Festivales de Música

“Vamos a hacer este verano un festival para 25.000 personas, saltando y abrazándose, como antes”

El éxito del experimento de Love of Lesbian impulsa a varios certámenes españoles a reunir a miles de personas y sin guardar distancia. Otros promotores, más cautelosos, posponen hasta 2022 o realizan ciclos con el público sentado

Jordi Herreruela, director del festival Cruïlla, el pasado miércoles en su oficina de Barcelona.
Jordi Herreruela, director del festival Cruïlla, el pasado miércoles en su oficina de Barcelona.JUAN BARBOSA / EL PAÍS

“Un concierto con miles de personas. Brincando. Bailando. Abrazándose”. Ha pasado solo un año y dos meses desde que irrumpiera la pandemia, pero el desgaste, el desánimo y la incertidumbre en el sector musical son tan elevados que la frase suena a otra época. Pero sucederá en un par de meses. Lo asegura Jordi Herreruela, director del festival Cruïlla, en Barcelona, e instigador de lo que ocurrió el 27 de marzo en el Palau Sant Jordi. Allí, 5.000 personas disfrutaron en un recinto cerrado de un concierto de Love of Lesbian; con mascarilla, pero sin distancia social. Previamente se habían hecho una prueba, que debía resultar negativa en coronavirus. La experiencia se saldó con éxito y dio la vuelta al mundo. “Ahora estamos listos para dar un paso más. El festival Cruïlla se celebrará el 8, 9 y 10 de julio en Barcelona con 25.000 personas cada día y sin distancia. La gente podrá saltar, bailar y abrazarse, como antes”.

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Cruïlla no será el único. Sonorama (Aranda de Duero), Vida y Canet (ambos Barcelona), y alguno a punto de anunciarse replicarán el modelo del recital de Love of Lesbian. Por su parte, los grandes festivales (los que convocan de 30.000 a 60.000 por día: Mad Cool, Primavera Sound, BBK Live...) tiran la toalla y emplazan a su público para 2022. Y hay una tercera salida, la de los promotores más cautelosos, que optan por el concepto ciclo de conciertos: los festivales distribuyen su oferta durante varios días en recitales de uno o dos grupos, con el público sentado, mascarilla y distancia.

Al frente del Cruïlla desde hace 11 años, Herreruela, barcelonés de 48 años, hizo gala de la osadía por la que es apreciado en el sector, y decidió ponerse a trabajar en marzo de 2020, mientras la mayoría de los responsables de festivales dedicaba meses a reponerse del noqueo del coronavirus. Sacó adelante una edición que cumplió con la normativa, incluso con conciertos en el Camp Nou. Para ello fue clave su buena conexión con las administraciones catalanas. Fueron 200 espectáculos en varias localizaciones de Barcelona que convocaron a 35.000 personas. Paralelamente, fue pensando en la edición de Cruïlla 2021.

“Si a los asistentes se les hace una prueba diaria me parece un experimento sensato y de bajo riesgo. Y más si es al aire libre”, dice Fernando Rodríguez-Artalejo, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid

“Hace meses sonaba a ciencia ficción”, dice Herreruela. “Pero se han ido dando pasos y ahora empieza a ser posible. Cuando hace un tiempo les decía a otros promotores que íbamos a convocar a 25.000 personas, pensaban que estaba loco. Ahora me piden información para ver si se puede replicar”.

Se basa en dos experimentos previos: en la sala Apolo, en diciembre pasado, ante 500 personas (cuyo impulsor principal fue el grupo Primavera Sound), y el de Love of Lesbian, que Herreruela ha liderado. Josep Maria Llibre y Boris Revollo son los médicos que han avalado estos dos proyectos. Especialistas en enfermedades infecciosas, trabajan en el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol, de Badalona. “La fórmula será la misma de Love of Lesbian, pero con mucho más público y al aire libre, un entorno por el que el virus se mueve con dificultad. Todos los asistentes tendrán que hacerse un test nasal de antígenos, donde el palo se introduce solo un par de centímetros, con lo cual es menos invasivo que el que nos hemos acostumbrado a ver, el frotis nasofaríngeo. Es una prueba que pronto se comercializará en España y que cuesta unos cuatro euros en farmacias”, señala Llibre.

Espectadores abrazándose en el concierto de Love of Lesbian del pasado 27 de marzo en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
Espectadores abrazándose en el concierto de Love of Lesbian del pasado 27 de marzo en el Palau Sant Jordi de Barcelona. LLUIS GENE / AFP

Primer problema: ¿cómo hacer la prueba a 25.000 personas en unas horas? Responde el doctor Revollo: “Para testar a los 5.000 del concierto de Love of Lesbian se contrató a 80 sanitarios. Fue costoso. Y más para 25.000 personas. La clave es que las pruebas se pueden efectuar en las farmacias, y que el mismo farmacéutico introduzca los resultados en una aplicación, que sería lo que presentaría el asistente al concierto en la entrada. Son test eficaces, sencillos de hacer y el resultado se conoce en 15 minutos”. Segundo problema: ¿qué vigencia tiene la prueba? “No se puede garantizar para más de 24 horas”, afirman los doctores. Si alguien quiere asistir a los tres días de Cruïlla se tendrá que realizar tres pruebas. A los cuatro euros que cuesta habría que añadir algo más por las gestiones del validado. Los implicados calculan que unos 12 euros en total cada día de festival. ¿Quién los paga? Herreruela: “Parte el usuario, parte el festival y otra parte la Administración”.

Una vez en el recinto, los espectadores podrán moverse con libertad, abrazarse, bailar, pedir ellos mismos la comida, las bebidas. No habrá acampada (ya no existía en Cruïlla) y todos con mascarilla. “Si a los asistentes se les hace una prueba diaria me parece un experimento sensato y de bajo riesgo. Y más si es al aire libre. Solo una cosa: para no ponérselo fácil al virus igual habría que reducir dos días antes y durante el festival el contacto con personas que no van a ir a los conciertos”, señala Fernando Rodríguez-Artalejo, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, quien da un paso más: “Incluso, si es al aire libre, me parece razonable que se quiten la mascarilla. Se trata de personas que han dado negativo, con lo que parece una reunión segura”.

“Lo vamos a hacer a imagen y semejanza que el concierto de Love Of Lesbian, pero al aire libre. Serán tres días para entre 2.500 y 5.000 personas cada jornada”, afirma el director de Sonorama, Javier Asenjo

María del Mar Tomás Carmona, médica microbióloga e Investigadora del INIBIC y del Servicio de Microbiología del Hospital A Coruña, recomienda: “La utilización de test de antígenos en muestras nasales presenta como principal ventaja su menor coste frente a una PCR, pero como gran desventaja su menor capacidad de detección de casos infectados. Por ello, en eventos masivos es más recomendable la utilización de técnicas moleculares a partir de un test de saliva, donde cada vez hay mayor evidencia científica para la detección de pacientes asintomáticos o presintomáticos y, por tanto, la detección de posibles contagiadores. También sería aconsejable realizar cuarentenas previas al evento”. Estas pruebas de saliva no están muy generalizadas en España: Galicia es la comunidad que más la está utilizando. “Incluso se ofrece gratis a los jóvenes en algunas farmacias”, apunta Tomás Carmona.

Herreruela asegura que tiene el compromiso de la Administración catalana para otros dos festivales multitudinarios además del Cruïlla: Vida (10.000 personas cada uno de los tres días: 1, 2 y 3 de julio) y Canet Rock (25.000 un solo un día, 3 de julio). Son citas que en otras ediciones reúnen a un público nacional que acepta con agrado a los grupos locales. Esto facilita componer un cartel digno y no depender de estrellas internacionales que tienen complicado viajar mientras la covid no esté controlada.

Cruïlla, por ejemplo, anuncia a Izal, Amaral o León Benavente, y bandas del Reino Unido como Editors o Two Door Cinema Club. “Son grupos británicos que no están en gira. Los traemos nosotros exclusivamente al festival y solo vienen con los instrumentos. No necesitan, como sería sin pandemia, tráileres que pueden ocasionar problemas en las fronteras”, señala Herreruela. Los cabeza de cartel de Vida son los madrileños Vetusta Morla y los escoceses Belle & Sebastian. El mismo perfil que el Cruïlla.

Asistentes sin mascarilla y sin distancia en el recital del 2 de mayo pasado en el Sefton Park de Liverpool.
Asistentes sin mascarilla y sin distancia en el recital del 2 de mayo pasado en el Sefton Park de Liverpool.Danny Lawson / AP

Los directores de estos tres festivales señalan como ejemplo esperanzador el concierto que se celebró el pasado 3 de mayo en Liverpool, con 5.000 personas, sin distancia y sin mascarillas: un recital, este sí, como los de antes. Todos los presentes dieron negativo en la prueba. El experimento forma parte de un proyecto del Gobierno británico, que prevé que este verano puedan desarrollarse muchos más recitales en estas condiciones.

El siempre inquieto Sonorama también se va a sumar. “Será a imagen del concierto de Love of Lesbian, pero al aire libre; tres días (12,13 y 14 de agosto), para entre 2.500 y 5.000 personas cada jornada. No nos podemos quedar parados. Son 1.200 puestos de trabajo”, señala su director, Javier Asenjo. Un patrocinador privado financiará las pruebas diarias para los espectadores, con lo que no se encarecerá la entrada: unos 35/40 euros por día, y 75 el bono. Serán diez bandas por jornada (se anunciarán a finales de mayo) en horario de 17 a 2 de la madrugada. No se contempla hacer acampada.

Los festivales masivos, con estrellas internacionales y multitudes de turistas extranjeros, tienen que pensar en la edición de 2022. Así lo han confirmado ya Primavera Sound y Sónar, que saldrán del paso este año con recitales aislados en otoño. Los otros, Mad Cool, Azkena, BBK Live o FIB, salvo sorpresa, anunciarán las próximas semanas su aplazamiento un año más. “Ahora mismo estamos esperando una respuesta definitiva de las instituciones para tomar la decisión, pero tal y como están las cosas tenemos claro que se va a tener que aplazar a 2022 por fuerza mayor debido a la pandemia”, señala Javier Arnáiz, director de Mad Cool. ¿Peligra el futuro del festival? “No, pero después de dos años de parón, sin poder hacer conciertos, el sector queda tocado”.

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Lo que se impondrá este verano serán los ciclos de conciertos. Patricia Gabeiras, directora de la Asociación de Festivales de Música (FMA), los define: “Son conciertos de uno o dos grupos. Se pueden hacer y cumplen todas las condiciones. Tenemos un canal permanente abierto con la administración. Lo que les hemos dicho es que no tiene sentido que, porque se llamen festival, tengan unas condiciones más restrictivas que otros eventos”.

Uno de los inminentes con este sistema es el madrileño Tomavistas, un festival que sin pandemia reunía a 10.000 personas. Willy García es uno de sus tres directores: “Seguiremos las normas sanitarias para garantizar la seguridad. Serán 2.000 personas, todas sentadas en un recinto amplio, con distancia y mascarillas. La gente se podrá levantar al baño y a una zona de fumadores. Por medio de una aplicación se pedirán las consumiciones y un camarero las servirá en las mesas. Es como una terraza gigante para 2.000 personas, un modelo viable y que nos gusta. Son carteles con dos grupos, unas tres horas de espectáculo. Luego, cada uno a su casa”, explica García. El objetivo de todos es que la música en directo no se quede muda este verano.

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