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Albert Pla se cuela en Arco: Pinocho en Versalles

El cantautor protagoniza una 'performance' dentro de un cuadro del dúo argentino Mondongo

Mondongo, básicamente tripas que se comen (para que el lector español se haga una idea los callos son mondongo, víscera más víscera menos), es el energético y contundente nombre del colectivo de artistas argentinos formado en 1999 por Juliana Laffitte, Agustina Picasso y Manuel Mendanha. Quedan Mendanha y Laffitte, Picasso abandonó la nave en 2009, así que ahora Mondongo es un dúo, a estas alturas un dúo de prestigio en la escena artística mundial. Pero estos días, en ARCO, vuelven a ser un trío. A los dos artistas se les ha unido cual invitado caído del cielo —o ascendido del infierno— Albert Pla, principio y fin de la performance titulada No soy tan joven como para saberlo todo.

Este chou de 20 minutos, pintura viviente si se prefiere, al fin y al cabo estamos en una feria de arte contemporáneo, lo pueden contemplar los visitantes de ARCO en un total de 17 funciones (nótese que aquí ya estamos en la nomenclatura teatral): día 22, a las 11,30h, 13h, 15 y 18h. Día 23, a las 12h, 14h, 15h y 18h. Día 24, a las 13h, 15h y 18h. Día 25, a las 13h, 15h y 18h. Y día 26, a las 13h, 15h y 18h. Todo ello acontece en el stand de la galería bonaerense Barro (stand P7 G12, Pabellón 7, de nada) dentro del programa de Argentina como país invitado a la feria.

En No soy tan joven como para saberlo todo, a la hora en punto y con el inevitable furor de móviles y flashazos en marcha, se descorren unos cortinones granates. Una especie de túnel de perspectiva deformada instalado en el interior de lo que sería una cabaña medio quemada representa el Salón de Espejos del Palacio de Versalles. Un Pinocho en pantuflas y enmascarado —ese es Albert Pla— empieza a desperezarse. Coge un micrófono y hace como si registrara sonidos aún no encontrados. A eso se le llama psicofonía, pongamos Psicofonía en Versalles. Lenta, imperceptiblemente, de los laterales van surgiendo unas manos. Las manos imploran comida. En el suelo hay tartas de colorines chillones, a la manera de las que el gran Vatel le hacía al Príncipe de Condé en Versalles para agasajar a Louis XIV, corría 1671, anda que no ha llovido. Pinocho-Pla va cortando pedazos de tarta y los va depositando en las manos, incluidas las de dos niñas que están entre el público. Terminada la aplicada gimnasia de dar de comer al hambriento, Pinocho se pone a barrer, a barrer Versalles. Josep Pla, desde detrás de la máscara, mira al público. Telón.

“Hace como seis años que no íbamos a ninguna feria de arte y cuando nos invitaron a ARCO nos dijimos: ‘Bueno, vamos pero hagamos algo que corra el límite de lo que habitualmente pasa en una feria así, que es traer cuadros para venderlos. Lo que perseguíamos era modificar la energía de cuando el espectador entra y ve paredes blancas con cuadros encima. Hicimos esta especie de rancho, un ranchito que contiene el Salón de Espejos del Palacio de Versalles, con la perspectiva falseada”, explican al unísono Juliana Laffitte y Manuel Mendanha. Juntos han hecho de todo: en 2003 retrataron a los Reyes Juan Carlos y Sofía y al entonces Príncipe Felipe con 22.500 trocitos de cristal de colores. También han inmortalizado al Papa Juan Pablo II con hostias sobre madera. A Walt Disney con plastilina. A David Bowie con purpurina. A Lucien Freud con embutidos. Trabajan lo mismo el caramelo que la carne que el hilo de algodón. La colaboración del tándem de artistas argentinos con Albert Pla no es casual. En enero o febrero de 2018, el juglar de Sabadell estrenará su nuevo espectáculo, Miedo, cuyos decorados correrán a cargo de Mondongo.

Mondongo lleva años interesándose por los cuentos populares, y este trasunto versallesco y altruista del Pinocchio de Collodi es un ejemplo. Pero lo que de verdad les interesa es la exploración de lo que bien pudiera llamarse el arte que podría haber sido. Se diría que los Mondongo, siguiendo a Heráclito y al río que jamás es el mismo, ya saben, creen firmemente en que cada pintura, es más, cada visión personal de cada pintura, es una nueva obra de arte en marcha. “Lo que queríamos —y esto lo hicimos por vez primera en la Bienal de Performance de Buenos Aires— era hacer un cuadro en movimiento, después de tantos años experimentando con materiales necesitábamos buscar un camino nuevo, y nos excita que haya alguien moviéndose dentro del cuadro. Aquí es Albert Pla, pero en Buenos Aires era otra persona, y el resultado es totalmente distinto, nada que ver. Nosotros descreemos de la autoría de las ideas, y lo que buscamos es poner distintas ideas en el canal creativo… la conjunción de energías”, explica Manuel Mendanha.

¿Y Albert Pla, qué es lo que explica? Poco tirando a nada… o mucho tirando a todo, según se mire, porque… ¿por qué hay que explicar la obra de arte si ahí está la obra de arte hablando por sí sola? Viendo esta muy recomendable performance de pintura en directo, puede pensarse en muchas cosas: el hambre, la injusticia, la guillotina, la música, el espejo como odiosa versión de uno mismo, los bufones, el pueblo real, los que dicen que representan al pueblo… en fin, todo muy de actualidad desde que el mundo es mundo. Pero cada espectador pensará en sus cosas. Algunos incluso pueden pensar que es una bobada, o un efímero momento de alta creación, somos así, variados y dispersos. Pla viene de fumarse un pitillo y habla así de su contribución a este tableau vivant. “Yo hago lo que buenamente puedo… ya ves… me parece muy bien. No es exactamente ser actor… es algo extraño. Está bien hacer cualquier cosa… ayer cantamos delante del Guernica… ya ves, ¡esto es la semana del arte!”, comenta Pla, que estos días vivirá entre pinturas, esculturas, fotografías y performances. “Me daré una vuelta por ARCO, me imagino, claro, porque como voy a tener que pasar tantas horas aquí dentro…”.

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