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Solo con Raffaello

Raffaello Sanzio se inventó la belleza y sus proporciones. Fue como Elvis Presley en el pop

La exposición sobre Raffaello en Roma.
La exposición sobre Raffaello en Roma.REMO CASILLI / REUTERS

Creo que tengo una suerte extraña, pues me encuentro en Roma justo en el momento adecuado para que el coronavirus me regale una Roma vacía, sin turistas, sin nadie en las calles. Gracias a la indeseable peste estoy contemplando una Roma deseada, tal como era hace cien años, o tal vez más. Dirijo mis pasos hacia Le Scuderie del Quirinale, donde tiene lugar la exposición dedicada al pintor renacentista Raffaello Sanzio, con motivo de cumplirse los 500 años de su muerte.

En la entrada me encuentro con Mario De Simoni, que es el presidente del Quirinale. Nos damos la mano y nos reímos, pues estamos contraviniendo los inelegantes consejos sanitarios. Mario me cuenta que llevan tres años trabajando en esta exposición. Me dice que hay dos préstamos del Museo del Prado. Hay uno especial, es el cuadro conocido como la Virgen de la Rosa. Me comenta que es la primera vez que este lienzo regresa a Roma desde que salió rumbo a España, en el siglo XVII. Más de cuatrocientos años ha tardado en retornar la rosa y la virgen a su hogar, a Roma.

Cuatrocientos años fuera de casa. Camino por las salas del Quirinale. También el coronavirus triunfa aquí y me regala un Raffaello Sanzio para mí solo. Como si yo fuese el pontífice que le encargaba las obras al maestro y tenía el privilegio de ser el primero en verlas acabadas y en dar su aprobación. “Muy bien maestro Raffaello, me gusta esta Madonna, ¿cuánto pedís por ella?”. Raffaello Sanzio se inventó la belleza y sus proporciones. Fue como Elvis Presley en el pop. Hubo un antes y un después. Como Elvis, murió joven, con 37 años, y toda Roma lo lloró, como toda América lloró a Elvis. Fue enterrado en un ángulo mágico del Panteón, elegido por el propio pintor.

Sigo paseando por esta excelente exposición. Raffaello creía en Dios, o mejor dicho, creía en la representación pictórica de la divinidad, no distinguía entre lo primero y lo segundo, y a esa indistinción la hemos llamado Renacimiento. No distinguía entre la religión y el arte. Entre Dios y el hombre. Raffaello se inventó la gloria y el cielo. Se inventó el corazón humano.

Miro ahora las finas manos del papa León X. Es un papa con algo de sobrepeso, pero sus ropas abultadas impiden saber la naturaleza de su cuerpo. Me gusta mucho el retrato de Baltasar de Castiglione. Parece un hombre bueno, hay en su rostro una bondad luminosa. Me quedo contemplando los autorretratos del artista. Uno de adolescente, otro de hombre maduro. ¿Inventó también Raffaello la autobiografía y la melancolía del paso del tiempo? Indago en su mirada. Nos dice algo. Nos dice que se pintó a sí mismo para dejar constancia de que alguna vez hubo un ser humano llamado Raffaello Sanzio, que su cuerpo estuvo bajo el sol. Al día siguiente de mi visita, la peste cierra el Quirinale.

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