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Los cantos de los Llanos de Colombia y Venezuela, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco

Esta tradición musical está en "peligro por los avances de la industrialización" en un territorio de 50.000 kilómetros cuadrados

Los llaneros colombo-venezolanos cantan para acompañar su oficio de ganaderos.
Los llaneros colombo-venezolanos cantan para acompañar su oficio de ganaderos.

Los cantos de trabajo que se escuchan en Los Llanos orientales de Colombia y en Venezuela han sido reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Los ganaderos de estas regiones unen con su música a capela lo que separan las fronteras políticas. El arpa, la bandola llanera y las maracas, entre otros muchos instrumentos, marcan el ritmo de una tradición sobre la que, el organismo de la ONU, alerta "se ciernen numerosas amenazas debido a la honda transformación socioeconómica y demográfica de la sociedad llanera".

Para evitar el declive de este canto y salvaguardar una manifestación cultura que se remonta al siglo XVI, la Unesco le propone a los llaneros y a las autoridades colombianas y venezolanas crear encuentros entre maestros y jóvenes para seguir transmitiendo, en palabras del Cholo Valderrama, uno de los grandes exponentes colombianos, "las enseñanzas que me dieron mis padres".

Al contrario de las advertencias que la Unesco hizo en 2015 sobre los peligros que acechaban al vallenato caribeño, los cantos llaneros no adolecen de las mismas enfermedades que provoca la fusión con el pop y el reguetón. El griterío de los ganaderos se está perdiendo en regiones que, en el caso de Colombia, intentan salir del aislamiento por años de guerra y de olvido del Estado. "Estos cantos constituyen testimonio del devenir histórico de las comunidades y territorios en los que se inserta, resistiendo la pérdida de conocimientos y memorias colectivas que implicarían el desarrollismo o la mecanización", ha explicado María Ismenia Toledo, antropóloga experta en patrimonio cultural inmaterial, a la agencia AFP.

Para tratar de ganarle la batalla a la máquina, este fin de semana se celebra en Villavicencio, capital del Meta, y entrada a los llanos colombianos el VI Festival Llanero. Una fiesta popular que intenta revitalizarse con cocineros de prestigio como la chef Leonor Espinosa, una de las mejores de América Latina, una programación musical que mezcla cantantes del género con proyección internacional y los que aún siguen contando las historias del ganado en sus pequeños pueblos.

El festival de Villavicencio incluye también el ordeño de la vaca mañosa, la monta del potro cerrero, atrapada de gallinas y enlazada de becerro. Las prácticas del campo que se acompañan con esta música tradicional.

"Los cantos tienen notas largas y versos espaciados tanto en el arreo como en el ordeño", ha relatado Bettsimar Díaz, hija del icónico músico del folclore venezolano Simón Díaz (1928-2014), autor de la canción Caballo Viejo a AFP. "En el ordeño, los versos tienen un tono apegado a lo emocional que le sirven al ordeñador para desahogar sus penas y conseguir el apoyo de la vaca que se relaja. En el arreo, en cambio, el canto se llena de llamadas de atención a los animales para que no se pierdan y puedan seguir en grupo".

"El llano me genera paz y tranquilidad, me desconecta del mundo exterior", decía Valderrama en una entrevista con Caracol Radio, resumiendo en una frase las características de esta tierra que entre ambos países ocupa más de 50.000 kilómetros cuadrados. Y que se baila en pareja zapateando y escobillando el griterío de los vaqueros que aun perviven entre Colombia y Venezuela.

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