a la edición. Antonio Prieto, encomiable en sus empeños literarios, y que tantos aciertos ha tenido como director de esta colección, Grandes Narradores, se apunta, de nuevo, con este Tristán e Iseo, un éxito de buen saber y gusto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de octubre de 1978