El Louvre seguirá fiel al turismo

El museo más visitado del mundo propondrá, a partir del 6 de julio, un nuevo itinerario en sentido único y reducido al 70% de sus espacios expositivos

Una galería del Louvre, este miércoles, vacía a consecuencia de la pandemia de coronavirus.
Una galería del Louvre, este miércoles, vacía a consecuencia de la pandemia de coronavirus.THOMAS SAMSON / AFP

El Louvre volverá a abrir sus puertas el 6 de julio, tras casi cuatro meses de cierre provocado por la crisis sanitaria, convertido en un museo ligeramente distinto al habitual. Los visitantes deberán reservar obligatoriamente sus entradas con antelación y los mayores de 11 años deberán llevar mascarilla si quieren adentrarse en sus salas. La visita se hará, además, en sentido único: será imposible dar marcha atrás, salvo si el número de visitantes es muy reducido. De momento, el Louvre volverá a abrir solo el 70% de sus espacios expositivos, unos 45.000 metros cuadrados en los que se encuentran más de 30.000 obras. Entre ellas están todos los iconos del museo, como la Gioconda, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia. Solo la segunda planta del Louvre, donde se halla la pintura francesa hasta el siglo XIX y la de las escuelas del norte, quedará cerrada a los visitantes, igual que la colección de arte de África, Asia, América y Oceanía, y una parte del departamento de artes del Islam.

El Louvre, que ha perdido 40 millones de euros durante el confinamiento, mueve ficha para frenar el descalabro. Lo hace a través de movimientos parecidos a los del resto de grandes museos europeos, como subrayar el valor de su colección permanente, gestionar mejor los flujos en un espacio de circulación compleja y, sobre todo, conectar con un público de proximidad que, espantado por las aglomeraciones, lleva años sin acudir al museo más visitado del mundo.

El presidente del Louvre, Jean-Luc Martinez, señala a ese grupo como el prioritario durante los próximos meses. Y afirma que registrar un 20% o un 30% de las cifras habituales ya podría considerarse un buen resultado, teniendo en cuenta que el 75% de los visitantes del Louvre son turistas, la mayoría de ellos procedentes de países como Estados Unidos, China, Corea del Sur y Brasil, que no pueden viajar a Francia. “En el Palacio de Versalles están acogiendo a menos del 10% de lo que era habitual”, señaló Martinez el martes, a modo de comparación, durante un encuentro con los medios.

Pese a todo, el presidente del Louvre no renuncia al modelo multitudinario que en 2019 le llevó a superar, por primera vez en su historia, la barrera simbólica de los 10 millones de visitantes, oponiéndose a quienes sostienen que esta crisis sanitaria marca el fin de la era del blockbuster museístico. “Se confunde turismo de masa y democratización cultural”, protestó Martinez. “No creo que el turismo masivo vaya a desaparecer de un día para otro. Hoy acceden a ese turismo generaciones enteras de chinos, indios y brasileños. No veo cómo es posible decirles que tienen que renunciar a viajar”.

Para Martinez, el reto consistiría en acoger mejor a esos visitantes y no en aspirar a reducir su número. “El Louvre es un museo turístico. Para mí, turista no es un insulto. Es grupo heterogéneo donde hay aficionados y gente cultivada. Cuando yo visito un museo neoyorquino, se me contabiliza como turista”, precisó Martinez, que recordó que la historia del Louvre está estrechamente vinculada a la de esos visitantes foráneos. La antigua residencia real quedó definitivamente transformada en “palacio megalómano” por Napoleón III en ocasión de la Exposición Universal de 1855, igual que, un siglo más tarde, el presidente François Mitterrand decidió triplicar su superficie en los ochenta para acoger mejor a un turismo que no dejaba de multiplicarse.

Durante el verano de 2019, el Louvre tuvo que cerrar sus puertas a parte de sus visitantes ante la incapacidad de acogerlos a todos, lo que Martinez describió el martes como “una experiencia cruel”. El presidente admitió que superar los 10 millones de visitantes supone “tocar techo”, aunque los planes de futuro del responsable del museo parisiense no contemplan un cambio de escala. “No hay una solución milagrosa: habrá que abrir más horas y más salas”, avanzó Martinez, que está trabajando en “un plan de transformación para acoger mejor al público” junto al Ministerio de Cultura francés y con los Juegos Olímpicos de 2024 en París escogidos como fecha simbólica de la recuperación. Un objetivo que, si se observa la historia reciente, parece razonable: tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, al Louvre le costó tres años regresar a las cifras habituales. Después de los atentados de 2015 y 2016 en Francia, le bastó con un solo año.

Pese al mensaje pronunciado por Martinez, el particular contexto de la desescalada se vislumbra en la programación de los próximos meses que el Louvre ha anunciado este miércoles. En octubre, se inaugurará una exposición de escultura del Renacimiento italiano, con obras de Donatello a Miguel Ángel, y una monográfica sobre el pintor alemán Albrecht Altdorfer organizada con el Albertina de Viena. Dos muestras que, sin tener vocación minoritaria, tienen poco que ver con las fastuosas retrospectivas de Leonardo da Vinci, Vermeer o Delacroix que en los últimos años han provocado colas y aglomeraciones en el interior de un museo que, a ratos, pareció acercarse al colapso.


Más información

Lo más visto en...

Top 50