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OPINIÓN

Región

No es oro todo lo que reluce debajo de los embalses, como la presente sequía se encarga de demostrarnos

El escritor Juan Benet, en 1977.
El escritor Juan Benet, en 1977.

“Para mí y para mi familia —y creo que para toda la gente que trabajó conmigo— los años de Porma fueron decisivos. Me atrevería a decir que fue en Porma donde completé mi formación de ingeniero, donde adquirí una forma de ejercer la profesión que se adquiere de una vez para siempre y que, con independencia de los conocimientos pasados y futuros, apenas se modificará ya, donde, para llenar las noches invernales de aquel lugar extremadamente solitario, escribí por enésima y definitiva vez una novela —Volverás a Región— que en buena medida vino a suponer cierta madurez literaria, o, al menos, un acercamiento a la afición que hasta entonces sólo había practicado a ratos perdidos y bien perdidos…”.

(Juan Benet, Prosas civiles, 1994).

Coinciden en el tiempo el 50º aniversario de la publicación de Volverás a Región, la emblemática novela de Juan Benet con la que fundó su territorio mítico, Región, al estilo de la Yoknapatawpha, de William Faulkner, o la Santa María, de Onetti, y el del cierre de la presa del embalse que construyó mientras la escribía en las montañas del río Porma, en León, y que anegó, entre otros varios, el pueblo en el que yo nací. Dos aniversarios, pues, que se complementan y que la Fundación Antonino y Cinia de Cerezales del Condado, la empresa cultural que creó el anterior presidente del mexicano grupo Modelo, fabricante de la cerveza Corona (Coronita para los españoles), en su pueblo natal, que está aguas abajo del mismo río Porma, ha utilizado para reflexionar desde muchos ángulos (literario, técnico, artístico, social, medioambiental…) sobre las políticas hidráulicas y su impacto en el territorio. El programa, que llenará varios meses, se inaugura hoy, sábado, en la sede de la fundación, un edificio espectacular del arquitecto Alejandro Zaera en un pueblecito de apenas 50 vecinos, con una exposición sobre Juan Benet, en cierto modo el culpable de todo lo que se tratará.

Lo de culpable es una figuración, por supuesto. Juan Benet con su novela, pero también con su participación en la obra que, aparte de condenar a los pueblos del valle de Vegamián a desaparecer, transformó en regadío parte de la provincia leonesa, da material para una reflexión poliédrica de las políticas hidráulicas y de sus efectos, positivos y negativos, en los territorios. Porque no es oro todo lo que reluce debajo de los embalses, como la presente sequía se encarga de volver a demostrarnos a lo largo y ancho de la geografía española. Recuerdo en una entrevista que le hice para TVE hace muchos años haberle preguntado a Benet si como escritor lo que hacía era resucitar por las noches lo que por el día destruía como ingeniero y su mirada de desconcierto, poco imaginable en él. Lo que no recuerdo es cuál fue su respuesta, pero por los archivos de TVE andará.

50 años son una buena disculpa para volver a leer una novela que ya es historia de la literatura española y a un escritor hoy semiolvidado pese a su envergadura léxica, pero también para revisar unas actuaciones seguramente necesarias, pero cuyo impacto ha sido demoledor para muchas personas. Necesitamos agua, nadie lo niega, pero no a cualquier precio y sin importar el cómo ni el para qué. De todo ello se hablará a partir de hoy en una pequeña aldea leonesa cuya condición de cuna de una familia de indianos enriquecidos al otro lado del Atlántico le ha concedido la suerte de acoger una fundación modélica, cuyo objetivo es dignificar el mundo rural a través de la cultura, que es algo de lo que nunca se habla al referirse a este.