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El Picasso del periodismo del siglo XX

Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, clausura un homenaje a García Márquez

De izquierda a derecha, Antonio Rubio, Juan Manuel Uribe, Jaime Abello, Jaume Giró y Javier Ramos, en el curso 'Cien años de soledad: una caravana de historias', este viernes en el CaixaForum Madrid. Ampliar foto
De izquierda a derecha, Antonio Rubio, Juan Manuel Uribe, Jaime Abello, Jaume Giró y Javier Ramos, en el curso 'Cien años de soledad: una caravana de historias', este viernes en el CaixaForum Madrid. Fundación Bancaria ”la Caixa”

Gabriel García Márquez fue un periodista hasta durmiendo. Era capaz, para escribir novelas como Cien años de soledad, de llamar a sus amigos de madrugada para saber cuánto tardaba en morir un joven mordido por un perro rabioso. Puso su arte de la memoria al servicio del periodismo y de la novela. Eso dijeron, entre otros, el escritor mexicano Jorge F. Hernández, el periodista Antonio Rubio, codirector del curso Cien años de soledad: una caravana de historias organizado sobre su obra en la Universidad Rey Juan Carlos, y Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) —fundada por Gabo en 1995—, que también lo dirigió.

El curso fue organizado por la citada universidad con el patrocinio de la Fundación Bancaria La Caixa. Terminó el viernes en Caixa Forum con la música preferida de Gabo, los vallenatos, comentados por el profesor Ariel Castillo.

En la clausura Jaime Abello respondió “a título personal” a las palabras del también Nobel Mario Vargas Llosa, que el jueves se refirió en El Escorial a la cercanía de Gabo con el régimen cubano. “Parece”, dijo el periodista y profesor colombiano, “como si su valoración política, personal y literaria se hubiera quedado en 1976 y no hubiera evolucionado más hacia delante”. Añadió Abello que el Gabo que él conoció “era un hombre moderno que no fue partidario de utopías ni de soluciones militares”, al contrario de lo que afirmó el Nobel peruano.

Vargas Llosa, distanciado del autor de Cien años de soledad tras un incidente personal, había declarado este jueves, en el curso que la cátedra que lleva su nombre celebró en El Escorial para conmemorar el 50º aniversario de aquella novela, que García Márquez “tenía un sentido práctico de la vida y sabía que era mejor con Cuba que contra Cuba”, lo que le libró en su día del “baño de mugre” que cayó sobre los que, como él mismo, habían criticado la deriva comunista de la Revolución.

“Gabo evolucionó: a finales de los 70 ya va cambiando de tono”, ha defendido Abello. “Así como tuvo amistad con Fidel, Gabo la tuvo con algunos enemigos de la izquierda y presidentes de centro derecha. Sería interesante una mirada más completa, evolutiva, y menos apegada a la época en la que [Vargas Llosa] tuvo una relación personal con él”. El director de la FNPI explicó que los años 70 fueron “de un marcado viraje hacia la izquierda de Gabo” por hechos como el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile.

Todos los ponentes han resaltado el orgullo con el que abrazó el oficio de periodista Gabriel García Márquez. “No quiero que se me recuerde por Cien años de soledad, ni por lo del premio Nobel, sino por el periódico”, afirmó en una entrevista en 1983, cuando quiso poner en marcha un rotativo, El otro, que no llegó a salir. En la evocación del periodismo de Gabo se llegó a decir, en el curso que acabó el viernes, que García Márquez, por la abundancia y la calidad de su obra, siempre llena de sorpresas, podría ser llamado “el Picasso del periodismo del siglo XX”.

“Se curtió muchos años. Y no como periodista galáctico, estrella o tertuliano”, defendió el periodista Miguel Ángel Villena, que aprovechó para reivindicar el “periodismo de la mirada, del periodista que se ensucia los zapatos de barro, comprometido con su época y con el oficio como un ejercicio literario, una antesala de la gran literatura”.

Cien años de soledad, 50 de la novela, 90 del nacimiento de Gabo y ya tres sin él. Tres años que también han sido de soledad, sin su persona, pero en los que nos ha quedado su obra inmensa”, declaró el director general de la Fundación La Caixa, Jaume Giró.

“Tomaba cosas de todos lados y las transformaba literariamente con una enorme carga poética”, recordó Abello, quien contó cómo el escritor, durante la escritura de su gran novela, consultó a médicos, abogados y demás amigos especialistas que le proporcionaron libros de medicina, alquimia, zoología y otras disciplinas que utilizaba para que “todo dato estuviera verificado y comprobado”.

Kapuscinski hablaba de García Márquez y decía que le encantaban sus novelas, pero que todavía le gustaban más sus reportajes. Que todo gran reportaje, en su caso, era el germen de una gran novela”, aseguró Villena.

“¿Cómo sería el Gabo periodista hoy en día?”, se preguntaron los ponentes. ¿Sería capaz de convertirse en el gran escritor en un mundo absolutamente invadido por las nuevas tecnologías? ¿Prosperaría en las redes su periodismo literario?

Nunca lo sabremos, pero el aniversario sí ha probado que, al menos en una cosa, García Márquez estaba equivocado: los Buendía, esa estirpe maldecida con 100 años de soledad, sí tuvieron una segunda oportunidad sobre la tierra. Y reviven, 50 años después, en días como estos o en cualquier otro en que un lector abre, como si fuera nueva, aquella primera página: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”.