Los muxes, hombres que asumen roles femeninos tradicionales en México, llegan a España en forma de teatro
Lukas Avendaño presenta en el Festival de Otoño de Madrid una obra centrada en estas figuras de la tradición precolombina


Lukas Avendaño es un muxe, una figura que viene de la tradición precolombina, en la que hombres indígenas asumen las funciones femeninas tradicionales, también en el ámbito de las afectividades y emociones. Por primera vez en España, Avendaño, nacido hace 47 años en un pueblito del sur de México, presenta en el Festival de Otoño de Madrid su espectáculo Réquiem para un alcaraván, en el que, vestido de novia, reproduce el ritual de una boda y su celebración. El montaje, que fue estrenado en 2011 en México y ha sido representado en varias ciudades europeas, estará en el centro Conde Duque este sábado y el domingo.
Se presenta a la entrevista ataviado de fiesta, con un bellísimo traje de mujer, pendientes largos, pulseras, dos trenzas recogidas en lazos de color verde y unas uñas largas pintadas de claro. Nacido hace 47 años en la pequeña localidad Finca Santa Teresa de Jesús, en el Estado de Guajaca, al sur de México ―“a 30 minutos del Pacífico y a diez horas en autobús de la capital de México”, puntualiza―, Avendaño reflexiona mucho cuando se le pregunta qué es un muxe. “Es alguien que nace con los órganos reproductores masculinos pero que se distancia de los roles de la masculinidad para abrazar los femeninos, que, además, son mucho más diversos. No hay solo un muxe, hay muxes, y dependiendo de tu edad vas cumpliendo funciones diferentes. En la infancia, la colectividad te reconoce como muxe cuando advierte en ti ciertos gestos y prácticas que no son de un hombre. Luego llega una edad en la que uno decide intervenir en su propia estética, una decisión deliberada de cada uno, y más tarde llega una edad, en la que yo me encuentro ahora, donde cumples funciones específicas de servicio social a la comunidad con todos los roles de afectividad y emocional cercanos a la feminidad. Yo diría que un muxe es una existencia muy vinculada a la religiosidad. Hay muxes cocineros, tejedores, bordadores, trabajos siempre para la colectividad. Yo, por ejemplo, soy el encargado de gestionar el agua potable en mi comunidad”, responde. Una comunidad de indígenas que califica de “muy heterodoxa”, en la que viven unas 250 familias y donde hay cinco muxes. “Si un hombre, una mujer o un muxe están colaborando en su comunidad, son todos bien aceptados. Los muxes han contribuido históricamente en la educación de la sociedad y son una demostración de libertad, de que cada persona vive y ama como desea”, señala.

Aunque tiene cinco hermanos, Avendaño es el que cuida y vive cerca de su madre, de 70 años. Es el único muxe de su familia, pero lleva a rajatabla los valores de este género, centrados en los servicios y cuidados, y en la defensa de las tradiciones, tanto religiosas como laicas, con un profundo sentido de pertenencia a la tierra. Coreógrafo, Avendaño también enseña danza, asignatura que imparte una vez a la semana en la escuela de primaria del pueblo y en la que ha volcado toda su indagación artística en torno a la cultura indígena, a la identidad y el legado de las tradiciones musicales y rituales. Según un conocido investigador teatral mexicano, Antonio Prieto Stambaugh, Avendaño es el único performer mexicano que aborda su trabajo con “explosiva confluencia de género, sexualidad y etnicidad”.
De una amabilidad extrema y generosa, Avendaño es un militante que se muestra en contra de la propiedad privada de la tierra y de la acumulación. Ante el debate en México y en España en torno a las injusticias cometidas en la Conquista, Avendaño pone el acento en la política de su país: “Yo lo que le pido al Gobierno mexicano es que nuestros desaparecidos aparezcan, que deje de ofertar el territorio comunal al gran capital, que cese las concesiones mineras a cielo abierto a empresas extranjeras”.
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