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Michael Nyman compone una ópera sobre la maleta mexicana de Capa

El compositor, de gira por España, se inspira en las fotografías de la Guerra Civil que durante 70 años permanecieron inéditas

Máquina de escribir destrozada tras un bombardeo en Gijón en 1937. Imagen encontrada en la maleta mexicana con negativos de Robert Capa, Gerda Taro y Chim (David Seymour).
Máquina de escribir destrozada tras un bombardeo en Gijón en 1937. Imagen encontrada en la maleta mexicana con negativos de Robert Capa, Gerda Taro y Chim (David Seymour). Magnum

Cuando alrededor de 2010, su amiga Trisha Ziff le convenció para que hiciera la música de su documental La maleta mexicana, Michael Nyman apenas conocía de las peripecias de Robert Capa y Gerda Taro. “No sabía nada de la Guerra Civil española, nada de los extranjeros que combatieron allí, nada de la diáspora y el exilio y mucho menos de la generosidad que tuvo el Gobierno mexicano de entonces con los que perdieron la guerra en España”, asegura el músico. Pero entre su pasión por la historia y la fotografía, entró a fondo. Y quedó atrapado en el hilo de desgracias que ha marcado el siglo XX hasta el punto de no quedarse satisfecho sólo con la banda sonora del documental. “Ahora preparo una ópera”, anuncia.

Lo dice cuando está a punto de llegar al país donde ambos convivieron durante la guerra como fotógrafos y en el que Taro murió aplastada por un tanque republicano. Fue cerca de El Escorial, en un accidente provocado por la confusión de un vuelo rasante por parte de la aviación franquista. Tenía 26 años. Hasta entonces, ella fue la mitad de Robert Capa. El pseudónimo lo ocupaban dos: la alemana y Endre Ernö Friedmann, su pareja y colega húngaro de procedencia judía, que finalmente firmaría siempre como tal hasta su muerte en 1957.

David Seymour fue el tercero en esta historia que acaba en México. Allí es donde aparece en la década de los noventa una maleta con 4.000 negativos correspondientes a los tres reporteros gráficos. Y de ese viaje da cuenta la ópera de Nyman. “En un mundo en que cada vez se reclaman más fronteras, esta es una historia ejemplar”, asegura el músico. Más para un acto generoso, como el que México y el Gobierno de Lázaro Cárdenas demostró con la acogida de los españoles desterrados. “Que a un país que ha sido capaz de dar tanto con una apertura como aquella se le quieran poner trabas y cerrar el paso, es significativo del tiempo que vivimos”.

Nyman siente ese desprecio hacia México como algo propio. Ha vivido años allí, un país que el británico considera, según él mismo, “mi hábitat natural”. Es en el DF donde ha mantenido relación con exiliados españoles y descendientes de los mismos: “Aquella avalancha ayudó a enriquecer la cultura mexicana. Sigue siendo algo muy presente y muy vivo todavía hoy”, afirma.

Cuando el minimalismo se masificó

Hubo un tiempo en que el minimalismo se traicionó a sí mismo en lo que a dimensiones concierne -que no a filosofía y principios- y se masificó como movimiento. Fue gracias al cine. Pero también al pop. A la cultura popular, en resumen. Philip Glass y Michael Nyman fueron líderes de un estilo que trató de volver a buscar la complicidad con un público que huía del término música contemporánea. Lo lograron siendo fieles a sí mismos tanto en la obra que componían para formas clásicas para públicos reducidos –sinfonías, conciertos, cuartetos, sonatas y óperas- como para audiencias mucho más grandes a través del cine. Su estilo cuajó en pantalla y triunfaron. Lo mismo que Brian Eno consiguió en el pop, adhiriéndose a artistas como David Bowie o U2. Esas alianzas puede que los catapulten hacia la historia con mejor suerte que a muchos colegas menos avispados. Mérito suyo. Tampoco hacen de menos esa parte de su obra. La engrandecen así sin necesidad de marcarla como un precio a pagar para su supervivencia. Eso, los ennoblece. Y así lo demuestra Michael Nymen, 40 años después de gira mundial con su banda: "Estamos haciendo, por decirlo de algún modo, nuestros grandes éxitos".

Como lo son para él las experiencias que lo han marcado. Aquel balbuciente minimalismo que lo atrapó en Londres hacia los años setenta: “Con referentes como Philip Glass o Brian Eno”. La alianza, que ya es historia del cine, entre él y Peter Greenaway para películas tan avasalladoras, inquietantes e inclasificables como El contrato del dibujante, El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

“Están muy presentes dentro de esta gira en que celebramos 40 años juntos con nuestra banda”, anuncia Nyman. “Son obras en las que la música que hice la siento mucho más propia que en otras como El piano”, asegura. Aquella banda sonora le dio fama mundial, pero, aun así, la nota mucho más lejana. “En aquella ocasión, pertenecía más a la directora de la película, Jane Campion, o incluso al personaje de Holly Hunter, que a mí”, confiesa.

No es que por eso reniegue de inspiraciones en torno a los personajes que retrata. Se trata de un juego que llevó al límite en otra de sus obras maestras como compositor: Wonderland, creada para la película de Michael Winterbottom: “Aquella fue especial. Retrataba un Londres tan oscuro y frustrado que la música debía marcar en ellos los deseos y los sueños que la realidad les negaba. Así que a cada pieza le di el nombre de uno de los protagonistas”, asegura.

Nyman actúa este domingo en Madrid, dentro del ciclo del Centro Nacional de Difusión Musical. Pero antes hace parada en Burgos (día 16) y Barcelona (17). Durante sus conciertos, el auto dará repaso a sus bandas sonoras, pero también a sus piezas orquestales. Las considera abiertas. En cambio y transformación constante. “Una de los aspectos con los que más disfrutamos es con la evolución que afecta a las obras después de tocarlas juntos tantas veces. No se parecen nada a la primera: al estilo clásico le añadimos mucho swing”.

En eso enfrenta dos aspectos de la naturaleza musical en perpetuo conflicto: “El propio egoísmo de un compositor y la necesidad de crear para compartir”. Nyman ha realizado un viaje vital y artístico alimentado tanto por los orígenes como por la ultra vanguardia. “Desde que comencé a componer, me atrajeron de la misma manera el poder de los barrocos y renacentistas –tanto Bach, Purcell o Francisco de Vitoria y Cabezón- como las obras rompedoras de Pierre Boulez o Stockhausen”, asegura.

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