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Ladrones en el crepúsculo

La película que le ha salido a Ronnie Thompson se queda en terreno de nadie. No es lo suficientemente aguerrida ni divertida ni cómica ni dramática ni metafórica

'Un golpe a la inglesa'
Los ladrones protagonistas de 'Un golpe a la inglesa'.

UN GOLPE A LA INGLESA

Dirección: Ronnie Thompson.

Intérpretes: Matthew Goode, Joely Richardson, Larry Lamb, David Calder.

Género: atracos. Reino Unido, 2017.

Duración: 93 minutos.

El día que se supo que el robo de joyas más grande de la historia de Inglaterra, el de Hatton Garden, en la Semana Santa del año 2015, 18 millones de euros en la cámara acorazada del barrio de los diamantes de Londres, lo había perpetrado un grupo de ladrones jubilados de entre 58 y 76 años muchos empezaron a pensar en una posible película. Con este jugoso material, irónico, desconcertante e insolente, cabían muchas y de muy distintos géneros y tonos. Y, sin embargo, la que le ha salido a Ronnie Thompson se queda en terreno de nadie. Un golpe a la inglesa no es lo suficientemente aguerrida. Tampoco divertida ni cómica ni dramática ni metafórica. Es poco, es casi nada.

En su tercer largometraje, Thompson apenas roza su carácter crepuscular, la rebeldía de unos individuos en un mundo donde ya no tienen cabida, tras décadas de cárcel, prótesis de cadera y estados de viudedad. La clave parece estar en la expresión inglesa old school, que tanto puede incluir su deriva clasicista como su imparable condición añeja. Sin embargo, aunque el retrato de grupo es certero en su diversidad, los diálogos, que van de irónicos pero que nunca tienen la suficiente calidad, acaban conformando una desteñida fotocopia de las mejores películas de Guy Ritchie (Lock and stock, Snatch), con sus muy particulares acelerones y ralentís, y esa forma de montaje entre secuencias a través de cortinillas sonoras y cierres de persiana en el plano desde arriba hasta abajo.

Como Ritchie, Thompson sabe colocar canciones en el momento justo, como esa enorme I'm alive, de Johnny Thunder, durante el clímax. Pero más allá del ambiente de pub de esos carrozas que únicamente sueñan con un poco de Viagra para pasarse el resto de los días en la Costa del Sol, la película desaprovecha la oportunidad de retratar la melancolía de unos seres humanos con fecha de caducidad y un último impulso de pureza crepuscular.

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