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La Cultura empieza a salir de la UCI, según el Anuario de la SGAE

La recaudación de los conciertos marca récord y el cine muestra síntomas de mejoría

Colas ante una sala madrileña en la Fiesta del Cine, en 2016.
Colas ante una sala madrileña en la Fiesta del Cine, en 2016.

Hace años, la Cultura empezó a caminar hacia atrás. Colocó un menos ante todos sus indicadores, y emprendió una imparable carrera al revés. Asistencia, recaudación y funciones se reducían juntos, mientras la crisis, la revolución digital y el aumento del IVA al 21% por parte del Gobierno del PP dejaban a las artes confundidas. Y así lo iba reflejando, cada año, el Anuario de la SGAE, que suma datos de los principales sectores para ofrecer un diagnóstico de la Cultura española. Pues bien, el doctor parece al fin más optimista. Y el documento para 2017, presentado hoy en la sede madrileña de la entidad, confirma algunas mejoras registradas ya en 2016. “Es como un paciente que sale de una operación delicada”, comparó Inés París, presidenta de la Fundación SGAE, que elabora el estudio.

Eso sí, “leve” debió de ser el adjetivo más usado en la conferencia. Es decir, que el rumbo ha vuelto hacia adelante, pero se impone la prudencia. Cualquier resfriado repentino puede devolver a la Cultura a la UCI. Aún así, el Anuario muestra verdaderos hitos: por primera vez en nueve años aumentaron las sesiones de proyección cinematográfica, un 0,89%, hasta 3,9 millones; la recaudación de los conciertos (incluyendo los macrofestivales) alcanzó su cifra más alta en una década: 224 millones, con un incremento del 12,15% y una argumentación poderosa en contra de la supuesta burbuja de los festivales. Y los ingresos de la música digital siguen su irrefrenable ascenso: en 2007 supusieron 29 millones, el año pasado superaron los 100 (un 244,9% más), ya muy por encima del formato físico.

Sin embargo, las demás comparaciones con el comienzo de la crisis dejan a la Cultura entre el miedo y la melancolía. Artes escénicas y música popular han perdido más de un 30% de sus funciones y espectadores desde 2007; el público de los cines solo ha bajado en un 5%, pero ha desaparecido un 15% de las pantallas; y la danza, el único sector que registra exclusivamente descensos desde hace años, se ha reducido a la mitad de lo que fue en 2008, en representación, asistencia e ingresos. “No puede aguantar mucho más”, advirtió Rubén Gutiérrez del Castillo, responsable de Investigación y Desarrollo de la Fundación SGAE.

Gutiérrez explicó que los datos hablan de una España “muy polarizada”: Cataluña, Madrid y Andalucía han aguantado con firmeza la tormenta; hay Comunidades con un nivel de “actividad muy interesante como el País Vasco, Valencia o Galicia”; las otras son “bastante menos dinámicas”, en palabras del experto. Y muy dividido parece también el público de teatro y música popular: en ambos casos asistencia y funciones bajan o se mantienen, y sin embargo la recaudación aumenta. ¿Por qué? “Los grandes festivales, los musicales de Madrid y Barcelona o compañías como el Circo del Sol logran un público tremendo con precios igual de tremendos”, aseguró Gutiérrez del Castillo.

A lo largo de sus casi 300 páginas, el Anuario proporciona sorpresas y condenas casi inapelables. Entre las primeras, la música clásica mejoró de golpe todos sus indicadores en 2016: 336 conciertos, 147.665 espectadores y 1,6 millones de ingresos más que el año anterior. Y el desembarco de colosos audiovisuales como Netflix y HBO en España no parece haber dañado la capacidad de resistencia de la televisión tradicional: los españoles la vieron en media durante 230 minutos al día, tan solo cuatro menos que el año anterior. Mientras, VHS, CD y DVD continúan su camino hacia la marginalidad: el alquiler de vídeos en formato físico recaudó solo un millón de euros en 2016; y las ventas, que representan más del 98% de este sector, cayeron un 15%. Crecen, mientras, las descargas online de obras audiovisuales, en concreto un 13,3%, hasta 910 millones.

Internet salva también las cuentas de los videojuegos: al sumar a las ventas físicas las que se produjeron en la Red, el sector muestra unos ingresos de 1.163 millones, un 7,4% más que el año anterior. Y más que cualquier otro arte, casi el doble que los 607 millones del cine. “El tejido cultural español y la demanda por parte del público se mantienen”, resumió Gutiérrez. “Hay razones para tener ciertas esperanzas”, agregó París. Entre otras, la reciente reducción del IVA al 10%, que beneficia a los espectáculos en directo, pero no al cine: al séptimo arte, de momento, le toca seguir con la misma película.

Sastrón, presidente ausente

“Qué gusto poder hablar de Cultura, en este país no se hace casi nunca”, afirmó Inés París, presidenta de la Fundación SGAE, al comienzo de su intervención. Aunque se vio obligada a afrontar también otros temas. Porque a la vez que presenta su Anuario, la SGAE se halla en pleno caos, entre la investigación sobre la rueda -la trama entre socios de la entidad y directivos de televisiones para embolsarse millones gracias a la música emitida de madrugada- y la presentación de una moción de censura contra el presidente, José Miguel Fernández Sastrón. De hecho, el responsable, anunciado en la convocatoria y tradicionalmente presente en este evento anual, no se dejó ver.

Las preguntas, por tanto, pasaron a París, que también pertenece a la junta directiva de la SGAE. “Es el órgano que elige, pone y quita a los presidentes, así que me parece estupendo que haya un debate democrático sobre el cambio de liderazgo”, afirmó. La cineasta es una de las 20 firmantes que piden que el jueves la junta debata si apartar a Sastrón de su cargo. Aún así, prefirió escudarse en la privacidad de las decisiones internas al organismo para no responder a varias cuestiones. Sí dejó claro que no tiene “ningún conocimiento” de irregularidades por parte de socios de la SGAE y que sigue creyendo en la gestión de la junta: “Si pensara que está perjudicando a la entidad, no pertenecería a ella”.