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Una coalición mundial para salvar el arte en peligro

Francia y los Emiratos Árabes impulsan la alianza contra la destrucción y el tráfico de obras por parte del yihadismo

Los budas de Bamiyán, en Afganistán; el casco antiguo de Alepo y el templo de Palmira, en Siria; los mausoleos de Tombuctú, en Malí, o los antiguos templos de Nínive y el museo de Mosul, en Irak: son tan solo algunos de los grandes tesoros arqueológicos de la humanidad reducidos a escombros por las guerras y, más concretamente, por las diversas variantes del yihadismo. Ahora, Francia y los Emiratos Árabes Unidos del Golfo Pérsico, secundados por una fuerza internacional de estados y mecenas privados, unen fuerzas para intentar frenar la debacle.

El todavía presidente de la República francesa, François Hollande, y el príncipe heredero de Abu Dhabi, Mohammed ben Zayed al Nahyan, aprobaron el pasado 3 de diciembre en la capital del emirato la llamada Declaración de Abu Dhabi, suscrita por 40 países (y en la que de momento no está España). En ella se incluía, ante todo, la creación de un fondo dotado con 100 millones de dólares para el período 2017-2019 encaminado a luchar contra la masacre arqueológica perpetrada, sobre todo, por el Estado Islámico. El acuerdo fue suscrito por la directora general de Unesco, Irina Bokova, y a él se han sumado ya países como Arabia Saudita, Kuwait, Marruecos, Luxemburgo, Alemania, Italia, Reino Unido, China, Corea del Sur y México.

Todos ellos han comprometido el desbloqueo –en sus presupuestos nacionales- de diferentes aportaciones económicas, algunas de ellas anunciadas en el transcurso de otra conferencia, celebrada el 20 de marzo en el Museo del Louvre en París, donde se dio carta de naturaleza a la llamada Alianza Internacional para la Protección del Patrimonio en Zonas de Conflicto. Francia anunció que aportaría, de entrada, 30 millones de euros. Los Emiratos Árabes Unidos, 15. Arabia Saudita, 20. Kuwait, cinco. Luxemburgo, tres. Marruecos, millón y medio.

¿Y España? “Está valorando actualmente la invitación de Francia, realizada durante la pasada reunión bilateral hispano-gala celebrada a finales de febrero, para integrarse en esta Alianza”, aseguran fuentes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. En la nota remitida a este diario, Cultura recuerda: “España ratificó la convención de La Haya –Unesco- de protección de bienes culturales en caso de conflicto armado, que establece mecanismos y procesos de protección para estos casos”. Los fondos que la Unesco destina anualmente a este cometido son cuatro millones de euros. Lo que, casi no hace falta decirlo, pesa poco frente a los 100 millones de dólares (casi 93 millones de euros) de la recién nacida Alianza.

La sombra del Louvre Abu Dhabi es alargada

Borja Hermoso

No hay margen para la casualidad en el mundo de la diplomacia cultural. No es casualidad que los dos motores de la Alianza Internacional para la Protección del Patrimonio en Peligro hayan sido Francia y los Emiratos Árabes Unidos, ni que las dos cumbres políticas donde se dio a conocer se celebraran, respectivamente, en Abu Dhabi y en París. Dos capitales y dos países que llevan diez años inmersos en un frenético proceso de intereses comunes llamado Louvre de Abu Dhabi, un inmenso cascarón de 85.000 metros cuadrados bajo una cúpula de 180 metros de diámetro, obra del arquitecto francés Jean Nouvel.

La primera sucursal extranjera del museo más visitado del mundo debería abrir sus puertas no más tarde de septiembre de este año (el condicional “debería” atañe a los repetidos retrasos en la ejecución y seguridad de las obras y de sucesivos problemas políticos y económicos). Será el primer museo nacido directamente de un acuerdo diplomático: el suscrito en 2007 entre Francia y los Emiratos. Los segundos pagarán a la primera más de mil millones de euros en concepto de utilización de la marca Louvre y las 600 obras prestadas, además de los 580 que ha costado el edificio y un 8% de las ventas de merchandising.

El Louvre no será el único en llegar al desierto. También una gigantesca antena del Guggenheim abrirá este año sus puertas en la isla de Saddiyat, en Abu Dhabi. Un nuevo frank gehry entra las dunas y el mar.

Suiza será la encargada de asegurar la estructura financiera y de funcionamiento de esta nueva versión de cascos azules del arte pero sin armas. “Este fondo financiero internacional será gestionado en Ginebra y se atendrá al derecho suizo, como modo de garantizar la neutralidad necesaria que exigen los Estados y los mecenas participantes en la operación”, explicó en París Jack Lang, el popular exministro de Cultura socialista de los gobiernos de Mitterrand y designado por el presidente Hollande como delegado de Francia en la Alianza. A la cita del Louvre acudieron también representantes de la Fundación Mellon y de la Smithsonian Institution (EE UU), así como el coleccionista de arte y filántropo estadounidense Tom Kaplan, que aportará de entrada un millón de dólares y que aspira a convertirse en presidente del consejo de administración de la Alianza.

Los objetivos de esta inédita entente política, diplomática, financiera y cultural son tres. El primero de ellos es poner en pie equipos de arqueólogos y restauradores que sanen las heridas de los monumentos atacados y en parte destruidos. El segundo, crear una red internacional de lugares-refugio donde depositar las obras de arte en peligro. Este es el punto que más problemas suscita. Algunos países, como Egipto, han declinado sumarse a la coalición porque temen que las condiciones de regreso de obras no estén aseguradas.

El presidente del Louvre, Jean-Luc Martinez, a quien François Hollande encargó tomar las riendas de este asunto, fue quien tuvo esta idea de los lugares-refugio. Martinez ha propuesto convertir el futuro Centro de Depósito de Obras del Louvre, hoy en construcción en el Pas-de Calais, al norte de Francia, en un gran centro internacional de acogida de obras en peligro. De hecho, este alto funcionario del Estado francés, tataranieto de españoles, es el verdadero ideólogo de la Alianza y del fondo financiero que la sustentará. Martinez elaboró en 2015 un informe titulado 50 propuestas francesas para proteger el patrimonio de la humanidad. En él recogía un dato facilitado por la Asociación para la Protección de la Arqueología en Siria: más de 900 monumentos y enclaves arqueológicos habían sido atacados, dañados o destruidos hasta esa fecha.

El tercer objetivo del protocolo es combatir y acabar con el incesante mercadeo ilegal de obras producto de esta situación, lo que los expertos conocen como las antigüedades de la sangre, y del que los propios yihadistas obtienen pingües beneficios. Hay un dato revelador al respecto: según un informe elaborado bajo los auspicios del presidente del Louvre, Jean-Luc Martinez, el botín de este tráfico ilegal de arte podría superar los 15.000 millones de euros al año, y vendría a suponer hasta el 20% de los recursos financieros del Estado Islámico. De hecho, el pasado 20 de septiembre la policía de aduanas francesa informaba de la incautación en el aeropuerto parisiense Charles de Gaulle de dos bajorrelieves en mármol del siglo XV procedentes de un yacimiento sirio. Las piezas viajaban desde Líbano rumbo a un país asiático no especificado por la policía. Su valor de tasación en el mercado ascendía a 250.000 euros.

 

 

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