Paul Stanley, líder de Kiss: “Conseguir éxito es fácil, lo difícil es mantenerlo durante tanto tiempo”

La mítica banda actúa este fin de semana en Barcelona y Madrid dentro de su gira ‘End of the Road’, que les apartará definitivamente de la escena el año que viene coincidiendo con su 50 aniversario

Gene Simmons (izquierda) y Paul Stanley, durante un concierto de Kiss en Helsinki, el 20 de junio.
Gene Simmons (izquierda) y Paul Stanley, durante un concierto de Kiss en Helsinki, el 20 de junio.DPA vía Europa Press (Europa Press)

A sus 72 años, Gene Simmons todavía quiere llevar sus botas de dragón con dignidad. En cambio, Paul Stanley es más prudente a sus 70, habla más sobre la importancia de pasar tiempo con la familia. Es decir, para él ahora no todo se reduce a las horas que pasa sobre un escenario. Hay otras cosas aparte de Kiss, más inquietudes que las meramente musicales. Con argumentos como estos justifica la mítica banda estadounidense de rock su gira End of the Road, que les apartará definitivamente de la escena de aquí a un año, coincidiendo con su 50 aniversario. Tendrá parada el 2 de julio en el festival Rock Fest de Barcelona y el 3 de julio en el WiZink Center de Madrid.

Los dos líderes de la banda creen que es hora de soltar amarras y degustar cada segundo como protagonistas principales de la armada de Kiss. A diferencia de The Farewell Tour, la otra gira con la que anunciaron también su despedida en el año 2000, que les dejó un regusto amargo, a día de hoy lo hacen con la tranquilidad del deber cumplido, serenos por el legado que dejan y porque su comunidad sigue creciendo en cantidad de fieles a pesar de ese paso a un lado. A estas alturas, cada concierto lo afrontan como un regalo, como un extra merecido. Lo cuenta Stanley en un encuentro con EL PAÍS en la sala Festhalle de Fráncfort, una plaza en la que el fortín metalero es sólido y donde el grupo ofreció un concierto el 24 de junio.

En la maquinaria de Kiss no se deja nada al azar, todo está milimetrado. Cada pieza del engranaje tiene un sentido y su momento para brillar. Hasta llegar a la cita con Stanley hay que recorrer los pasillos de su nave nodriza, cruzarse con intermediarios, pasar por salas con carteles de Kiss y de ciudades donde han tocado. La conclusión es que el mundo ahí fuera es vacuo, aburrido e insustancial. Justo lo contrario a lo que se encuentra en el circo que monta Kiss: dentro hay fantasía, colorido, pirotecnia, humor y, como premisa principal, mantener viva la inocencia e ilusión del niño que todos llevamos dentro. “Conseguir éxito es fácil, lo difícil es mantenerlo durante tanto tiempo. Eso solo se consigue con ética de trabajo”, explica Stanley. Ellos lo han hecho durante casi medio siglo, con sus idas y venidas, muchos triunfos y, dicho sea de paso, algún que otro desengaño.

Para el encuentro con Stanley hay preparada una sala con dos taburetes altos de piel blanca y detrás un telón negro con llamas, el mismo que utilizan para las fotografías personalizadas con sus fans. Tras la espera protocolaria, el músico aparece todavía sin maquillaje y con buena estampa. No chocamos las manos, pero no hace falta, su saludo es franco y sincero. Por lo visto se siente cómodo en esta situación, aunque no siempre fue así. Quizás, el ver la meta tan cerca le relaja. Llaman la atención sus zapatillas plateadas y su piel cuidada, a pesar del bote acumulado.

Paul Stanley, de la banda Kiss, el 16 de febrero en California.
Paul Stanley, de la banda Kiss, el 16 de febrero en California.VALERIE MACON (AFP)

La pandemia ha cambiado la perspectiva y las prioridades de mucha gente. A él también, se lo toma todo con más calma. “Me gustaría pensar que la gente tiene la posibilidad de cambiar a los demás. Cuando estás aislado y con miedo, y la gente a tu alrededor está enferma o muriéndose, dejas a un lado todo lo horrible y vuelves a ser quien eres, en las peores situaciones es cuando aprendemos. La vida es preciosa y debemos disfrutarla. Puede que no volvamos al punto donde estábamos, pero ojalá salgamos mejores”, añade. El orden de prioridades cambia con la edad, más aún cuando algo tan imprescindible como la carrera profesional va llegando al final. “No debería haber nada en la vida tan importante como la familia y los amigos. Si hay algo más importante que eso, te estás perdiendo la fundación de lo más elemental y lo que provoca que la vida sea maravillosa. Si no llegas hasta ahí, seguirás con un gran agujero en tu interior. Tenemos una responsabilidad, la de dejar un mundo mejor a los que vengan después”, cuenta.

Stanley es bastante activo en redes sociales, sobre todo en Twitter. Hace unas semanas criticó el sistema norteamericano, no entiende cómo todavía es el único país en la tierra con frecuentes tiroteos masivos. “Cuando aún en Estados Unidos hay tantas personas con armas, muchas de ellas diseñadas para destrozar a gente en la guerra, esto se convierte en un sinsentido. Hace 300 años la gente hacía caso a la Constitución. Uno de los fundadores era Thomas Jefferson, él redactó algunos de esos documentos. Sin embargo, creo que se tendría que renovar cada 10 años, el mundo y sus libertades cambian”.

El músico todavía no sabe qué sentirá cuando toque la última canción, seguramente Rock and Roll All Nite, en el último concierto de Kiss, probablemente en la ciudad de Nueva York. Cuesta imaginarlo. “Lo primero es estar seguros de que hemos tocado para todos los que nos hayan querido ver alguna vez, y cuando llegue el día final, la mayor satisfacción será la de haber cerrado el círculo”, afirma. Lo que hace diferente a Kiss de cualquier otra banda es la comunidad que han construido a su alrededor. “Tuvimos un éxito enorme al principio, siendo conscientes de que veníamos de la calle. La prueba de ello era el trabajo y creer en nosotros. Para que ellos te sigan tienen que aceptar tu estilo de vida”, añade. El objetivo de la banda es hacer feliz a toda esa gente y darles lo que necesitan, ya sea a través de los discos, los muñecos o las convenciones que hay sobre la banda. Incluso organizan un crucero temático. “Hacer soñar a la gente es algo mágico. Por ejemplo, nunca eres lo suficientemente viejo para ir a Disneyland y excitarte con todo lo que hay a tu alrededor. ¡Eso es Kiss!”.

Un punto y aparte en la historia de Kiss fue el álbum Alive!, estuvo en listas durante 110 semanas y vendió 10 millones de copias. “Los discos anteriores a Alive! no capturaban lo que éramos en directo, no eran tan instrumentales. Después pueden venir el volumen 106 o el 210, pero la esencia está en Alive y Alive II. Son documentos para la historia”, afirma. En el rock actual, una de las incógnitas es la ausencia de relevo para bandas como Kiss, The Rolling Stones, The Who o Led Zeppelin (se reunió recientemente con su amigo Jimmy Page en Londres). “En la última década, en Estados Unidos se ha instalado esa idea del ‘pagar por tocar’, es una locura. Como músico te debes garantizar unos beneficios mínimos, pero nunca pagar por ello. Los clubes tienen que fomentar el talento”, insiste.

La incorporación a la formación de Tommy Thayer y Eric Carr tras la salida de Ace Frehley y Peter Criss generó debate y desavenencias entre sus seguidores. El tiempo demostró que era la única salida. “Sin ellos no hubiésemos seguido. Somos afortunados de que aún haya quien nos quiera ayudar a seguir creyendo en este sueño. Por ejemplo, mi mujer vio el concierto que dimos hace unos días en Estocolmo y me dijo que era el mejor que nos había visto nunca”, asegura. Cuando Gene Simmons se eleva en su plataforma para cantar God of Thunder y escupir sangre y, a continuación, Paul Stanley hace su salto en tirolina para llegar hasta el centro del estadio para interpretar Love Gun, la señal es esta; a pesar de la competencia y los egos, Kiss existe gracias a ellos: “Llevamos juntos en esto desde los 17 años. Gene no podía haber hecho esto sin mí. Y yo sin él tampoco”.

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