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Esta mañana expira el ultimátum de los secuestradores de Scheleyer al Gobierno alemán

«Ustedes son nuestra única esperanza y la última garantía de nuestra supervivencia.» Con estas palabras finalizaba el mensaje enviado al canciller Helmut Schmidt por Juergen Schuman, comandante del avión de Lufthansa secuestrado con 91 personas a bordo, que permanece estacionado sobre el aeropuerto árabe de Dubai al filo de cumplirse el plazo dado por los secuestradores para hacer estallar el aparato si no se satisfacen sus exigencias.

Mientras el Gobierno somalí, a través de un diplomático acreditado en Nairobi , ha manifestado su deseo de acoger a los prisioneros cuyo rescate demandan los secuestradores, éstos rechazaban cualquier posibilidad de liberar a rehenes enfermos o a los siete niños que viajaban en el avión desviado.Paralelamente, las cancillerías de Alemania Federal, Turquía y el emirato pérsico de Dubai intensifican sus gestiones en una desenfrenada carrera para ganar tiempo y evitar un baño de sangre en el avión, que saltaría en pedazos si a las nueve de la mañana de hoy, hora española, los integrantes de la banda Baader Meinhoff detenidos en Alemania Federal -once en total- y dos palestinos retenidos por el Gobierno turco no son puestos en lugar seguro y fuera del alcance de la policía.

Se desconoce si a última hora los destinatarios de las exigencias de los secuestradores van a ceder a sus demandas o bien intentarían, por procedimientos expeditivos, reducir a los secuestradores en el interior del avión, con el menor costo posible en vidas humanas. En este sentido se interpreta la presencia en Ankara de un destacamento policial alemán, perfectamene pertrechado. A la hora de transmitir esta información, primeras horas de la noche, decisión del Gobierno federal alemán en torno a los secuestros, aunque los indicios orientaban hacia una aceptación de las condiciones de quienes retenían el avión de Lutfhansa y al presidente de la patronal alemana Schleyer.

Representantes del Gobierno entregaron a mediodía los quince millones de dólares pedidos por los secuestradores del avión. En principio esta cantidad tendría que haberse depositado en el hotel Intercontinental de Francfort, pero la presencia de policía y prensa, alertadas éstas por una noticia de la radio, alarmó a los encargados de recoger la suma.

Posteriormente, se observó en el garaje del hotel Sheraton cómo tres hombres cargaban a toda prisa en un Mercedes rojo tres cajas muy pesadas. Acto seguido desaparecieron velozmente.

Otro factor que parecía indicativo era que Andreas Baader, uno de los activistas más conocidos y cuya liberación se exige, a mediodía de ayer, en su celda, prorrumpió en gritos de «nos vamos, nos vamos», lo cual se supuso indicaría que efectivamente se realizaban preparativos en las prisiones afectadas por la operación de la Fracción del Ejército Rojo. En el exterior de las penitenciarías no se observó nada anormal.

El hijo del secuestrado Schleyer presentó ante el Tribunal de Garantías Constitucionales una de manda en la que reclamaba la intervención de este tribunal ante el Gobierno, para lograr la libertad de su padre. En esta gestión no se incluiría -al parecer- ninguna mediación en favor de los retenidos en el avión. El tribunal ha estudiado la posibilidad, pero ha dado muestras de no aceptar el encargo, ya que no parece clara la vinculación entre las funciones propias del organismo y la que ahora se le pedía.

A primera hora de la tarde, el Gobierno alemán remitió al abogado Payot una nueva comunicación calificada de trascendental. Esta nota tendría carácter de definitiva.

El Gobierno turco dejó traslucir que no decidirá en solitario, ya que los dos acusados estaban aún pendientes de proceso. En cualquier caso, se dio por seguro que Turquía no ofrecería resistencia si el Gobierno de Bonn se inclinaba por conceder la libertad de los once militantes de la Fracción del Ejército Rojo y la entrega a cada uno de 100.000 marcos.

Según noticias llegadas de Kuwait a Alemania, hasta el último momento los cuatro secuestradores del avión, dos hombres y dos mujeres, denegaron la liberación anticipada de los tres enfermos que se encontraban a bordo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de octubre de 1977

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