Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El caos de lo incomprensible

Con una música constante, el filme es un continuo subidón sin tempo cómico ni altura social

Imanol Arias, en 'Despido procedente'.

DESPIDO PROCEDENTE

Dirección: Lucas Figueroa.

Intérpretes: Imanol Arias, Darío Grandinetti, Hugo Silva, Luis Luque, Valeria Alonso.

Género: comedia. España, 2017.

Duración: 90 minutos.

El argentino afincado en España Lucas Figueroa dio hace casi una década con esa entelequia tan buscada como poco vista, e incluso indemostrable a posteriori, llamada fórmula del éxito: una presumible fusión entre temática, estilo y tono, que confluía en una pequeña pieza titulada Porque hay cosas que nunca se olvidan, asentada en el fútbol, y aún más en la nostalgia de la infancia, que, acompañada de un engranaje formal de gran vistosidad cercana a la grandilocuencia, fue inscrita hasta en el Libro Guinness de los récords: casi 300 premios en certámenes nacionales e internacionales de cortometrajes.

Sin embargo, el cine nunca fue cuestión de números y, en los años siguientes, Figueroa no acabó de despegar en el largometraje. Tardó cinco años en poder debutar, y lo hizo con Viral, una vulgar película de terror de bajo presupuesto, con más pinta de operación comercial publicitaria de una famosa empresa especializada en venta de cultura y tecnología que de verdadero producto de fuste creativo. Y han debido pasar otros tres para llegar a la coproducción entre España y Argentina Despido procedente, comedia de acción con ilustre reparto, que aspira a retratar el estado de histeria social provocado por los desmanes de las grandes compañías y la crisis económica y laboral, de la que solo sale indemne su reparto, con viejos zorros como Imanol Arias y Darío Grandinetti, capaces de aterrizar de pie en una película que nace resquebrajada por su desastroso guion.

Poco o nada se comprende de la trama empresarial que mueve a los personajes, una especie de mcguffin al que Figueroa, también escritor, dedica demasiado tiempo y esfuerzo, giros y revueltas, con los que ni siquiera logra hacerse entender. De modo que, si acaso, hay que quedarse con el relato de hostigamiento del alto ejecutivo al que le ha salido un grano en el culo en forma de acosador social, como un cabo del miedo con derivaciones cómicas.

Sin embargo, con gags que no pasan del chascarrillo entre argentinos y gallegos, dos convencionales tramas sentimentales, y una perenne banda sonora de Federico Jusid, excelente músico, aquí desatado, sin dejar a la película una mínima rendija de silencio, Despido procedente es un continuo subidón sin tempo cómico ni altura social. Una obra que puede señalar a Figueroa como un técnico pero nunca como un narrador.

Más información