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Canciones para resistir

Luisa y Cuco Pérez reúnen las canciones que su madre y otros refugiados españoles coreaban en los campos de concentración franceses

Luisa y Cuco Pérez, el pasado viernes en Segovia.
Luisa y Cuco Pérez, el pasado viernes en Segovia. EL PAÍS

Luisa y Cuco Pérez saben que la música se pega a la memoria como un traje de buzo al cuerpo y que es capaz de defender su hueco incluso cuando se ha olvidado todo lo demás. Lo aprendieron en las residencias de ancianos a las que iban a dar conciertos de coplas y tangos; de repente un enfermo de alzhéimer que no recordaba su propio nombre recitaba estrofas enteras sin pestañear. Y lo vieron también en su propia casa, cuando de pequeños, aún sin entender su contenido, escuchaban a su madre cantar las canciones que los españoles coreaban en los campos de concentración franceses. Luisa de la Cruz era apenas una niña cuando cruzó los Pirineos huyendo de Franco, pero nunca olvidó aquellos estribillos de hambre y de frío. Sabiendo que la música seguía ahí, guardada entre los recuerdos de los españoles que recalaron en los barracones de Argelès-sur-Mer o Rivesaltes, ambos hermanos decidieron ir a buscarlas.

El resultado es Allez Allez, un disco en el que interpretan 12 temas, la banda sonora de los republicanos que huyeron a Francia tras perder la Guerra Civil y fueron confinados en campos de concentración. Cuco, acordeonista, ha acompañado a artistas como María Dolores Pradera o Joaquín Sabina y a los grupos Celtas Cortos y Revólver. Luisa es solista y ha publicado un disco con canciones del poeta Ángel González. Este viernes actuarán solos en el centro Conde Duque (Madrid) para cantar la historia de una larga familia.

La familia De la Cruz en el campo de Récébédou en 1941.
La familia De la Cruz en el campo de Récébédou en 1941.

“Contactamos con muchos refugiados españoles que después de pasar por los campos se habían quedado en Francia. Íbamos a sus casas y les pedíamos que nos cantaran las canciones. Algunos tenían casi 100 años”, recuerda Cuco. “Uno cantaba una estrofa y otro la completaba. Así fuimos reconstruyendo el puzle”. "Conocerles -añade Luisa-, fue muy emocionante, como encontrar a otra parte de nuestra familia. Nos unen muchas cosas y seguimos en contacto”.

Las canciones hablan de las terribles condiciones que se encontraron los españoles al cruzar a Francia: la escasez de comida, los piojos, los chinches, las humillaciones de los campos de concentración. Pero muchas de ellas lo hacen de forma jocosa, riéndose de su mala suerte, como si el humor fuera la última forma de resistencia. “Son canciones sobre todo de desahogo. Creo que al cantarlas en grupo se sentían mejor. Casi todas se construyen sobre melodías populares de la época: coplas, zarzuelas, tangos o habaneras ”, explica Cuco.

En los barracones del abandono,los refugiados españoles se organizaron para compartir lo poco que tenían. Como el abuelo de Luisa y Cuco, Cesáreo de la Cruz, era maestro, daba clases a los niños y enseñaba francés a los adultos. Y los músicos crearon humildes orquestas. Tocaban los instrumentos que habían decidido llevarse en su huida de España sacrificando así una mano para otra maleta, y también otros que construyeron en los propios campos de concentración con maderas, alambres o trozos de metal.

Retratos de Cesáreo de la Cruz y Norberta Gómez elaborados por otro refugiado.
Retratos de Cesáreo de la Cruz y Norberta Gómez elaborados por otro refugiado.

La idea de recopilar las canciones de los refugiados surgió tras un viaje a los campos de concentración. “Mi madre reconoció enseguida su islote, el F, en Rivesaltes.  Nos impresionó muchísimo imaginarles allí, viviendo en aquellas condiciones”, recuerda Cuco. Luisa de la Cruz tenía 7 años cuando cruzó la frontera con sus padres, su hermano, de 11, y una marea de republicanos vencidos por Franco. La familia estuvo dando tumbos por campos de concentración franceses y caseríos donde les dejaban dormir en un establo a cambio de trabajar en el campo. La hermana pequeña de Luisa, Blanca, nació en uno de ellos. "Fueron humillados. Se les quiso arrebatar la dignidad. Los que huían en busca de la libertad esperaban otro tipo de acogida. Eso no es Francia”, declaró el entonces primer ministro, Manuel Valls, cuando, en 2015, inauguró un memorial en Rivesaltes. Desde la localidad francesa, a 30 kilómetros de la frontera oriental con España, el país les pedía perdón 76 años después.

Casi la mitad de los 20.000 españoles que pasaron por Rivesaltes fueron enviados a los campos de la muerte nazis. La familia De la Cruz tuvo suerte porque en 1942 decidió volver a España. Un cura y un guardia civil del pueblo donde Cesáreo daba clases habían hecho sendos informes acusándole de ateo, socialista y "hombre de alma baja", así que primero fueron su mujer y sus hijos. Tras comprobar que no habría represalias contra él, le enviaron una carta indicándole con una contraseña ("la niña está bien") que podía volver a casa.

Luisa de la Cruz murió en 2012, sin llegar a ver el disco de sus hijos terminado. Pero los hermanos la grabaron a tiempo para incluirla en el disco. Oirán su risa y cómo canta algunas estrofas si van al concierto. También son suyas la maleta y la roída manta del campo que Luisa y Cuco colocarán sobre el escenario. En amarillo está bordada la fecha de llegada: 1939. Hace una vida entera, pero la música sigue ahí.  

Antiguo barracón en Rivesaltes.
Antiguo barracón en Rivesaltes.

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