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Qué sabes del Valle de los Caídos

El Congreso aprueba este martes una proposición para trasladar a Franco de un monumento que supone una anomalía mundial

La cruz del Valle de los Caídos, vista desde Guadarrama. Foto: JAIME VILLANUEVA. Vídeo: ATLAS

Una cruz de 130 metros de altura. 33.847 personas enterradas. El Valle de los Caídos sigue siendo, más de cuatro décadas después de su muerte, lo que Franco quiso que fuera: un monumento para inmortalizar su victoria que se rige por los decretos y principios que él dejó atados y bien atados. Es, además, la mayor fosa común de España, porque de esos casi 34.000 enterrados, 12.410 corresponden a restos sin identificar, y entre los 491 traslados desde fosas y cementerios (entre 1959 hasta 1983) figuran los cuerpos de republicanos que fueron enterrados, sin el consentimiento familiar, junto a su verdugo. El Congreso aprueba este martes una proposición que insta a sacar de los restos del dictador del mausoleo para cambiarle el significado. Este es un repaso a otras iniciativas y a la historia de un monumento que se ha convertido en una excepción mundial en democracia.

Los otros intentos. La proposición no de ley que, a iniciativa del PSOE, se vota este martes en el Congreso, no es de obligado cumplimiento. Tampoco es el primer intento. El Gobierno de Adolfo Suárez y el primero de Felipe González intentaron crear sendas comisiones para actuar sobre el monumento y ambos fracasaron. En 2011, el Gobierno socialista encargó a una comisión de expertos un plan de actuación en el Valle de los Caídos. Era la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero y faltaban seis meses para las elecciones.

Componían el multidisciplinar comité Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (miembro del Consejo de Estado, que emitió el único voto particular en contra del traslado de Franco), Virgilio Zapatero (catedrático de filosofía del derecho); Pedro González-Trevijano (catedrático de derecho constitucional); Amelia Valcárcel (catedrática de filosofía moral y política); Carlos García de Andoin (director adjunto del gabinete del ministerio de la presidencia); Alicia Alted (catedrática de historia contemporánea); Ricard Vinyes (historiador); Carme Molinero (catedrática de historia contemporánea); Hilari Raguer (historiador y monje benedictino); Francisco Ferrándiz (antropólogo social del CSIC); Feliciano Barrios (catedrático de historia del Derecho) y Reyes Mate (filósofo).

El informe, que recomendaba sacar los restos de Franco si lo autorizaba la Iglesia, se presentó con el Ejecutivo ya en funciones. Ramón Jáuregui, pidió "por favor" al presidente entrante, Mariano Rajoy, que no metiera el documento "en un cajón". Como era previsible, su petición no tuvo éxito. Desde la oposición, el PSOE ha "exigido" en numerosas ocasiones al Gobierno del PP que asumiera las recomendaciones de los expertos y exhumara los restos de Franco del Valle de los Caídos. El Ejecutivo popular no está por la labor.

Quién lo hizo y cuánto costó. Las obras se iniciaron en 1941 dirigidas por el arquitecto Pedro Muguruza, al que sucedió desde 1950 hasta 1959 Diego Méndez. Franco había dado instrucciones precisas de lo que quería en un decreto del 1 de abril de 1940: "La dimensión de nuestra Cruzada (...) no puede quedar perpetuada por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades (...) es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido (...) para que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor (...) los héroes y mártires de la Cruzada". El dictador pensaba que la cripta estaría construida en un año y el resto del complejo en cinco, pero fueron 19 en total. Franco, que supervisaba personalmente cada detalle - seleccionó, por ejemplo, en la sierra segoviana, el enebro con el que está hecho el madero de la cruz del cristo del altar mayor-, escogió a un rojo para hacer el conjunto escultórico. Se llamaba Juan de Ávalos, había estado afiliado a las Juventudes socialistas, y había sido depurado por "falta de adhesión al Régimen", pero al dictador le gustó una obra suya titulada Al héroe muerto y decidió pasar por alto sus pecados de juventud.  Por las esculturas del Valle de los Caídos Ávalos cobró 300.000 pesetas. Junto al personal contratado, trabajaron en la construcción del complejo numerosos presos políticos. Ninguna placa lo recuerda.  Según la guía oficial de Patrimonio Nacional, el coste total de las obras fue de 1.086.460.331 pesetas, el equivalente a 247,5 millones de euros hoy. 

¿Por qué trasladar a Franco y no a Primo de Rivera? El Comité de expertos propuso sacar los restos del Franco porque no era un caído de la Guerra Civil y trasladar los de Primo de Rivera, que sí lo es, del lugar privilegiado, junto al altar mayor, donde se encuentra ahora, hasta las criptas laterales donde yacen el resto de enterrados. De esa forma se rompía la jerarquía funeraria franquista, con "cadáveres de primera y de segunda", como explicaba Francisco Ferrándiz, miembro del comité. En aquel informe se advertía, no obstante, que sería necesaria la autorización de la Iglesia, por estar su tumba en el interior de la basílica,"inviolable por la autoridad estatal" de acuerdo al derecho canónico. La Iglesia había sido invitada a participar en las deliberaciones del comité de expertos, pero a última hora, el entonces cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, había retirado a su representante en el grupo, el arzobispo emérito de Pamplona y Tudela, Fernando Sebastián.

Robo de cuerpos. Los restos de republicanos empezaron a llegar al mausoleo en 1958. Franco no pretendía lanzar un mensaje de reconciliación - "La anti-España fue vencida y derrotada, pero no está muerta. Periódicamente la vemos levantar cabeza", dijo en su discurso de inauguración-. Recurrió a las "fosas de rojos" porque muchas familias de caídos del bando nacional no quisieron trasladar a sus muertos. El Régimen contaba, por ejemplo, con los 11.000 cuerpos que creía enterrados en Paracuellos, pero sus familiares se opusieron. A las familias de los republicanos nadie les preguntó. Varias de ellas siguen reclamando hoy los restos de los suyos. Manuel Lapeña logró, a los 92 años, que un juez ordenara abrir una de las criptas donde se encuentra su padre para tratar de recuperar los restos, pero la sentencia, firme, sigue sin ejecutarse un año después.

El dictador yace bajo una losa de granito de 1.500 kilos. Sobre su tumba hay siempre flores frescas; ramos que envía la Fundación Francisco Franco. "Franco merece un respeto, como todos los muertos. Si quieren hacer un museo, hay monte libre para hacerlo, no allí", declaraba a este diario un portavoz de la fundación en 2011, cuando el comité de expertos propuso convertir el Valle en un museo de la memoria.

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