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“Usé la fotografía como un ansiolítico”

Pedro Almodóvar inaugura su segunda exposición de bodegones

Pedro Almodóvar, en la sala de la madrileña galería Marlborough donde se exponen sus fotografías. EFE

Durante gran parte de 2017, Pedro Almodóvar estuvo encerrado escribiendo el guion de Dolor y gloria. “Intento abstraerme, que nada me moleste de la escritura, así que, por ejemplo, escucho música sin letra, para que no me contamine”, recuerda. Solo se permitió un divertimento: la fotografía, un arte que habitualmente aparece en su cine, pero que el cineasta no había practicado por sí mismo. Usando dos fondos, lo que ve en su oficina hacia la izquierda, y un enchufe y una ventana de su cocina, Almodóvar se dedicó a crear bodegones, naturalezas muertas con elementos decorativos de su casa. “Usé la fotografía como un ansiolítico”, confiesa, “cuando descansaba del guion”. El resultado ya se pudo ver en septiembre en La Fresh Gallery, en una exposición cuyas ventas tuvieron fines benéficos, y desde ayer se prolonga en la galería Marlborough, dentro de PHotoEspaña.

'4 peras conferencia' (2017), de Pedro Almodóvar. ampliar foto
'4 peras conferencia' (2017), de Pedro Almodóvar.

“No quiero llamarlo hobby, porque no lo practico, pero tampoco tengo grandes pretensiones con ellas”, asegura Almodóvar, sentado en una sala colindante a la que alberga su exposición. Ante todo defiende el “poder narrativo de la fotografía”. De ahí la constante presencia de este arte en su cine. “Cierto. A mí, antes que los vídeos o los súper-8 del pasado, me sugieren mucho más las fotografías. Provocan un gran misterio. El tiempo favorece el contenido expresivo de las fotos, va dándole significados”. La recreación en La mala educación del retrato del seminarista portero realizado por Ramón Masats (“Ese tipo de fotografía española siempre me ha apasionado”); la fotografía clave de Los abrazos rotos... “Muchas fotos que salen en mi cine tienen además gran valor sentimental para mí, como la de Pina Bausch en la cabecera de la cama de Leonor Watling en Hable con ella. En general, muestro retratos que tienen que ver conmigo”.

"Un tiempo de alegría y alivio"

Pedro Almodóvar se define, tras estos últimos siete días, como “perplejo”. “Como estoy en preproducción, no he podido seguir la actualidad al segundo, pero sí siento que cada día está pasando algo nuevo e importantísimo”, reflexiona sonriendo. “Yo estoy muy contento, aunque estamos en el final de la perplejidad. No son hechos comparables, que quede claro, no salimos de una dictadura, pero me invade una sensación similar a la que viví con la muerte de Franco: de alegría, desahogo, de alivio. Y recuerdo perfectamente dónde estuve en ambos momentos”.

La exposición se titula Vida detenida, la traducción literal de still life, naturaleza muerta en inglés. “Utilizo flores, jarrones, elementos a mi mano. Algo muy grato, porque son mis cosas, y siento que están dialogando conmigo. Pero es un divertimento, no puedo pretender igualar a, por ejemplo, el uso de las flores por parte de Robert Mapplethorpe”. Aunque, dicho esto, Almodóvar elucubra: “Están realizadas con luz natural, con una cámara digital, sin más trabajo ni retoque que la composición. A lo mejor me pongo a aprender algo de técnica, sobre todo en cuanto a iluminación. Hoy por hoy, mi ambición es homenajear a grandes cuadros”. De ahí los títulos: La hora Zurbarán; Morandi, siempre; Homenaje a Ettore Sottsass... “Creo composiciones agradables, bonitas, con las que se puede vivir”. El mismo cineasta echa a reír antes de haya tiempo a la repregunta: “Exactamente lo contrario que mi cine, basado en la provocación, en la sensación de plantearse cosas, inquietante”.

 

Retratos de soledad

El bodegón, habiendo encontrado eco por toda Europa, posee un arraigo especial en el arte español. “Desde Sánchez Cotán, de cuyos bodegones hay una gran muestra en el Prado, y Zurbarán, creo que todos los pintores se han acercado en algún momento a este género. Picasso, Antonio López... Me gustaría ahondar en que la mayor parte de ellos retratan momentos de vida, no cosas muertas, y por eso he titulado así la exposición. Me siento, en esta labor, muy influido por Antonio López, por el hiperrealismo, por su retrato de la soledad”.

El cineasta ha llevado la conversación hasta su nueva película, Dolor y gloria, que empieza a rodar a mitad de julio. “De esta soledad de la que estamos hablando nace este proyecto. Cuidado, la película no tiene relación con las fotos, no quiero decir eso”. Su drama hablará de un director (encarnado por Antonio Banderas) en su ocaso. ¿Puede que esté preparando un Almodóvar 8 1/2? “No, pero esa película está presente en la historia, porque hablo de un cineasta en crisis y... ay, no puedo decir una palabra clave que lo explicaría mejor. Me gustan los filmes de directores en crisis, y sí, hay Fellini 8 1/2 tanto como Opening Night, de Cassavetes; Arrebato, de Zulueta, o La noche americana, de Truffaut. Y poco más puedo contar. Bueno, sí, que yo estoy en cada una de las secuencias pero, atención, no siempre en la figura del director. Beben todas de mis experiencias”.