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La rebelión contestada

La versión que Alberto Conejero hace de ‘Fuenteovejuna’ enuncia un conflicto de clase sin darle desarrollo posterior

Imagen de la obra 'Fuenteovejuna', de Alberto Conejero. Ampliar foto
Imagen de la obra 'Fuenteovejuna', de Alberto Conejero. CNTC

Una versión coral de Fuenteovejuna, impregnada de vigor juvenil, que abunda en la idea del pueblo como colmena dispuesta a lanzarse sobre el apicultor codicioso. Tiene muchos atractivos este montaje, bien orquestado por Javier Hernándeaz-Simón, con la colaboración coreográfica de Marta Gómez, y canciones de raigambre culta y popular, compuestas con arte por Álvaro Renedo, sobre versos de Lope, interpretadas algunas con oído y con gracia.

FUENTEOVEJUNA

Autor: Lope de Vega. Versión: Alberto Conejero. Intérpretes: Jacobo Dicenta, Paula Iwasaki, Pablo Béjar, Marçal Bayona, Mikel Aróstegui, Alejandro Pau, Ariana Martínez, Loreto Mauleón, Almagro San Miguel, Carlos Serrano, Kev de la Rosa, Aleix Melé, David Soto Giganto, Raquel Varela, Miguel Ángel Amor, Daniel Alonso de Santos, Sara Sánchez, Marina Mulet, Nieves Soria, Silvana Navas, José Fernández, Carolina Herrera, Cristina Arias. Coreografías: Marta Gómez. Luz: David Hortelano. Música: Álvaro Renedo. Vestuario: Beatriz Robledo. Escenografía: Bengoa Vázquez. Dirección: Javier Hernández-Simón.
Madrid. Teatro de la Comedia, hasta el 11 de junio.

La escenografía evoca una plaza de toros portátil, pero también pueden intuirse en ella sin dificultad las celdas de un panal o los camastros apilados de un campo de concentración; la idea es la misma: un lugar donde el pueblo se recoge (o es recluido), para festejar, laborar o dormir. El comienzo del espectáculo, arrollador, evoca un ritual festivo pagano y prefigura la tragedia que se está gestando.

Alberto Conejero, autor de la adaptación, reduce el texto original a una duración de poco más de hora y media; y Hernández-Simón y los actores de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico lo sirven con entregada claridad. Pocas veces se entienden como aquí el signo y las implicaciones de la guerra que enmarca los sucesos dramatizados por Lope. Cabe distinguir la primera mitad del montaje, donde todo resulta fresco y estimulante, de la segunda, donde, agotadas las sorpresas, se hace patente el hecho de que un trabajo de estas características debiera ir acompañado de un tiempo más prolongado de investigación y de ensayos, para afinar cada recodo interpretativo y despoblarlo de lugares comunes.

Hernández-Simón convierte en centro de Fuenteovejuna un monólogo escrito para la ocasión, en el que Conejero pone de relieve algo que Lope prefirió obviar: que la villa cordobesa no reacciona más que cuando la agraviada es la hija del alcalde. El conflicto de clase esbozado por Jacinta tras su violación, no tiene luego desarrollo alguno. Puestas manos a la obra, creo que hubiera sido interesante llevar la intervención más a fondo.

El montaje reúne a los 23 actores de las dos secciones de la Joven Compañía, a los que se suma Jacobo Dicenta: pocas veces se ven hoy tantos profesionales juntos en escena, y da gusto.