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El festival La Orquídea reaparece con una propuesta de cine más entretenido

El certamen ecuatoriano no se celebró en 2016 por el terremoto de abril y por falta de financiamiento

El festival La Orquídea reaparece con una propuesta de cine más entretenido

El camino más corto entre las películas de autor y el público cinéfilo pero inexperto es el festival ecuatoriano La Orquídea. El certamen ha regresado este 2017, después de un año en blanco, con una propuesta más accesible y más entretenida en la pantalla, aunque sin distanciarse de títulos independientes. El terremoto del 16 de abril del año pasado y la escasez de recursos dejaron a Cuenca y al país sin su principal evento cinematográfico, recuerda Fernando Pontón, uno de sus portavoces.

La Orquídea no es el único, pero sí el más reconocido encuentro de cine internacional de Ecuador y pugna por mantener la corona frente al de Guayaquil. Para su sexta edición, se han seleccionado 79 películas de 42 países en competición de un catálogo de más 400 recibidas. Comenzó el 24 de noviembre oficialmente pero llevaba semanas acercándose a los barrios con cine al aire libre como aperitivo. Aun así, el plato fuerte volvió a llegar de fuera, con la categoría Largometraje Internacional. Es una de las cuatro con premio, junto a Ópera Prima, Cortometraje y En Marcha (donde se escogen trabajos que necesitan apoyo para terminar de materializarse).

Es también la categoría que ha llevado a Ecuador esta semana a dos rostros muy conocidos de las pantallas de América Latina. Sonia Braga, la estrella de telenovelas brasileña que se trasladó a Hollywood en los años 80, abrió el festival con la presentación de Aquarius, del director Kleber Mendonça Filho.

La actriz comentó ante la prensa que la calle siempre fue una inspiración para ella, que el cine, al fin y al cabo, cuenta la vida de los pueblos y que el arte está en la calle. Sus declaraciones sintonizan, casualmente, con una de las propuestas alternativas de La Orquídea: el rally cinematográfico. Durante tres días, la ciudad de Los Andes se ha convertido en un estudio de grabación en exteriores y el proyecto universitario ‘Antojo’ ha evolucionado a cortometraje, en paralelo al festival.

El talento peruano de Christian Meier ha sido reconocido la Orquídea de Plata tras proyectarse su corto Terminal, pese a que la gala de premios oficial y clausura se celebra este viernes 1 de diciembre. El actor agradeció la contribución de los festivales en América Latina para inculcar en el espectador la afición al cine. También aprovechó para mandar un recado de apoyo a las billeteras de los empresarios y de las autoridades para que financien a producciones nacionales.

De Ecuador, destacan en La Orquídea varios títulos que se han movido bien en certámenes internacionales como Alba, que busca este año su nominación a los Oscar, la coproducción ecuatoriano-venezolana Translúcido, que apunta a los Goya, el documental sobre el terremoto ’52 segundos’, o el estreno de la producción kichwa Huahua sobre los dilemas de una pareja indígena a la hora de decidir la educación que le darán a un bebé en camino.

Para el vocero del festival, no solo es necesario contar con buenos proyectos para que crezca el mundo audiovisual ecuatoriano, sino también superar dificultades de producción y distribución en las salas comerciales. Ahí, comenta Portón, entra el rol de los festivales para dar visibilidad a las películas y que estas lleguen a la gran pantalla. Pero también sirven para amoldar el ojo del público a las creaciones mediante talleres paralelos que enseñan a ver más allá de la historia, a interpretar la fotografía y a valorar el guion. Por eso, el de Cuenca trata este año de atajar así la distancia entre el cine y el espectador para un beneficio recíproco.