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Muere a los 87 años Francisco Ibáñez, el creador de Mortadelo y Filemón

Durante más de 65 años de carrera profesional sus historietas le convirtieron en la figura más influyente del cómic español

Francisco Ibáñez, con el libro de Mortadelo y Filemón, 'El tesorero', en una imagen de 2015.Foto: JOAN SANCHEZ | Vídeo: EPV
Toni Polo Bettonica

Puede que haya esperado a que Mortadelo y Filemón superaran la edad de la jubilación (son ya 66 años, desde 1957, liándola parda) para dejarlos huérfanos, pero ya encaminados en la vida. Francisco Ibáñez, padre de los detectives de la T. I. A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) y también del botones Sacarino, Rompetechos o Pepe Gotera y Otilio, además de arquitecto de 13, rue del Percebe, falleció este sábado a los 87 años en Barcelona. “Nos deja el enorme legado de su lucidez, sentido del humor y más de 50.000 páginas con personajes memorables que han hecho felices a un gran número de lectores”, informó la editorial Penguin Random House.

Nacido el 15 de marzo de 1936 en Barcelona, aficionado a los tebeos desde muy pequeño, publicó su primer dibujo en la revista infantil Chicos. Desde entonces, no soltó el lápiz. Estudió Comercio y Peritaje Mercantil y trabajó en el Banco Español de Crédito durante ocho años (de 1950 a 1957), primero como botones, haciendo acopio de experiencia para crear a Sacarino. Pero su profesión siempre fue la de dibujante, historietista, cuentista... Y, por encima de todo, fue un dignificador de su profesión: solía recordar la incomprensión que despertaba aquello de hacer historietas: “Cuando me preguntaban a qué me dedicaba, les decía que a hacer historietas; y ellos: ‘Eso ya lo sabemos, pero... ¿en qué trabajas?’, me insistían”.

Muy digna tenía que ser esa profesión cuando entre sus fieles destacaba él mismo a Álex de la Iglesia, que confesó en su día: “Ibáñez es el hombre al que he admirado más en este planeta”; o al expresidente Felipe González, a quien los Reyes Magos le dejaron la colección completa de Mortadelo y Filemón, siendo ya mayorcito y presidiendo un Gobierno; o a la Reina Sofía, que más de una vez le pidió que le dedicase algunos dibujos.

Y como digno profesional, Ibáñez era meticuloso. Él se encargaba de todo, del dibujo y del guion, en busca del perfeccionismo: ni se planteaba repetir en una página una sola palabra, para lo que reconocía recurrir incansablemente al diccionario de sinónimos. También en ese estilo gramatical (o literario) se notaba la mano del autor. ¿Qué era más importante, entonces? Las dos cosas, por supuesto. “¡Si hay algo que me gustaría en este mundo es saber dibujar!”, decía, con falsa modestia. “Pero lo fundamental es la escritura. Hay dibujantes de viñetas que merecerían estar en el Museo del Prado, pero sin un buen guion no hay historieta”.

Bruguera, donde coincidió con colegas como Escobar, Peñarroya, Cifré, Vázquez, Raf…, explotó a la pareja de detectives con revistas como Mortadelo (1970), Súper Mortadelo (1972), Mortadelo Gigante (1974) o Mortadelo Especial (1975), e Ibáñez se vio obligado a trabajar únicamente en las historias del dúo para alcanzar las 40 páginas semanales que le exigían. En 1985, Ibáñez abandonó la editorial —que se quedó con los derechos de Mortadelo y Filemón— para pasar a trabajar con la Editorial Grijalbo. Bruguera anunció en 1988 su cierre y entró a formar parte de Ediciones B, que adquirió el fondo editorial de Bruguera, incluidos los derechos de Mortadelo y Filemón, cuyas historias Ibáñez pudo retomar con un estilo renovado que trataban la realidad del momento a lo largo de seis álbumes al año.

Francisco Ibañez, dibujante de cómics, con dos de sus personajes más populares: Mortadelo y Filemón
Francisco Ibañez, dibujante de cómics, con dos de sus personajes más populares: Mortadelo y FilemónAntonio Espejo

La cotizada pareja, que en un principio pudieron haberse llamado Mr. Cloro y Mr. Yesca, agencia detectivesca, u Oscarino y Pernales, agentes especiales, o Lentejo y Fideíno, detectives finos, ha pasado, por lo tanto, por momentos delicados y antipáticos, pero ha sido un éxito mundial, como atestiguan las versiones cinematográficas o los galardones recibidos: el Gran Premio Internacional del Cómic de Barcelona a su trayectoria (1994), la Medalla de Oro de Bellas Artes (2002) o el Premio Oso a la mejor labor de una vida en el Salón Internacional del Cómic de Madrid, Expocómic (2002).

Por los más de 100 millones de ejemplares de Mortadelo y Filemón que han caído por Portugal, Francia, Alemania, Grecia, Suecia, Dinamarca, Italia, Brasil... pululan, junto a los disparatados detectives, el Súper o doña Ofelia, personajes más o menos conocidos. Hemos visto en El tesorero a Luis Bárcenas, del Partido Papilar, sin ir más lejos, o al mismísimo presidente de los Estados Juntitos, Mr. Trompf. También la pareja de torpes investigadores se ha visto implicada en política en ¡Elecciones!, cuando su jefe creó el PEPERO (Pueblo al Poder Rompiendo Osamentas) y el profesor Bacterio, el CULO (Científicos Unidos Liberando el Orbe), o en acontecimientos deportivos, o luchando contra la crisis climática o la precariedad laboral (en Sueldecitos más bien bajitos). Pero Ibáñez nunca pretendió hacer crítica social. No podría, cuando reconocía que lo que le hacía gracia a él eran las declaraciones de los políticos: “Abrir las primeras páginas del periódico y leer lo que dicen los políticos es lo que más me hace reír”, declaraba, entre risas, cuando presentó el álbum del 60 aniversario de Mortadelo y Filemón, en 2018. “Pero da igual derecha que izquierda, yo he hecho reír igual a todos. Y también les he metido en las historietas, pero con cuidado, ¿eh?, sin intención de molestar”, dijo en una ocasión.

Ya entonces anunciaba que, como ha sido, a sus personajes les quedaba cuerda para rato: “Me parecería estupendo que Mortadelo y Filemón me sobrevivieran en esos dibujos, ¡pero que sea dentro de mucho tiempo!” Y nos rendía al optimismo: “¡Ya estoy pensando gags para el centenario, que tendrá que ser lo mejor!”

Por aquellos años (no hace tanto), cuando le preguntaron si sus personajes, ya sexagenarios, estaban achacosos, Ibáñez reconoció que si eran un reflejo del autor, pues sí andarían algo achacosos: “Me empezó a decir el médico que si era una escoliosis que había traído una artrosis…, y yo le dije: ‘Oiga, mire, ni escoliosis ni leches, esto es mortadelosis. Son 60 años sentado delante de una mesa, torcido y dibujando. Y esto trae estas cosas, pero, bueno, ya pasarán”. No sabemos si el profesor Bacterio pudo aportar algún remedio a las cosas de la edad.

Página de la una de las últimas historietas de Ibáñez.
Página de la una de las últimas historietas de Ibáñez.

”Una putada”

Las reacciones a la muerte de Ibáñez no se hicieron esperar este sábado. En plena campaña electoral, los políticos lamentaron la pérdida: desde el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hasta el de la Generalitat, Pere Aragonès, mostraron sus condolencias, al igual que Alberto Núñez Feijóo, Yolanda Díaz, Salvador Illa, Miquel Iceta, Pablo Echenique... Los compañeros de profesión fueron los que lo recordaron con mayor admiración y respeto. Meritxell Puig, directora de Cómic Barcelona, principal cita del sector en España, calificó este sábado a Ibáñez como “uno de los autores de cómic más importantes en lengua castellana de todos los tiempos”. Puig, desde la Japan Expo de París, recordó que es el autor español con más obra publicada tanto en el mercado nacional como en el internacional.

El dibujante Albert Monteys explicó a Efe que Ibáñez fue un creador “muy generoso e incombustible”, capaz de seguir trabajando “hasta el final, a sus 87 años”. Monteys, que fue director de El Jueves, remarcó que para la mayoría de los lectores y dibujantes de cómics y tebeos en España, Ibáñez “es el primer autor reconocible”. “Yo, como la mayoría, me he leído y releído Valor y al toro o El sulfato atómico. Se podía disfrutar de ellos cada vez que los abrías de nuevo. Hay chistes en cada rincón de cada viñeta”, rememoró. “Para quienes nos dedicamos a esto y sabemos el esfuerzo que requiere cada página, ver a Ibáñez seguir trabajando hasta los 87 años nos deja con la boca abierta. Ha sido incombustible, ha muerto haciendo tebeos”, alabó Monteys.

José Luis Martín, uno de los cofundadores de El Jueves, lo definió como “el padre creativo de muchos de los dibujantes” que han pasado por aquella revista satírica. “Dibujantes de varias generaciones quisieron dedicarse a esto porque crecieron, porque crecimos, leyendo sus historietas”, apuntó, en declaraciones a EFE, el creador de Quico el progre. “Era un estajanovista de las viñetas, un creador deslumbrante, de personajes, de páginas, de historias... un monstruo que seguía en activo con más de ochenta años”.

Su amigo el historietista Carlos Azagra lamentó la pérdida en Twitter con ironía: “Ya es putada que te hayas ido justo cuando te estábamos preparando un homenaje en la biblioteca García Márquez del barrio, junto a Javier Pérez Andújar, nos has dejado un poco más huérfanos. ¡Ahora sí que vas a descansar de verdad! Que la tierra te sea leve”, publicó.

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Toni Polo Bettonica
Es periodista de Cultura en la redacción de Cataluña y ha formado parte del equipo de Elpais.cat. Antes de llegar a EL PAÍS, trabajó en la sección de Cultura de Público en Barcelona, entre otros medios. Es fundador de la web de contenido teatral Recomana.cat. Es licenciado en Historia Contemporánea y Máster de Periodismo El País.

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