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Muere Mark E. Smith, cantante y líder de la banda británica The Fall

El grupo canceló conciertos en agosto tras la hospitalización del vocalista por problemas respiratorios

Mark E Smith
El cantante y líder de la banda The Fall, Mark E. Smith, durante un concierto en 1979. Redferns

Para comprobar la influencia e importancia de Mark E. Smith basta mirar quiénes han lamentado su muerte. Miembros de cuatro generaciones de músicos lloraron la pérdida, desde el bardo marxista Billy Bragg, a Geoff Barrow, geniecillo tras los electrónicos Portishead, pasando por Blur y Oasis, Sonic Youth, LCD Soundsystem o Mouse on Mars. Aquel hombre menudo, fallecido el miércoles a los 60 años a causa de una enfermedad respiratoria, se había convertido en la quintaesencia del punk británico.

Smith era conocido por su mal carácter. Por The Fall, la banda con la que ingresó a finales de los setenta en la historia del rock, pasaron 66 músicos. Se decía de él que había despedido a más intérpretes que el resto de sus coetáneos juntos. Todo el mundo era sustituible, excepto él mismo. “Si estoy yo y tu abuela con unos bongos, entonces es un bolo de The Fall”, le dijo una vez a un periodista.

Efectivamente, él era The Fall, grupo que decidió formar en 1976, después de aquel famoso concierto de los Sex Pistols en Mánchester, su ciudad, en el que entraron menos de 40 personas, que en su mayoría salieron de allí para formar bandas históricas, como Joy Division, Buzzcocks o The Smiths. De todos, el más duradero y prolífico fue The Fall: 31 discos de estudio —el primero, de 1979; el último, New Facts Emerge, en 2017—, y al menos 32 álbumes en directo, muchos de ellos, de la mano del legendario locutor de la BBC John Peel. “Son siempre diferentes, son siempre lo mismo”, dijo de The Fall, su formación favorita.

Cuentan que el Mánchester que dio lugar a The Fall tenía todos los defectos de una urbe industrial en decadencia —paro, pobreza, polución...— y ninguna de sus compensaciones culturales. Las mentes hambrientas de la ciudad se aferraban a cualquier cosa y el punk fue perfecto para canalizar tanta ansiedad. The Fall no hizo mucho por la estética punk; parecían estudiantes sin recursos, pero enloquecieron por otras vías de escape, la literatura (el nombre de la banda lo sacaron de una obra de Camus), la música y las sustancias, especialmente el alcohol.

Al principio parecían más un grupo de poesía que una banda de rock. Eran intelectuales de clase obrera que en lo musical seguían el ruidismo de la Velvet Underground, el gusto por la repetición de los alemanes Can y la actitud agresiva de los Sex Pistols. Ese afán por provocar y un sentido del humor destructivo y negrísimo no le abandonaron nunca a Smith. Educado por su cuenta a base de una dieta omnívora de lecturas, desconfiaba de todo lo académico y de cualquier tipo de arte aceptado por el sistema. Con estos mimbres a nadie extrañará que el éxito comercial no fuera su principal objetivo. Tampoco lo rechazaba, y hasta lo consiguió ocasionalmente, como cuando coló The Infotainment Scan (1993) entre los 10 discos más vendidos.

Pero el logro más importante de The Fall, lo que ha hecho que tantos recuerden a Smith tras su muerte, ha sido su influencia en miles de chavales que gracias a él descubrieron el poder de lo crudo y lo ácido. No hay fans a tiempo parcial de The Fall. Quien cae bajo el hechizo de su mundo terrorífico se convierte en un experto.

Rockero y antirockista a un tiempo, inclasificable y único, con el tiempo Mark E. Smith se reveló como uno de los grandes letristas de su generación y uno de los que mejor entendió el punk y su mutación en el post punk.

Siempre miraba hacia adelante. Durante sus giras tocaba material nuevo y nunca mostró nostalgia por el pasado. En los últimos tiempos, sufría severos problemas de salud y parecía prematuramente envejecido. Pero solo físicamente. Por dentro, fluía intacta la rabia.

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