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OPINIÓN i

Que le den alas

Josep Pons, director de la Orquesta Ciudad de Granada de 1994 a 2004, lamenta la deficiente financiación que padece la formación desde su creación

Josep Pons, al frente de la Orquesta Sinfónica del Liceo de Barcelona, el pasado octubre.
Josep Pons, al frente de la Orquesta Sinfónica del Liceo de Barcelona, el pasado octubre.

La Orquesta Ciudad de Granada (OCG) vuelve a ser objeto de problemas económicos. Su continuidad está en entredicho como consecuencia de una financiación insuficiente. Las instituciones que conforman el consejo rector de la OCG ya se habían puesto de acuerdo en cómo resolver el problema y ha sido la Junta de Andalucía quien ha decidido salirse del guion, desatendiendo lo alcanzado. De hecho, no se trata de nada nuevo en la dramática historia de la formación.

Lo paradójico es que los problemas en la orquesta granadina, a diferencia de otras muchas, nunca han sido del orden artístico, sino que siempre han aparecido fruto de un mal diseño de financiación, nunca resuelto. Probablemente sea un pecado original que se arrastra desde su propia génesis. Ya en la época en que yo estuve al frente de la institución hubo una crisis por la supervivencia que generó una gran movilización popular. Aquella vez el causante del despropósito fue el Ayuntamiento de Granada, gobernado por el entonces alcalde Gabriel Díaz Berbel.

Esta es una situación que lleva repitiéndose demasiadas veces en el tiempo, a la que si le busco un nombre, no se me ocurre otro que vergüenza. La produce el hecho de que una institución como la OCG, con tantas posibilidades, con una disposición y un potencial artísticos tan raros de encontrar, se haya visto frenada, cercenada, mutilada, en definitiva, frustrada una década tras otra.

Y esa misma vergüenza deberían sentir también los políticos que a lo largo de casi tres décadas no han sido capaces de poner fin a una situación bien fácil y simple de resolver. Tan solo se requiere voluntad política. Parece ser que, además, para superar la crisis actual estamos hablando de realmente muy poco para situarnos en modo sostenible. Pero no nos engañemos, si de verdad existe voluntad política para encontrar una solución definitiva esta no se encuentra en el modo sostenible. Todos sabemos que la OCG nunca ha estado financiada adecuadamente. La comprobación es muy fácil, tanto como una comparativa con los presupuestos del resto de orquestas españolas para poder ver dónde se sitúa.

Si a eso le añadimos la rareza de su calidad artística, una orquesta que, no olvidemos, fue calificada por la prensa española en una votación de los críticos más prestigiosos del país como una de las mejores de España, debería tener una temporada también adecuada a su potencial. Con batutas y solistas a la altura. Merecería el mimo y el trato adecuados por parte de las instituciones, el mismo que reciben las orquestas de su talla, y no ese menosprecio y desdén que tantas veces hemos podido observar.

Desde aquí quiero concienciar a la Junta de Andalucía para que reconsidere su posición y vuelva a lo acordado. Pero también quiero llamar la atención al resto de las instituciones del consejo rector para que de una vez por todas se valore a la OCG como lo que es: uno de los mayores valores artísticos de Andalucía y decidan darle alas para llegar hasta donde puede ser capaz, para mayor gloria de la cultura de nuestro país, revisando sensata y definitivamente las condiciones necesarias para su buena andadura.

Josep Pons es director honorífico de la Orquesta Ciudad de Granada

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