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El Hollywood de los perdedores

Mapfre dedica una retrospectiva a Anthony Hernandez, el gran retratista de Los Ángeles

Santa Mónica número 14 (1970), una de las fotografías que se exponen en Madrid. Ver fotogalería
Santa Mónica número 14 (1970), una de las fotografías que se exponen en Madrid.

El cine y las series televisivas muestran a Los Ángeles como prototipo de un lujo desmesurado que emana de Hollywood su barrio más glamuroso. Pero hay un mundo que nada tiene que ver con los coches último modelo o con las mansiones obscenamente costosas. Es una sociedad que viaja en autobús, vive en una caravana y se alimenta de mala manera. Es la ciudad por la que transitan los perdedores que de manera descarnada retrata Anthony Hernandez (Los Ángeles, 1947) desde hace 45 años. Más de un centenar de fotografías protagonizan la exposición retrospectiva Una mirada desconcertante que desde el 31 de enero y hasta el 12 de mayo puede verse en las salas de la Fundación Mapfre de Madrid. La muestra ha sido organizada en coproducción con el Museo de Arte Moderno de San Francisco y supone el estreno de la nueva directora de la institución, Nadia Arroyo.

Hijo de emigrantes mexicanos que, sin embargo, solamente se expresa en inglés, cuenta que su formación es autodidacta y que surgió por su afición a caminar y mirar por donde paseaba. Vecino de una barriada de viviendas públicas, lo que tenía ante sus ojos eran personas sin hogar, pobres de solemnidad cuya presencia agrandaba de manera descontrolada la ciudad. Eran los años finales de los sesenta y empezó a retratar con una pequeña cámara a hombres y mujeres con los que se cruzaba. "En blanco y negro y siempre sin molestar, pasando inadvertido", puntualizaba este martes en Madrid. Son personas sorprendidas deambulando por las calles con rostros pesarosos, entregados a sus pensamientos y también con momentos de esparcimiento como se ve en la espléndida serie titulada Long Beach (1969), donde la gente toma el sol o se baña en el mar.

Erin O'Toole, comisaria de la exposición y conservadora del museo de San Francisco llama la atención sobre la versión de Los Ángeles que retrata Hernandez: la de las criadas latinas o negras que se asfixian bajo el sol esperando un autobús que las llevará a trabajar a las mansiones de las estrellas y ejecutivos multimillonarios, los sin techo que duermen sobre cartones bajo los pasos elevados de las autopistas o de aquellos que pierden sus pertenencias arrastradas por la canalización del río después de una gran tormenta. Precisa O'Toole que bajo todos los formatos posibles, ya sea en blanco y negro o en color, en paisajes con o sin gente, el tema eterno para Hernandez son los pobres. "A ellos se acerca no como un activista sino con los ojos de alguien que aporta belleza y dignidad al lado más oscuro de la sociedad", precisa la comisaria.

En la estela de grandes maestros de la fotografía estadounidense como Garry Winogrand y Bruce Davidson, de los que se confiesa devoto admirador, las imágenes de Anthony Hernandez sirven para documentar una parte desconocida de la vida en una de las ciudades más famosas del mundo. Pero él prefiere que se destaque la poesía y la belleza con la que se aproxima a los escenarios que retrata. "En lo abandonado y en lo desechado hay mucha belleza", explica. "Lo importante siempre es el ser humano, aunque no aparezca en la foto, algo que ocurre desde 1988. En mis paisajes urbanos pongo el foco en la ruina de los interiores de los edificios abandonados. Las verjas, las vallas, los tabiques o las colillas que alfombran el suelo son las señales del paso de gente sin hogar. Me acerco a este universo con toda la cortesía y humildad de la que soy capaz".

La exposición está organizada en orden cronológico y dividida en ocho espacios. El mismo tema, Los Ángeles, solo se rompe al comienzo con retratos de otras ciudades como Washington o una escena de Madrid tomada en 1971 ante el estanque del Retiro durante una visita turística. Hay también una serie dedicada a ruinas modernas, construcciones abandonadas, en Roma. Todo lo demás tiene que ver con su ciudad, Los Ángeles.

Aunque estuvo destinado en la guerra de Vietnam 18 meses como asistente médico en helicópteros, es una etapa que elude y de la que no muestra ninguna imagen. Buscador de poesía en los temas más duros de su entorno, no se plantea llevar su cámara a la frontera entre México y Estados Unidos donde Trump está empeñado en levantar un gigantesco muro. "No me interesa como tema", puntualiza. "Eso es algo demasiado específico. Prefiero deambular y retratar lo que me surge. Jamás fuerzo las cosas ni dirijo el objetivo a temas ajenos a mí. Hace poco me pidieron participar en una exposición, pero querían imágenes de niños pequeños. Yo no hago eso". De lo que sí está muy contento es de haber recibido una llamada del comisario de la Bienal de Venecia para participar en la próxima edición que se inaugurará en mayo. "Estábamos en pleno montaje de estas salas y recibí la llamada. Será el 7 de mayo, pocos días antes de que se clausure esta exposición. No puedo estar más contento".

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