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MARIANO JABONERO Candidato español a presidir la OEI

“Hay que cambiar ya el modelo de cooperación para América Latina”

El actual director de Educación en la Fundación Santillana habla sobre políticas educativas y la acción cultural, y su situación actual en Iberoamérica

Mariano Jabonero Blanco, retratado la semana pasada en Madrid.
Mariano Jabonero Blanco, retratado la semana pasada en Madrid.

Mariano Jabonero (San Martín de Valdeiglesias, Madrid, 1953) es el candidato del Gobierno español para suceder al brasileño Paulo Speller el próximo 23 de abril en la secretaría general de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el organismo internacional de cooperación para la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología en América Latina. Jabonero, licenciado en Filosofía y en Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense y actual director de Educación en la Fundación Santillana, es un experto en la materia: ya ocupó la dirección general de la OEI entre 2003 y 2010.

Pregunta. Las políticas educativas y la acción cultural son ejes centrales en la acción de la OEI. ¿Cómo es su situación actual en Iberoamérica?

Respuesta. La educación y la cultura tienen cada vez un mayor valor político en Iberoamérica. El crecimiento de una sociedad más globalizada exige más competencias, y millones de trabajadores de América Latina están saliendo de allí. Y en función de su cualificación tienen más o menos oportunidades. Así que la demanda social de educación y cultura es mucho más fuerte, hasta el punto de generar situaciones de conflictividad social en algunas zonas cuando no es satisfecha…

P. ¿Cuáles son los casos más preocupantes?

R. El fracaso y la violencia escolar en Centroamérica. Las famosas maras de Centroamérica, que están todos los días en las noticias de sucesos, tienen que ver con ese fracaso. Y no es un problema de El Salvador o de Honduras aisladamente, es un problema regional.

P. ¿Está garantizada, a nivel presupuestario, esa apuesta educativa y cultural de los países del área?

R. Iberoamérica está invirtiendo en educación mucho más que la media mundial, en torno a cinco puntos más. La tasa de analfabetismo es ya muy baja. La población en general ya tiene acceso a la lectoescritura y al cálculo, y la tasa de escolarización en la educación primaria y básica está prácticamente en el 100%.

P. ¿Quiere eso decir que se han diluido las tradicionales desigualdades de la región?

R. No. Los sistemas educativos de América Latina siguen teniendo problemas de calidad y de inequidad. Se va mucho a la escuela pero los rendimientos son todavía bajos, aunque algunos mejoran significativamente: Perú es el país del mundo que más ha avanzado en la prueba Pisa. Pero en Latinoamérica las diferencias entre ricos y pobres siguen siendo enormes y la escuela es un índice más de esa desigualdad.

P. En un artículo publicado en EL PAÍS usted aludió a tres pilares básicos para la mejora de los sistemas educativos en Iberoamérica: matemáticas, lectura y competencias no cognitivas. ¿En qué consiste exactamente esta tercera pata?

R. Las capacidades no cognitivas son las no instrumentales, aquellas referidas a habilidades sociales, a ciudadanía, a trabajar en equipo, a la perseverancia y el esfuerzo, a ser solidario… Una cosa es saber mecánica y otra es saber estar y saber trabajar con un grupo de ingenieros mecánicos.

P. ¿De qué otros retos educativos podemos hablar?

R. Es fundamental la formación y evaluación del profesorado y de líderes escolares que permitan que la educación esté mejor gestionada. A menudo no ha habido criterios de selección, ni de formación, se ha trabajado en un peligroso corto plazo.

P. ¿Y en el ámbito de la cultura?

R. Es fundamental la puesta en valor de las culturas propias. Iberoamérica tiene una gran diversidad cultural sobre la cual hay cierta lectura etnicista.

P. También, desde el exterior, una lectura homogeneizadora e injusta de Iberoamérica, casi como si fuera un solo país, ¿no?

R. En efecto, uno de los mayores errores en la aproximación a Iberoamérica es esa lectura uniformista.

P. ¿Qué no se ha hecho todo lo bien que podría haberse hecho en el seno de la OEI?

R. Se ha trabajado tradicionalmente con un modelo de cooperación clásico: Norte-Sur, donante-beneficiario. Es un modelo de tipo compensatorio que hay que revisar en profundidad. Hay que cambiar ya el modelo de cooperación para América Latina. Mi reto es un modelo más paritario, más Sur-Sur, más compartido, más dialogado y con una estructura y una lógica iberoamericanas.

P. Está hablando de viejos modelos a lo Bienvenido, Mr. Marshall que ya no son de recibo…

R. Es que ya no valen. Se necesita un modelo de apoyo estructural y estratégico a políticas públicas de mejora de calidad, de equidad.

P. ¿Es el cargo de secretario general de la OEI un cargo diplomático?

R. Algo de diplomático tiene, sí. La OEI es un instrumento de política internacional.

P. Para el país que lo dirija puede llegar también a traducirse en un interesante instrumento de política comercial, ¿no?

R. Bueno, todo está relacionado. Hay una realidad que es la industria de la lengua, 500 millones de personas que usan el español.