LA VUELTA DE LA CULTURA | Y 4. EL TEATRO

El teatro comercial no asoma la cabeza

Solo los festivales y espacios públicos pueden sostener la actividad con los aforos reducidos y los nuevos protocolos

Asistentes a la reapertura del Teatro Lara, el pasado miércoles, en Madrid.
Asistentes a la reapertura del Teatro Lara, el pasado miércoles, en Madrid.Lucía Romero

A las nueve de la mañana del 12 de junio salieron a la venta las 30.000 entradas del medio centenar de espectáculos presenciales programados para este julio por el Festival Grec de Barcelona 2020. Muchos ojos estaban pendientes porque era la primera gran cita teatral que se comercializaba después del confinamiento y podía servir para saber si el público estaba dispuesto a volver sin resquemor a los patios de butacas. Al poco rato el sistema se colapsó. “Nunca nos había pasado algo así. Llegamos a registrar picos de 16.000 solicitudes y 200.000 simultáneos”, afirma su director, Cesc Casadesús. En tres días se vendieron 28.000 localidades y a día de hoy queda solo un 2% disponible.

Si se toma el Grec como referencia, cabe pensar que los espectadores van a regresar en masa a los teatros y que el sector va a recuperarse de las pérdidas del confinamiento en poco tiempo. Pero antes de sacar conclusiones conviene tener en cuenta todos los factores que confluyeron aquel 12 de junio. “Fue una tormenta perfecta: escasa oferta cultural en la ciudad, aforos reducidos, precios más baratos que otros años [15 euros], presencia en el cartel de grupos musicales con muchos fans [Manel, Stay Homas] y creadores teatrales que hace mucho tiempo que no actuaban en Barcelona [Angélica Liddell]. A lo que hay que añadir una cierta ansia. Ansia de lo presencial frente a lo virtual y lo audiovisual”, resume Casadesús.

No hay que olvidar tampoco que el Grec está financiado con fondos públicos y no persigue una rentabilidad económica sino cultural. Por eso puede permitirse programar producciones de alto presupuesto con los aforos reducidos como manda la actual normativa sanitaria. Igual que el resto de los festivales que van a celebrarse en verano y la mayoría de los escenarios que están volviendo a la actividad en todas las ciudades españolas: prácticamente todos son públicos. Los Teatros del Canal de Madrid, propiedad de la comunidad autónoma, fueron de los primeros en reabrir (a mediados de junio) y sus cifras también son buenísimas, con unos índices de ocupación entre el 80% y el 100%.

Pero el teatro comercial todavía no se atreve a asomar la cabeza. El Lara de Madrid y La Perla 29 de Barcelona son de los pocos de gestión privada que han reabierto. Por no hablar de los musicales: espectáculos tan costosos como El rey León o Anastasia son insostenibles y seguirán con el telón bajado al menos hasta diciembre. Broadway, la meca del género, no se lo plantea hasta 2021.

El Lara reabrió sus puertas el miércoles pasado con el regreso de la comedia Cádiz, pero no está funcionando aún a pleno rendimiento. Parte de la plantilla continúa en ERTE y la programación está muy reducida con respecto a lo que es habitual en este espacio, que suele programar cada día un espectáculo distinto. El próximo viernes se atreve con un estreno, Sueños de un seductor, pero hasta la semana que viene no volverá su gran blockbuster, el musical La llamada. “No esperamos cubrir gastos en verano. Hemos abierto porque queremos ver cómo funcionamos con los nuevos protocolos y para recordarle al público que seguimos aquí, con la idea de que en otoño esté la maquinaria engrasada”, explica la gerente, Violeta Ferrer.

Esa también es la intención de los festivales y teatros públicos que han retomado o van a retomar la actividad durante el verano. “Queremos ser el banco de pruebas para la siguiente temporada. Demostrar que se puede venir al teatro con confianza. Y de momento las perspectivas son buenas. Hemos vendido ya dos tercios de las entradas y nos llegan espectadores de todas partes, solo hemos perdido a los extranjeros”, explica Ignacio García, director del Festival de Almagro. Jesús Cimarro, que gestiona el de Mérida, confirma esa impresión: “Llevamos ya 20.000 entradas vendidas. Es menos que otros años, pero hay que tener en cuenta que las hemos sacado a la venta solo hace cuatro semanas”.

Las perspectivas en el mundo de la ópera tampoco son malas. Es un público muy fiel y tiene ganas de volver. “Las funciones se están desarrollando con toda normalidad, los espectadores están siendo muy comprensivos y respetuosos con las nuevas normas. No estamos agotando la venta, pero casi. Y lo mejor es que los abonos para la próxima temporada van muy bien: llevamos 2.500 nuevos”, dice Ignacio García-Belenguer, director general del Teatro Real, que reabrió sus puertas el 1 de julio con La traviata.

Pero las ganas del público no son suficientes para el teatro privado. Cimarro, que además de dirigir el Festival de Mérida produce espectáculos y gestiona dos teatros privados en Madrid, La Latina y el Bellas Artes, augura una recuperación lenta en el ámbito comercial. “Si todo va bien, calculo que necesitaremos como mínimo dos años. Hemos tenido que pedir créditos para soportar las pérdidas por el confinamiento y para pagar la inversión extra que supone el acondicionamiento y desinfección diaria de los espacios”, comenta. Tanto el Ministerio de Cultura como las Administraciones autonómicas y locales estudian ayudas para sufragar una parte de estos gastos.

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