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Kusturica, de embajador de los Balcanes a repudiado en su Sarajevo natal

El director de cine, que actúa este jueves en el Festival Cruïlla, es criticado en Bosnia por su amistad con Milosevic y su apoyo a los ultranacionalistas serbios

Emir Kusturica en un concierto en Madrid en agosto.
Emir Kusturica en un concierto en Madrid en agosto.

El director de cine Emir Kusturica actuará esta noche en Barcelona con su exitoso grupo de punk rock balcánico, la No Smoking Orchestra. Desde que fundó este conjunto alocado y circense, Kusturica ha dado centenares de conciertos multitudinarios por los recintos más prestigiosos del planeta. Sólo hay un lugar en el mundo donde el máximo embajador de los Balcanes tiene vetado actuar: su ciudad natal de Sarajevo, donde se le repudia por su apoyo a los ultranacionalistas serbios.

Admirador de Milosevic, le gustaba conversar con él mientras el político trasegaba whiskys

La de Kusturica es una paradoja trágica. "Nací en Sarajevo, esa ciudad forma parte de mi historia personal", ha explicado el realizador a EL PAÍS en declaraciones por correo electrónico. Además, Kusturica es uno de los forjadores del mito de Sarajevo, puesto que la colocó en el mapa cultural de Yugoslavia. Desde los títulos de crédito de su primera película, ¿Te acuerdas de Dolly Bell?, la ciudad queda inmortalizada como una hechizante aglomeración de minaretes y tejados rojizos que se extiende al fondo de un ancho valle. Su majestuoso despliegue, donde quizás aguarda una vida mejor, es la aspiración de los protagonistas de la película, habitantes de una barriada de las colinas que acuden a una vetusta feria mientras suena el 24.000 baci de Adriano Celentano.

Los sarajevitas consideran la actitud de Kusturica durante la guerra como una traición.

Mientras Kusturica rodaba sus primeras obras en la década de los 80, Sarajevo desarrollaba una escena cultural vibrante que hoy el cineasta recuerda como "una ebullición creativa". Junto a Kusturica, en este movimiento descarado sobresalía la banda de punk rock Zabranjeno Pusenje (Prohibido fumar), cuyo cantante, Nele Karajlic, era amigo del director. Aunque Kusturica prefería la guitarra, cuando el grupo se quedó sin nadie que tocase el bajo le preguntó a Karajlic si era difícil dominar el instrumento. Después de que Karajlic le respondiese que no, si uno es talentoso, Kusturica sentenció: "Pues yo soy talentoso" y los compinches sellaron el fichaje con un trago de aguardiente. Según rememoraba ayer el director, consiguió ser bajista "a base de gusto, voluntad y práctica". Pese a que su trayectoria en la banda duró pocos meses, fue el embrión de su carrera musical, que se ha prolongado hasta hoy con la No Smoking Orchestra, "un grupo de virtuosos" en el que confiesa que intenta "estar a la altura".

Admirador de Milosevic 

Aunque Kusturica había abandonado Sarajevo como tema cinematográfico ya desde mediados los 80, fue la guerra de Bosnia lo que desbarató para siempre la relación con su ciudad natal. Con el estallido del conflicto bélico, arreciaron las presiones para que los sarajevitas de todas las etnias eligiesen bando, sin matiz alguno. Mientras las bombas del ejército yugoslavo llovían sobre la ciudad, Kusturica dio una entrevista telefónica desde París implorando a sus conciudadanos que no se resistiesen. En su autobiografía, titulada ¿Dónde estoy en esta historia?, el director asegura que se trató de un intento de calmar los ánimos, pero su postura fue malinterpretada como apoyo tácito al bando serbio. Pese a que sentía el impulso de volver a su ciudad en guerra, le advirtieron de que corría peligro por haberse significado, de forma que desechó sus planes de regreso. Abandonados por su figura más internacional en un momento de extrema agonía, los sarajevitas jamás han perdonado que les dejase en la estacada y consideran la actitud de Kusturica durante la guerra como una traición.

Desde aquellos sucesos, las relaciones entre el cineasta y su Sarajevo natal son controvertidas y tormentosas. Las autoridades de la ciudad entregaron su piso al escritor Nedzad Ibrisimovic, hasta entonces conocido por sus borracheras monumentales, quien de golpe había cambiado la taberna por la mezquita y el alcoholismo por la causa nacional bosniaca. En el extremo opuesto de la polarización identitaria, Kusturica empezó a declararse abiertamente como serbio, un proceso que culminaría con su conversión al cristianismo ortodoxo. En su bautizo a la edad de cincuenta años, el director cambió su nombre musulmán, Emir, por el de Nemanja, en homenaje a la más gloriosa dinastía medieval serbia. Admirador de Slobodan Milosevic por su carácter avasallador y su defensa de Yugoslavia, le gustaba conversar con él mientras el político trasegaba whiskys. En la época, esta fascinación llegó a tal punto que Kusturica ha afirmado que sólo le faltó tatuarse su rostro.

Cuando rompió relaciones con el compositor Goran Bregovic, autor de las bandas sonoras con fanfarrias que se convirtieron en parte esencial de sus películas, Kusturica retomó la relación con Nele Karajlic, su viejo amigo músico de los años 80. Como el director, Karajlic se había alejado de Sarajevo temiendo ser asesinado por su fama de proserbio y se había convertido también en un proscrito en su propia ciudad. Retomando el nombre de "Prohibido Fumar" del grupo de culto que les había unido, estos dos ilustres sarajevitas, ahora caídos en desgracia, fundaron la No Smoking Orchestra. "Lo hicimos sin un plan fijo, tras el estreno de Gato negro, gato blanco. El éxito y el entusiasmo del público hicieron que, muy rápido, nos invitasen a tocar por todo el mundo. ¡Y hace ya 20 años que dura!". Para celebrar este aniversario, la No Smoking Orchestra ha lanzado su disco más reciente, Corps Diplomatique", que viene a presentar en el Festival Cruïlla de Tardor.

Kusturica no se extiende en pormenores sobre la posibilidad de reconciliarse con Sarajevo, quizás escamado con los medios de comunicación, a los que considera "una fosa séptica". No obstante, en una entrevista que concedió a una cadena sarajevita, el realizador declaró que es absurdo pensar que algún día pueda pasear de nuevo por su ciudad natal, puesto que los dos tienen "emociones incompatibles". En su autobiografía, Kusturica afirma que ha soñado con Sarajevo una sola vez: una pesadilla en la que contemplaba la ciudad desde el asiento trasero de un coche, mientras, por las calles que había llegado a conocer tan bien, circulaba una multitud de rostros extraños.

La doble cara política

Hijo de un antiguo partisano y alto cargo del Partido Comunista, en su juventud Kusturica escuchaba obsesivamente a The Clash y estaba fascinado por el compromiso de su cantante, Joe Strummer, con el sandinismo en Nicaragua. Sus convicciones antiimperialistas se reforzaron con la disolución de Yugoslavia, que considera fruto de un plan trazado por las grandes potencias occidentales y la OTAN. Proclive a lanzar airadas filípicas contra el capitalismo, el director actúa vestido como Emiliano Zapata y acaba de estrenar un documental titulado "El Pepe. Una vida suprema", en el que conversa con el ex presidente uruguayo José Mújica.

Aunque cultiva una imagen contestataria ante el público internacional, en casa Kusturica coquetea con el nacionalismo serbio, aun cuando ambas ideologías parecen inconciliables. Para el parque temático que impulsa en Visegrado, un intento de reproducir la ciudad tal como aparece descrita en la novela El puente sobre el Drina de Ivo Andric, el cineasta dispone de una financiación cuantiosa y opaca suministrada por la República Srpska, la entidad de Bosnia con mayoría de serbios. Así pues, no es extraño que, en las recientes elecciones a la presidencia, pidiese el voto para Milorad Dodik, principal líder nacionalista serbobosnio. Estos días Kusturica ha comparado a su mecenas con "el mejor delantero centro del mundo", mientras Dodik anunciaba su intención de nombrarle asesor presidencial

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