Sorolla y Estados Unidos, un largo y duradero idilio

El Meadows Museum, una de las colecciones más importantes de arte español en el país, se une a la conmemoración del centenario de la muerte del pintor con una exposición de sus obras procedentes de colecciones privadas estadounidenses

Sorolla Estados Unidos
Una visitante observa 'El bote blanco' (1905), de Joaquín Sorolla, en 'Luz de España. Sorolla en las colecciones americanas', en el Meadows Museum.Paloma Hiranda

Confluyen estos días en Dallas dos historias de amor. Bueno, seguramente alguna más, pero se pueden destacar la de Algur H. Meadows con el arte y los maestros españoles, y la de Joaquín Sorolla y su idilio con Estados Unidos. Esta última relación ―que comenzó en 1908 cuando el millonario Archer Huntington conoció la obra del valenciano en la Grafton Gallery de Londres― celebra ahora, 115 años después, otro de sus hitos: la exposición Luz de España. Sorolla en las colecciones americanas en el Meadows Museum. “Hoy he decidido algo que creo de gran trascendencia para nuestro porvenir artístico en Nueva York, con ventajas admirables, ni lo de París se puede comparar. Creo que he encontrado a Dios hombre”, escribía el artista sobre Huntington a su esposa desde Londres el 15 de mayo de 1908.

A la ciudad texana han llegado muestras de los amores del pintor: su familia, su luz, su mar, su jardín, su país: de Granada al valle de Ansó (Huesca), pasando por La Pedriza madrileña y Toledo, entre otros lugares y pinceladas. Todo procedente de sus clientes estadounidenses, los de ahora y los que le compraron en vida. Una veintena de coleccionistas han prestado sus sorollas, se exhiben 27 de las aproximadamente 60 obras del artista que se conservan en colecciones privadas estadounidenses. Es uno de los pintores españoles mejor representados en el país, tanto en poder de particulares como de instituciones. Una oportunidad para disfrutar de piezas que de otra manera sería casi imposible ver.

Abre la muestra, que se inauguró el domingo, 17 de septiembre, y permanecerá hasta el 7 de enero de 2024, uno de esos lienzos nunca antes expuestos: un desnudo femenino de espaldas datado en 1886, época temprana del autor. En esa primera sala hay otro desnudo, también de espaldas, otra muestra de amor de Sorolla: hacia toda la tradición pictórica española, aquí encarnada en Velázquez, ya que el óleo está inspirado en su Venus del espejo; y hacia su esposa, Clotilde García del Castillo, retratada observando su anillo de casada. Su gran amor, como se puede comprobar en la correspondencia que intercambiaban; “su ministro de finanzas”, como también la llamaba, lo que muestra el papel fundamental que ocupó tanto en su vida personal como profesional.

'Elenita vestida de menina' (1903), de Joaquín Sorolla.
'Elenita vestida de menina' (1903), de Joaquín Sorolla.

Que este cuadro cuelgue de las paredes de la exposición es, además, una muestra de cariño de la familia Sorolla, propietaria de la pintura, hacia el Meadows y, en particular, a Mark Roglán, director del centro durante 15 años hasta su muerte en 2021, cuya figura sigue presente para quienes tienen relación con esta institución. Sorolla en las colecciones americanas está dedicada a él, ya que fue quien comenzó el proyecto con Blanca Pons-Sorolla, comisaria de la muestra, bisnieta del pintor y gran experta en su legado. Este lienzo llegó prestado a Dallas en 2019 para una pequeña exposición titulada Sorolla en el estudio. Después llegó la pandemia, la enfermedad de Roglán… y como ya estaba en puertas la muestra actual permaneció en el Meadows para exponerse como excepción, ya que es de una colección particular, pero no estadounidense.

El amor de Sorolla por su familia y Velázquez se vuelve a plasmar en Elenita vestida de menina (1902), la hija menor del pintor. Otra de las pinturas no expuestas antes, que perteneció a los descendientes de la retratada hasta 2020, cuando fue adquirida por un coleccionista estadounidense, que posee otras obras del artista. Los homenajes al maestro sevillano son constantes en las obras del maestro valenciano y el vestir a los niños a la velazqueña, también. Lo hizo con su otra hija, con hijos de amigos, con su nieto Quiquet

Sorolla no era, ni es, el único admirador de Velázquez. En el museo Meadows, institución que ha invitado a este periódico, hay tres obras del pintor de corte de Felipe IV: un retrato del rey joven; otro de su segunda esposa, Mariana de Austria, y una sibila, de la colección de Algur H. Meadows. No podía ser de otra forma para este enamorado del Museo del Prado, que visitó en repetidas ocasiones durante sus estancias en España. ¿Quién es este coleccionista que atesora esculturas del taller de Gil de Siloé, velázquez, murillos, goyas, fortunys, mirós, tàpies… en una ciudad como Dallas, donde hay un museo con su nombre ―también lo lleva la Facultad de Artes de la Southern Methodist University (SMU)―, que es el único lugar estadounidense, junto con la Hispanic Society de Nueva York donde se celebra el Año Sorolla, que conmemora el centenario de la muerte del pintor?

Algur H. Meadows (1899-1978) fue un magnate de la industria petrolífera y energética en EE UU. Estuvo al mando de la General American Oil Company, quiso hacer negocios en España, donde llegó en busca de crudo y gas y se encontró con el Museo del Prado. Durante sus estancias en Madrid, el empresario y su esposa Virginia se hospedaban en el hotel Ritz, a un paso de la pinacoteca, de la que se quedaron prendados. No encontraron energía, pero gastaron las suyas, y su dinero, en conformar su Prado texano (meadows significa pradera). No faltan grandes maestros, tampoco una completa representación de los motivos iconográficos del arte español. En EE UU, el comprador de ese momento, mitad del siglo XX, y también el de principios del siglo pasado, que empezó a adquirir sorollas, la aristocracia económica, quería verse como la aristocracia del viejo continente con colecciones a la europea. Y así ha perdurado hasta hace unos 30 años, cuando los criterios y los intereses cambiaron y empezaron a mirar a otros lugares, sobre todo hacia Latinoamérica.

Al morir la primera esposa de Meadows, él donó las obras a la SMU y en 1965 se inauguró el museo con una de las colecciones de arte español más importantes de Estados Unidos, que sigue creciendo. Es un museo tradicional con una colección tradicional, una historia del arte cronológica y clásica, sin las lecturas del siglo XXI, se mantiene fiel a su creador. Actualmente cuenta con unas 1.300 piezas, de las que se exponen aproximadamente el 90%. A partir de 1965, Meadows cambió su política de adquisiciones. Hasta entonces lo había hecho en España, donde algunos marchantes le engañaron con falsificaciones, pero ese año comenzó a frecuentar el mercado del arte estadounidense y asesorado por William Jordan, primer director del museo, continuó su colección.

Entrada al Meadows Museum con 'Sho' (2007), escultura de Jaume Plensa.
Entrada al Meadows Museum con 'Sho' (2007), escultura de Jaume Plensa.Paloma Hiranda

Hoy los objetivos de la institución son sumar bodegones a sus fondos ―Amanda Dotseth, la actual directora, muestra especial interés por Van der Hamen (Madrid, 1596-1631)― y también aumentar los nombres femeninos, además de la miniaturista Francisca Meléndez, contemporánea a Goya, y de la vanguardista María Blanchard, que ya están en las salas. Y de los espacios de la colección permanente, a los de la exposición temporal: la que muestra la relación amor-odio de Sorolla con los retratos, totalmente entregado a los de su familia y amigos cercanos, en los que capta a la persona como es. Demuestra así que lo que plasma en sus lienzos es lo que ve, la realidad, en cualquiera de sus ámbitos.

Confiesa la comisaria que los de encargo no le gustaban tanto; pero explica que este género es uno de los que más fama y dinero aportan a los artistas. Es lo que ocurrió con Sorolla, que recibió muchísimas peticiones, muchas en Estados Unidos. Incluso, en 1909, retrató al presidente William Howard Taft, aunque esta obra no está en esta muestra porque no se conserva en una colección privada. El pintor se sentía a gusto en el país, que le aportó más que estabilidad económica, pujanza. Admiraba la determinación de EE UU y “el trato igualitario hacia las mujeres”, explica Pons-Sorolla en el catálogo. García del Castillo lo expresa así en una carta que envía a sus hijas el 20 de marzo de 1911: “Hemos ido a Sant Louis [Misuri] a ver cómo estaba colocada la exposición, y a comprarnos ese automóvil de no sé cuantísimas leguas por segundo. Y como yo soy tan lista, lo dirijo sin ningún peligro. Un abrazo de madre”.

Tres obras de Velázquez en el Meadows Museum. Desde la izquierda, Retrato de Felipe IV, Sibila y retrato de Mariana de Austria.
Tres obras de Velázquez en el Meadows Museum. Desde la izquierda, Retrato de Felipe IV, Sibila y retrato de Mariana de Austria.Paloma Hiranda

Otro jefe de Estado a quien retrató es a Alfonso XIII. El estudio para La Regencia (1903), en el que pinta a un joven rey, no ha aterrizado aún en Dallas. El retraso se debe a un fallo en el permiso de exportación, ya que la obra se conserva en la casa que la estadounidense Cristina Heeren, su propietaria, tiene en Biarritz (Francia). Llegará en pocas semanas y se podrá observar por fin, ya que es una de las piezas que se han visto pocas veces. Una de ellas, aunque sobre papel cuché, en el reportaje que, en noviembre de 2022, la revista ¡Hola! le dedicó a la dueña y a La Roseraie, la villa que posee en la localidad francesa. Otras pinturas de Heeren se pueden ver en la muestra: Sombra del puente de Alcántara; Juan Ángel, Zarauz; Playa de Valencia; El bote blanco. Esta es una de las colecciones de sorollas más importantes de EE UU, muchas son piezas adquiridas por los antepasados de la propietaria tras las exposiciones que realizó el pintor en el país en 1909 y en 1911. Contiene, como no podría ser de otra forma, uno de los temas característicos, las playas, lugares de recreo y de trabajo; con las velas, los niños, las familias, los bueyes, las barcas, las luces y sus sombras, el agua en movimiento y el sol que se refleja en ella. El bote blanco (1905) es un buen compendio de todo ello, una pintura en la que sumergirse, como en ese mar, para conocer al maestro que protagoniza la muestra.

Este mar en Dallas es un trocito de historia del coleccionismo que comparten tanto la exposición como el museo. Un rincón, el Meadows, con vocación de difusión del arte español, de darlo a conocer más y más. Como el afán por coleccionar sorollas, que a lo largo de la historia se ha incrementado tras cada exposición importante: las de 1909 y 1911 en EE UU, y más recientemente las de 2013 y 2014 Sorolla y Estados Unidos, matriz de la actual; y la de 2019 en la National Gallery de Londres. Quién sabe si esta también moverá el mercado. Dicen que el arte es caro, pero Dallas presume de ser una ciudad con gran concentración de multimillonarios.

Sorolla en colecciones americanas
Sombra del puente de Alcántara, Toledo (1906), obra de Sorolla perteneciente a la colección de Cristina Heeren.
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