Crítica | Los inocentesCrítica
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‘Los inocentes’: un ejercicio de estilo con formato cuadrado

El novel Guillermo Benet, basándose en un corto propio, desarrolla la historia de su primer largo con el mismo esquema de pantalla con el que Xavier Dolan refleja el dolor

Fotograma de 'Los inocentes'. En el vídeo, el tráiler de la película.

En los últimos años, sobre todo desde los estrenos de Ida, de Pawel Pawlikowski, y de Mommy, de Xavier Dolan, los cineastas han empezado a experimentar con el formato como apoyo para la narrativa del relato: el antiguo y bastante desusado hasta hace poco 4:3, y el radical 1:1, o formato cuadrado exacto, unidos a una singular puesta en escena, acaban revelando no solo una especificación técnica, sino también un estado emocional de los personajes, encerrados, asfixiados o acogotados tanto por su situación en la historia como por las especiales condiciones de exhibición en la pantalla.

El novel Guillermo Benet, basándose en un corto propio del año 2018 ya rodado en 1:1, desarrolla la historia de su primer largo, Los inocentes, con el formato en el que Dolan aprisionaba en su dolor al protagonista de Mommy. En esta ocasión con un grupo de amigos que, tras ser desalojados violentamente por la policía de un centro social en el que se celebraba un concierto, sospechan que son los culpables de haberle abierto la cabeza a un antidisturbios con un adoquín durante su escapada por las calles adyacentes al local.

Benet, con el apoyo en la escritura de otro excelente cortometrajista, Rafa Alberola (guionista de Pueblo y director de Septiembre y Arenal), se apunta al ejercicio de estilo también en la estructura dramática, pues los hechos se van contando a través de la mirada de cada uno de los personajes, repitiendo parte de las secuencias desde sus particulares puntos de vista. El resultado es una película muy ambiciosa pese a su bajo presupuesto, que, sin embargo, alcanza cotas más altas en la vertiente técnica y artística, sobre todo con la hermosa fotografía de Giuseppe Truppi, que en la política, social y emocional. Los inocentes, presentada en el pasado festival de Sevilla, ofrece sensaciones visuales y sonoras de loable potencia, pero el discurso político no pasa de lo panfletario, y el ético, del susto puntual sin demasiada complejidad, enjundia ni desarrollo, alrededor de la culpa, el activismo, la amistad y la verdad.

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