68º Festival de San Sebastián

Elena Anaya y Gina Gershon: “Volveríamos a trabajar con Woody Allen”

Las dos actrices, protagonistas de ‘El festival de Rifkin’, defienden su colaboración con el cineasta neoyorquino

Elena Anaya (izquierda) y Gina Gershon posan en el hotel María Cristina de San Sebastián.
Elena Anaya (izquierda) y Gina Gershon posan en el hotel María Cristina de San Sebastián.

Hay alrededor de El festival de Rifkin una niebla provocada por la situación extracinematográfica que envuelve a su director, Woody Allen. La última en sumarse a esta “mentalidad de turba” —expresión que Gina Gershon aplica al ataque que recibió hace 25 años Showgirls y que es igualmente aplicable a este caso— ha sido Kate Winslet, que ha empezado su campaña a los Oscar renegando del cineasta neoyorquino y de Roman Polanski, y lamentando haber trabajado con ellos. Curiosamente, su trabajo con Allen no es de hace tanto tiempo, sino de 2017, en Wonder Wheel.

Elena Anaya y Gina Gershon, en cambio, no lo dudaron cuando les ofrecieron trabajar a las órdenes de Woody Allen en El festival de Rifkin, que ha inaugurado este viernes el festival de San Sebastián con una película sobre... el certamen donostiarra. Tremenda pirueta. “Volveríamos a trabajar con él”, advierten ambas. Gershon (Los Ángeles, 58 años) insiste: “Vivo en Nueva York y me siento neoyorquina. Es un sueño hecho realidad”. Anaya (Palencia, 45 años) recuerda la primera llamada: “Yo respondí que para qué era. Me dijeron que me enviarían el guion a casa, pero antes estaba esa cuestión previa: ‘¿Trabajarías con él?’. Sí, por supuesto. A pesar incluso de lo que te puede pasar en Estados Unidos por rodar con él, porque eran justo mis agentes de allí quienes me lo preguntaban”. La pareja incluso comparte el mismo razonamiento: “Woody ha sido dos veces investigado judicialmente y en ambos casos salió absuelto. Si indagas más, descubres cosas más allá de esta investigación en contra de Woody”.

Tanto Anaya como Gershon hicieron su propia labor de investigación y llegaron a la misma conclusión. “No tengo ninguna duda sobre si este señor ha abusado de una niña. No lo creo”. Y la estadounidense subraya: “Sigue escribiendo unos personajes femeninos complejos, maravillosos, fuertes. Y que los aprecio aún más en estos tiempos de superhéroes. Cuando supieron que yo había aceptado el proyecto me molestó que muchos me susurraran: ‘Creo que es inocente’; y, mientras, en público, declaran lo contrario. Levántate y sé sincero”.

Refrendada por un currículo largo, Gershon comparte una enseñanza: “Mi carrera ha sido extraña, aunque constante. Y aprendí desde pronto que tenía que tomar mis propias decisiones. Recuerdo que con Lazos ardientes, mis agentes se negaban a que la hiciera y como acepté renegaron de mí. Mira lo que me hubiera perdido”. ¿Eso ha sido lo peor? “He visto depredadores sexuales en acción y me he mantenido lejos de situaciones peligrosas. Cuidado, la lucha actual desde el Me Too es muy importante, pero no es justo resumir algunos casos en dos frases. Por eso respeto tanto a Woody, a su alma de artista”.

Tráiler de 'El festival de Rifkin'.

En El festival de Rifkin, que se estrena comercialmente el 2 de octubre, Wallace Shawn encarna a un profesor de cine y novelista frustrado que acompaña a su esposa, una publicista de la industria audiovisual (Gershon), al Zinemaldia. Él cree que ella le engaña con un director francés, y por azares de los hipocondriacos, conoce a una cardióloga (Elena Anaya) donostiarra, una médico que a pesar de su especialidad es incapaz de curar su propio corazón… en la faceta sentimental.

"Cuando supieron que yo había aceptado el proyecto me molestó que muchos me susurraran: ‘Creo que es inocente’; y, mientras, en público, declaran lo contrario. Levántate y sé sincero”, dice Gershon

“El rodaje fue una locura”, ríe la española. “El primer día pensé que me echaban. Por eso en algunas secuencias tengo cara de pánico”. Falsa alarma. “Al final ese rostro de miedo le vino bien a mi personaje. Luego me divertí mucho y disfruté cada momento de ensayos, cuando estábamos juntos Wallace, Woody y yo, y me daba cuenta del privilegio”. Allen, cuentan ambas, fue superdetallista, y leía el guion recreando los personajes para que los intérpretes tuvieran unas pautas. Eso suena a Almodóvar. “Efectivamente”, confirma la ganadora del Goya por La piel que habito. “Conocen sus personajes, marcan la interpretación. Lo hacen los más grandes, y te vuelves loca de amor”. Gershon recuerda la belleza del guion, y la española lo subraya: “Lo curioso es que en el rodaje Woody empezó a quitar páginas, se levantaba de la silla a decir que aquello le aburría y que había mucho diálogo, e incluso en montaje ha pulido y eliminado secuencias”.

Consciente o no, parecería que Allen ha dejado en manos de las dos actrices un mismo personaje: la cardióloga es inteligente, curiosa, pero está enganchada a un hombre que no la respeta; la publicista ya se prepara para soltar amarras, aunque su marido imagine cosas que aún no han pasado. A Gershon le gusta el juego: “Es interesante. Las relaciones sentimentales te hacen crecer y esperas que tu pareja crezca contigo. Si eso no pasa...”.

Para Anaya, Woody Allen encontró en San Sebastián una ciudad “de adopción”. “Buscó un sitio en que su familia estuviera a gusto, pudiera pasear mientras él trabajaba. Claro que echaba de menos Nueva York, y que hubiera preferido rodar más en otoño con cielos más grises como a él le gustan, pero estuvo muy feliz en Donostia”. Por cierto, ¿la comedia refleja bien el ambiente de un festival? Anaya tiene una respuesta rápida, entre carcajadas: “Por los egos, las entrevistas y el amor al cine, desde luego”.

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