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Madre ‘borroka’

El debut en el largometraje de David Pérez Sañudo se detiene en una historia común y pequeña aunque relevante para comprender todas las heridas del terrorismo en la sociedad vasca

Mientras Patria avanza hacia su quinto episodio y el culebrón entre Bittori y Miren se presta a una panorámica del conflicto vasco para todos los públicos, Ane, debut en el largometraje de David Pérez Sañudo, se detiene en una historia más común y pequeña pero igual de relevante para comprender todas las heridas del terrorismo en la sociedad vasca. La película, arrastrada por la fuerza de sus dos intérpretes principales, es un relato áspero sobre cómo los tentáculos de la kale borroka se interponen entre una madre separada y su hija de 17 años, enrolada en los últimos coletazos de la lucha callejera. Ane se sitúa en 2009, la madre es una superviviente que trabaja como vigilante de seguridad en las obras del tren de alta velocidad y vive sola con una hija que un día desaparece, destapando una vida paralela entre las filas de los jóvenes simpatizantes de ETA.

Adicta a las bebidas isotónicas, nerviosa y malencarada, la madre está encarnada por la actriz Patricia López Arnaiz, que carga con determinación y entrega con el peso de la película. Su composición de la madre es brutal, resumida en ese duro plano fijo del desayuno que abre y cierra la película y en el que está concentrado todo el silencio y la losa del drama. López Arnaiz y Pérez Sañudo construyen una madre coraje sin tópicos, desde la incredulidad, la desesperación y el amor que hay detrás del íntimo luto de ver a una hija alejarse y además comprobar que lo hace para precipitarse al vacío. La tarta de cumpleaños en la basura (que evoca a Julieta, el drama de Almodóvar sobre otra madre sin su hija), la soledad en la cola del cine o el vacío de la casa y sus recovecos ilustran ese sentimiento de pérdida y soledad irremediable. Un choque de genes que también está en manos de la estupenda Jone Laspiur, en el papel de la hija. David Pérez Sañudo mantiene el pulso de un observador distante. Se contiene ante la enorme complejidad emocional que encierra su drama y, como en esa secuencia en la que la madre persigue a la hija con Volver a los 17 de Violeta Parra de fondo musical, él también parece mantener una prudente distancia de seguridad ante este cruel duelo de sangre.

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