Crítica | Solo las bestiasCrítica
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‘Solo las bestias’: un feroz ‘thriller’ francés en forma de puzle perfecto

Dominik Moll habla del miedo al vacío y a la ausencia, de paisajes escarpados y pasiones desbocadas en esta adaptación de la novela de Colin Niel

Nadia Tereszkiewicz y Valeria Bruni Tedeschi, en 'Solo las bestias'. En el vídeo, el tráiler de la película.

El aislamiento y la soledad del campo pueden producir monstruos. La noche cruda, el viento, la nieve, el desconsuelo y la oscuridad física y mental envuelven la desaparición de una mujer en la película francesa Solo las bestias. Y Dominik Moll, su excelente director y coguionista, lo narra a través de un puzle roto en mil pedazos que únicamente encaja en el desenlace.

Con una estructura semejante a algunas de las películas de Alejandro González Iñárritu, Moll nos habla, como dice la letra de una de las canciones que suenan de fondo, “del miedo al vacío y a la ausencia”, de paisajes escarpados y de pasiones desbocadas, en torno a cinco personajes unidos por el trabajo como ganaderos en un pueblo remoto de las montañas, y finalmente por un crimen. Un thriller dramático con relevantes apuntes sociales y morales, que, en la segunda mitad de su relato, basado en una novela de Colin Niel publicada en 2017, se bifurca también hasta Abiyán, la ciudad principal de Costa de Marfil. Es allí donde se amplían los entresijos de una muerte en la que tanto tienen que ver la globalización de la delincuencia como los perversos efectos colaterales de la erotización (y la mentira) de ciertas relaciones a través de las redes sociales. Y en esencia, como en toda la historia, el atavismo de las conductas cuando anda por medio el arrebato sexual que se transforma en delirio. ¿Quiénes son realmente los animales, las bestias de la película?

Moll, director de la notable Harry, un amigo que os quiere (2000) y de la formidable Lemming (2005) —donde también un animal, en aquel caso un roedor, servía para hablar de otro comportamiento irracional, pero profundamente humano, el resentimiento—, guía con pulso firme una historia elaboradísima con tendencia al ensanchamiento, pues algunos hechos se cuentan varias veces desde distintos puntos de vista, sin que resulte redundante. Así, el puzle de acciones y sentimientos de unos personajes apasionantes en su ferocidad acaba encontrando acomodo con la ayuda, en un momento clave para todo el conjunto, del azar.

Quizá en la parte africana una de las tramas, la del chamán y la suerte, sea la más olvidable, pero la película es rotunda de principio a fin, incluyendo la fuerza física e interpretativa de un plantel artístico con algunos de los grandes nombres del cine francés de los últimos años, principalmente Denis Ménochet, Damien Bonnard y la personalísima Valeria Bruni Tedeschi.

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