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Modernismo con alma

Antes de debutar con esta película que equilibra control formal y emoción no impostada, Kogonada ya era una estrella del videoensayo fílmico

Columbus
Una imagen de 'Columbus'.

COLUMBUS

Dirección: Kogonada.

Intérpretes: John Cho, Haley Lou Richardson, Parker Posey, Rory Culkin.

Género: drama. Estados Unidos, 2017

Duración: 100 minutos.

Antes de debutar con esta película que equilibra control formal y emoción no impostada, Kogonada ya era una estrella. Por lo menos en el terreno del videoensayo, formato para el análisis fílmico que la democratización de las nuevas herramientas de edición ha puesto al alcance de todo crítico dispuesto a diseccionar la imagen a través de la propia imagen. Su obra en ese terreno conforma un rico catálogo de afinidades que parte de Yasujiro Ozu –en el principio estuvo su empeño de desentrañar el misterio subyacente a la simplicidad expresiva del japonés- para recorrer algunos de los puntos clave en una poética de la modernidad dispuesta a alcanzar una verdad humanista a través de la abstracción. Muy populares han sido sus piezas dedicadas al gusto por las simetrías en la obra de Stanley Kubrick y Wes Anderson y su aproximación a la poética bressoniana mediante planos detalle de las manos de sus personajes merece ser considerada poco menos que magistral. Comisionado por el British Film Institute, su videoensayo ¿Qué es Neorrealismo? comparaba los dos montajes de Estación Termini (1953) de Vittorio de Sica –el del director y el de David O. Selznick- para reivindicar el manejo del tiempo por parte del cineasta -su interés en las figuras secundarias, los tiempos muertos y los cabos sueltos- para extraer una esclarecedora conclusión: preguntarse qué es el neorrealismo es preguntarse qué es el cine.

Inevitable que resuene el eco de esa pregunta ante Columbus, película cuyos personajes resultan indisociables del espacio que acoge su azaroso encuentro: la ciudad de Indiana que extendió una generosa invitación a la arquitectura moderna para que creadores como Eero Saarinen, Richard Meier e I. M. Pei propusieran nuevos modelos de relación entre el ciudadano y su entorno. Una ciudad, en suma, con un banco transparente a la altura del hombre y con una iglesia cuya fachada propone un paradójico equilibrio asimétrico. Si en el cine de Antonioni la arquitectura moderna servía para alienar a los personajes y obstaculizar su comunicación, Kogonada prefiere hablar de arquitectura curativa y de modernismo con alma, a través de los paseos de un traductor coreano en tránsito y un bibliotecaria que se debate entre si salir o no de Columbus. Los cambios de sensibilidad generacional rigen esta historia de personajes con conflicto familiar a cuestas en la que Kogonada parece proponer un nuevo modelo de cine filosófico donde forma es fondo. Y viceversa.