La mediocre posición de la literatura en español en Europa

Traductores de múltiples países reclaman un canon de la creación española y ayudas que permitan mayor expansión

Desde la izquierda, Sara Mesa, Fernando Aramburu, Mariana Enríquez y Javier Marías.
Desde la izquierda, Sara Mesa, Fernando Aramburu, Mariana Enríquez y Javier Marías.

Pasados los años del boom, la literatura en lengua española ha bajado posiciones en Europa y se ha visto superada en algunos países por la italiana, que ha ido en aumento. Un encuentro de traductores llegados de varios países del continente lo puso en evidencia la semana pasada en el Foro Formentor, donde la ausencia de un canon actualizado de la literatura española resonó con frustración entre los amantes de la lengua de Cervantes. Lo que se pierde Europa y lo que se pierden los autores en español es inconmensurable.

A un lado, el español, la tercera lengua del mundo en número de hablantes, utilizada por 500 millones de personas en más de 20 países y que sin embargo solo representa el 3% de lo que se traduce en Francia, el 2% en un lugar como Finlandia y mucho menor en el mercado anglosajón. Al otro, el italiano, lengua que hablan 60 millones prácticamente en un solo país, y que supera en traducciones al español en Francia. El desequilibrio duele a Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, que lo contrasta con la posición del castellano como segunda lengua en 18 países de la UE y el Reino Unido. “Creo que la humildad de los presupuestos de cultura comparada con otros países es una lacra heredada”, asegura.

El alemán Christian Hansen (traductor de autores como Roberto Bolaño o Selva Almada) dice alto y claro que en Alemania “falta una visión de la historia de la literatura española, nos falta un canon, yo no lo veo. Lo que se traduce no tiene una geografía, un hilo conductor, a diferencia de la literatura francesa, que sí lo tiene”. “Tenemos nombres de autores sueltos, pero nos falta una visión entera de lo que ha sido la literatura española de los dos últimos siglos”. Y alega que falta un proyecto de puertas abiertas en Europa entre las culturas. La editora Margit Knapp relata que en los últimos 25 años se han descubierto a más autores italianos y franceses que españoles.

El ideal de una traducción es aportar a tu país un libro que ningún autor alemán podría escribir nunca, asegura Hansen. “Para eso necesitamos traducciones: para tener una literatura universal que contamine tu país y tu lengua con lo que ha crecido en otros lugares del mundo”. Susanne Lange, traductora del Quijote y de autores como Fernando del Paso, cree que España se benefició muy pronto (hace siglos) de estar en la cumbre de la expresión literaria, allá por los siglos XV o XVI, cuando Alemania aún no tenía una lengua unificada. Después, alega, se produjo una decadencia, una falta de impulsos desde España. En el XIX, en pleno romanticismo alemán, resurgió el interés por las tradiciones populares y la poesía, que decayó hasta la generación del 27. “De Lorca interesaba el vínculo con la poesía popular pasado por el prisma de la modernidad”, contaba Lange en la breve historia de la traducción de lo español al alemán que expuso en el Foro Formentor. El Quijote, lamenta, no está en el currículum escolar. Varios editores reconocieron que ha habido numerosos libros italianos y franceses traducidos frente a una cifra muy menor de españoles. Vázquez Montalbán despertó interés en los noventa y eso atrajo a los libreros hacia Barcelona. Javier Marías también fue bien acogido, como Fernando Aramburu y ahora Irene Vallejo.

Sabine Erbrich, editora de ficción internacional de Suhrkamp Verlag, celebra que en los dos últimos años la literatura de España está viviendo un cierto impulso gracias a que es el país invitado en la Feria de Fráncfort, que se celebrará en octubre: dos tercios de los 70 libros en español que se están publicando en los dos últimos años son de España, una proporción muy diferente a la de años anteriores con respecto a los latinoamericanos. Con una interesante mirada en las mujeres: Lucía Lijtmaer, Elena Medel o Sara Mesa se unen a las argentinas Mariana Enríquez o Samanta Schweblin en ese intento de resolver el vacío clamoroso que existía. Cultura señala que la cifra alcanzará 135 en 2022, que es el número de títulos para los que se han concedido ayudas a la traducción.

El fenómeno Bolaño, que tuvo un éxito enorme en EEUU, no encontró muchos lectores en Alemania. “Veremos qué pasa ahora con Fráncfort. Ciertamente falta un canon y un desarrollo”, subraya Knapp.

Visitantes, en octubre de 2021, en el Hall 3.0 de la Feria del Libro de Fráncfort.
Visitantes, en octubre de 2021, en el Hall 3.0 de la Feria del Libro de Fráncfort. picture alliance (dpa/picture alliance via Getty I)

Gustavo Guerrero, editor de la gran editorial francesa por antonomasia, Gallimard, ofrece cifras preocupantes para el español sobre el mercado en Francia: el 18% de la producción francesa son libros traducidos, pero solo cinco lenguas concentran el 89%. Y se distribuyen así: inglés (59,6%); japonés (un sorprendente 18,5% que se explica por el triunfo del manga); italiano (4,3%); alemán (4%) y español (3%). En España, por el contrario, el 10% de lo traducido es francés, un desequilibrio y una asimetría que, en sus palabras, nos indica “que se necesita mejorar”.

“El español no ha sabido aprovechar el crecimiento del volumen de la producción francesa”, asegura Guerrero. En los ochenta y noventa logró ser la tercera lengua traducida tras el inglés y alemán, pero hoy es la quinta. Los italianos Elena Ferrante y Roberto Saviano son culpables, pero no solo, porque ―cuenta Guerrero― “hay una admiración y emulación de Francia e Italia que la ha llevado a ese cuarto lugar. Italia será la invitada este año en el Salón de París”.

En los noventa, Francia se enamoró de Vázquez Montalbán. También recibió muy bien a Giménez Bartlett, a Javier Cercas, Jorge Carrión, Albert Sánchez Piñol, además del cubano Leonardo Padura o el ensayo El hambre, de Martín Caparrós.

El pinchazo en Francia provocó precisamente que el Instituto Cervantes acelerara un plan en el que está trabajando contra reloj para conocer el mapa de las traducciones del español. Dentro de la dificultad de homogeneizar los datos de todos los países, Raquel Caleya, directora de Cultura, describe cómo intentan paliar el “desierto de datos” que encontraron y establecer un marco visual y documental de la situación desde 1950. El próximo mapa, que previsiblemente se hará público en Fráncfort y al que ha tenido acceso EL PAÍS, muestra ya datos claros de la ausencia de contemporáneos españoles. Estos son, y por este orden, los autores más traducidos en el mundo en lengua española, según un primer recuento aún provisional: Cervantes, Isabel Allende, Borges, García Lorca, Carlos Fuentes, Cortázar, Escrivá de Balaguer, García Márquez, Calderón de la Barca, Bolaño, San Juan de la Cruz, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Ernesto Cardenal, Bartolomé de las Casas, Reinaldo Arenas y Javier Cercas. El mapa varía ligeramente en cada idioma, pero casi todos los nombres se repiten.

No mejora la situación en Holanda, donde la crítica se ocupa muy poco del español, en palabras de la traductora Brigitte Coopmans. Ha llegado Eduardo Mendoza, se empieza a abrir paso Sara Mesa y es más abundante lo que viene de Colombia, Argentina o México, como Emiliano Monge. Chirbes llegó y no vendió, cuenta Eugenie Schoolderman, también traductora.

Enrique Redel, editor de Impedimenta, recoge que Holanda publica solo 58 libros en español, cifra similar a los ochenta y muy por detrás del alemán y el francés. En Países Bajos, país de 17 millones de habitantes, se publican 40.000 títulos al año. Lorca, Vargas Llosa y Mendoza son los que acumulan más títulos traducidos, pero la inmensa mayoría son latinoamericanos. “No hay suficiente respaldo a la traducción de libros. Otros países lo hacen mucho mejor”. “Por lo que nos comentan algunos editores extranjeros”, prosigue Redel, “lo que tiene que ver con la administración española es un proceso complicado y proceloso, más que con otros países donde los trámites son más sencillos”.

De la quinta posición que ocupa la literatura en español en Francia salta a la cuarta en Italia tras el inglés, el francés y el alemán. De los 210 títulos que se publicaban en 1997 se ha saltado a 512 en 2021, cuenta Ilide Carmignani, traductora de Cernuda. En Italia han triunfado Almudena Grandes, Lucía Etxebarria, Javier Cercas y, más recientemente, Patria de Aramburu, Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Manuel Vilas e Ignacio Martínez de Pisón, también han encontrado lectores en Italia. Además de los policíacos Vázquez Montalbán, Alicia Giménez Bartlett, Juan Madrid y Lorenzo Silva. ¿Las novedades? Sara Mesa, Lina Meruane, Samanta Schweblin o Andrea Abreu y su Panza de burro. Carmignani subraya que autores como Cortázar, por ejemplo, han podido verse de nuevo traducidos gracias a fondos argentinos.

Frente a estos países más cercanos, lo español apenas alcanza el 2% de las traducciones en lugares como Finlandia, por ejemplo, donde más allá de Pérez-Reverte y Aramburu han llegado con desigual éxito Dolores Redondo, Chirbes, Piglia y Javier Marías, cuenta la traductora Sari Selander, que empezó su carrera con Carlos Fuentes. También Finlandia se ha apuntado a la apuesta por nuevas voces de mujeres como Enriquez, Schweblin, Sara Mesa o Fernanda Melchor. Jyrki Lappi-Seppala, también traductor, reconoce que la mirada se volvió hacia América Latina durante el boom, que dejó a España al margen del interés y apenas se ha recuperado. Y eso a pesar de que, como cuenta el editor Aleksi Siltala, el español es una de las lenguas más populares para estudiar en Finlandia, donde series como Cuéntame como pasó han triunfado.

El panorama es aún peor en el mercado anglosajón. En EE UU, por ejemplo, solo el 3% son traducciones. Y solo 0,7% son en lengua española. Eso sí: a partir del triunfo allí de autores como el propio Bolaño y otros como Pilar Quintana o Héctor Abad Faciolince, estos han llegado después a otros mercados europeos. Los caminos de la traducción, quedó claro en el Foro Formentor, amplían y abren puertas. En palabras de García Montero: “Hace falta una apuesta por la la lengua y la cultura que, con Latinoamérica al fondo, es lo que nos da un papel en el mundo de hoy”.


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Berna González Harbour

Escribe en Cultura, es columnista en Opinión y analista de ‘Hoy por Hoy’, además de responsable de la newsletter EL PAÍS de la mañana. Ha sido enviada en zonas en conflicto, corresponsal en Moscú y subdirectora al frente de varias secciones. Premio Dashiell Hammett por 'El sueño de la razón', su último libro es ‘Goya en el país de los garrotazos’.

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