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Cerrar la boca, escuchar a la gente

Representaba el azote de la intelectualidad políticamente correcta y la mirada ácida sobre los golpes de pecho de los progresistas

Tom Wolfe, el 26 de julio de 2017, en su casa de Nueva York.
Tom Wolfe, el 26 de julio de 2017, en su casa de Nueva York. AP

Febrero de 2005. Nueva York. Blanco y naranja fuera, blanco y azul dentro. Fuera es Central Park cubierto de nieve con sus 38 kilómetros de paseos tomados por el escultor Christo: 7.503 marcos de puertas de madera de los que cuelgan telas de color azafrán. Dentro es el piso 14 del edificio en el que vive Tom Wolfe, vestido de blanco —como siempre— con camisa azul. Cierro los ojos y me acuerdo de sus ojos: irónicos, sarcásticos, eléctricos. Azules también.

Mi preocupación no era el libro que Wolfe publicaba (Soy Charlotte Simmons) y que, con paciencia y oficio, explicaba a los lectores de EL PAÍS; había leído sus 676 páginas y me había gustado menos que los anteriores. Mi problema era hablar con él, con un tipo así, y mantener el tipo. Y hacerle una pregunta, sobre todo una pregunta.

Lo puso fácil. No le costaba nada responder a lo que tantas veces le habían preguntado, ni hizo el menor esfuerzo para despegarse de su cliché: el azote de la intelectualidad políticamente correcta — “son tan reaccionarios, tan reaccionarios”—, su mirada ácida sobre los golpes de pecho de los progresistas —“me burlo de la gente que valora la indignación moral por sí misma”—, la crítica feroz de las universidades ajenas a la vida real, la celebración de EE UU, con todos los defectos, como un país maravilloso.

Y lo puso claro para aquella pregunta. ¡El nuevo periodismo, qué nervios, hablar con su inventor! ¿Qué es exactamente el nuevo periodismo? Muy sencillo: “Hay un malentendido. La gente cree que es dar tus opiniones, mezclarlas con la historia que estás contando. Para mí, jamás fue eso. Nunca utilicé la primera persona del singular. ¿Por qué, si lo único que soy es un observador? ¿A quién le interesan las impresiones de un periodista? Para escribir hace falta el mismo esfuerzo que para informar: el esfuerzo de tener la boca cerrada y escuchar exactamente cómo habla la gente y qué es lo que dice”. Así de sencillo, Tom Wolfe. Nunca lo he olvidado.