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El pabellón de Lituania y Arthur Jafa, principales premios de la Bienal de Venecia

La cita, que abre este sábado sus puertas al público, también ha distinguido el trabajo de la joven artista chipriota Haris Epanimonda

El artista Arthur Jafa, con el León de oro a mejor artista de la Bienal de Venecia.
El artista Arthur Jafa, con el León de oro a mejor artista de la Bienal de Venecia. EFE

El pabellón de Lituania, con la obra Sun&Sea (Marina), de los artistas Lina Lapelyte, Vaiva Grainyte y Rugile Bardzdziukaite, ha sido el elegido esta mañana por el jurado internacional de la 58ª Bienal de Venecia como el mejor de los 90 países que han participado este año en el programa de la cita de arte que, tras una semana consagrada a la prensa y a los invitados, abre hoy, sábado, al público hasta el 24 de noviembre, tiempo en el que la organización confía en atraer medio millón de visitantes.

Además del premio a toda una carrera, que ya se conocía y fue para el veterano artista, performer, poeta y ensayista estadounidense Jimmie Durham, el jurado también ha concedido otros dos galardones. El León de Oro a un artista, que distingue el trabajo de uno de los 79 creadores seleccionados en la parte comisariada por Ralph Rugoff, director de la Hayward Gallery de Londres, ha sido para el afroestadounidense Arthur Jafa, que acudió a la llamada de Rugoff con el video The White Album (2018), que es la obra que le ha valido la distinción, y tres piezas escultóricas, Big Wheel I, II y III, que plantean una reflexión, como el resto de su reconocible obra, sobre la experiencia de ser negro de Estados Unidos.

Nacido en 1960 en Tupelo, Estado de Tennessee, Jafa trabaja a partir de material encontrado en Internet, grabaciones caseras, metraje de cámaras de vigilancia, trozos de informativos o material de archivo con los que trata los modos en los que el racismo se difunde y afianza en una cultura dominada por los medios de comunicación de masas. The White Album es un buen ejemplo de esa mezcla. 

El León de Plata también ha sido para una artista preocupado por los nuevos lenguajes de la escultura, la chipriota Haris Epanimonda (Nicosia, 1980), cuya instalación Untitled #01, colocada en el Arsenale, se inspira en el libro del escritor argentino Adolfo Bioy Casares La invención de Morel, para, con objetos encontrados, pequeñas esculturas y bellos hallazgos de mercadillo, proponer un delicado replanteamiento de lo monumental en una era en la que Internet ha forzado a repensar nuestra relación con los objetos.

Ambos artistas aportaban sus puntos de vista a un abigarrado recorrido, repartido en dos espacios, que Rugoff ha titulado Ojalá vivas tiempos interesantes, para llamar la atención sobre el vertiginoso presente, lleno de acechanzas como el cambio climático, el problema de las migraciones, el populismo o el asedio a la verdad que representan las fake news.

El pabellón lituano está montado en un espacio de los astilleros de la ciudad, perteneciente a la Marina Militar, que nunca se había empleado antes para ese fin. La propuesta, comisariada por Lucia Pietroiusti, es una "ópera performance para 13 voces" y presenta una playa que el visitante contempla desde arriba. El sonido y las canciones son una parte esencial de la pieza, que reflexiona, como muchas de las obras presentadas en esta bienal, sobre el calentamiento global y la seria amenaza que este representa para el futuro de la Tierra.

El pabellón se convirtió rápidamente en uno de los preferidos de los expertos citados esta semana en Venecia. La república báltica no se cuenta entre los países habituales a la hora de ganar premios en la bienal. Ghana, que participaba por primera vez y presentó un sólido espacio con arquitectura de David Adjaye, y Francia, con una espectacular pieza de Laure Prouvost que provocó colas de hasta dos horas, se contaban entre los finalistas al premio.

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