Crítica | Volando juntosCrítica
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La osadía y su ausencia

Lo peor de la película de Nicolas Vanier es que está requetevista. Lo mejor es que igual no molesta del todo a nadie

Imagen de 'Volando juntos'.
Imagen de 'Volando juntos'.

Un vídeo de YouTube con un naturalista francés montado en ala delta y volando junto a los gansos en su ruta migratoria se convirtió en viral hace dos años. Las imágenes reales grabadas por Christian Moullec son extraordinarias; las recreadas por el director francés Nicolas Vanier en Volando juntos, inspirada en las experiencias y los libros de aquel, no lo son tanto. Tampoco su película, un convencional producto de aspiraciones populares, entre la aventura, el melodrama familiar y la esencia ecologista, cuyo desarrollo se intuye desde el primer minuto hasta el último.

VOLANDO JUNTOS

Dirección: Nicolas Vanier.

Intérpretes: Jean-Paul Rouve, Louis Vazquez, Mélanie Doutey, Lilou Fogli.

Género: aventuras. Francia, 2019.

Duración: 113 minutos.

En la primera secuencia se presenta en fuera de campo a un adolescente quizá como (casi) todos: enganchado a Internet y a los videojuegos, refugiado en su habitación como un arisco anacoreta digital. En la segunda, su madre lo obliga entre refunfuños a que pase unas semanas con su padre (están divorciados), que no es otro que la representación de Moullec, alojado en una sucia cabaña junto a unos humedales y dedicado a estudiar a los gansos. ¿Adivinen todo lo que ocurre después? Sí, justo eso que están pensando. El arco de personaje del niño desde el rechazo a los exteriores hasta el amor a los animales y a la naturaleza. El arco de la relación desde el reencuentro esquivo con el padre raro hasta el mutuo conocimiento y el amor. El arco de la afinidad entre los excónyuges desde la desconfianza hasta la reconciliación. Lo peor de la película de Vanier es que está requetevista. Lo mejor es que igual no molesta del todo a nadie, como tampoco lo hacía la discreta La escuela de la vida (2017), su anterior trabajo, un cuento social dickensiano escondido en el algo cargante y extendido subgénero del melodrama de campiña francesa.

Con la participación en el guion del propio Moullec, Volando juntos tiene unos paisajes evocadores, música melosa, unas gotas de excentricidad y apuntes de crítica política de baja intensidad. Sin embargo, el único atrevimiento, que está dentro del relato, en la labor real de Moullec, queda desdibujado por la total ausencia de osadía en la producción en sí misma.

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