Crítica | Bendita locura
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Curvas de orfebrería religiosa

Verdone es una figura popular en su país sin que, a diferencia del mito de Sordi, haya logrado traspasar fronteras

Una escena de 'Bendita locura'.
Una escena de 'Bendita locura'.

En determinados ámbitos, el cómico, actor, guionista y director italiano Carlo Verdone está considerado como el gran heredero de Alberto Sordi. Dotado de un rostro y un físico de andar por casa, y con ese modo tan transalpino de arrastrar las palabras en los diálogos, Verdone es una figura popular en su país sin que, a diferencia del mito de Sordi, haya logrado traspasar fronteras en un momento en el que la comedia a la italiana ya no es lo que era en los tiempos del protagonista de las formidables La gran guerra, Todos a casa y Una vida difícil. De hecho, de sus 26 películas como director, desplegadas a lo largo de cuatro décadas, apenas siete se han estrenado en España, sin que ninguna haya alcanzado la trascendencia que, en cambio, sí obtuvo como uno de los intérpretes principales de La gran belleza, de Paolo Sorrentino.

BENDITA LOCURA

Dirección: Carlo Verdone.

Intérpretes: Carlo Verdone, Irelia Pastorelli, Lucrecia Lante della Rovere.

Género: comedia. Italia, 2018.

Duración: 110 minutos.

En Bendita locura, su primera obra en la cartelera española desde Enemigos íntimos (2006), Verdone apuesta por algo que, fuera de Italia y en el año 2019, suena directamente al pretérito: el contraste entre los atrevidos modos de comportamiento, vestimenta y lenguaje de una mujer, y las formas y tradiciones del catolicismo. Tema para el que acude a una ambientación que, en principio, tiene gracia: una tienda-sastrería donde igual se puede comprar arte sacro que la sotana de un cura, el velo de una monja que las pompas de un obispo.

Sin embargo, las secuencias del negocio quizá sean las únicas que se salen de lo corriente y que aportan cierta comicidad. La dicotomía entre la mujerona italiana y el sesentón del montón resulta algo rancia, así como el carrusel de féminas de la película, con una diversidad, como mínimo, discutible: crueles, excéntricas, ninfómanas o cortas de luces. Como intérprete, Verdone puede ser espontáneo y cercano, pero como director su importancia se antoja reducida al circuito local del cine italiano para italianos.

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Sobre la firma

Javier Ocaña

Crítico de cine de EL PAÍS desde 2003. Profesor de cine para la Junta de Colegios Mayores de Madrid. Colaborador de 'Hoy por hoy', en la SER y de 'Historia de nuestro cine', en La2 de TVE. Autor de 'De Blancanieves a Kurosawa: La aventura de ver cine con los hijos'. Una vida disfrutando de las películas; media vida intentando desentrañar su arte.

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