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La ilógica del espectáculo

En este 'thriller', hay una buena cantidad de inverosimilitudes, también de casualidades forzadas, incluso de arbitrariedades

Confesión inicial: este crítico pasa por una época en la que reniega especialmente de la obligatoriedad de la verosimilitud para todas las películas. Se ha subrayado "todas", que es lo que además parece que reclama una mayoría del público, porque justo ahí reside el problema. Hay películas que deben ser creíbles, y películas que no tienen por qué serlo. Deben tener una lógica interna, ser plausibles dentro de su narrativa del espectáculo, pero no documentos de la realidad. Y ahí el cine de Alfred Hitchcock es el paradigma.

CONTRATIEMPO

Dirección: Oriol Paulo.

Intérpretes: Mario Casas, Bárbara Lennie, José Coronado, Ana Wagener, Francesc Orella.

Género: thriller. España, 2016.

Duración: 104 minutos.

Viene todo esto a cuento por culpa de Contratiempo, segunda película como director de Oriol Paulo, con la que vuelve a incidir en la intriga hitchcockiana, que ya practicó en los guiones de Los ojos de Julia y Secuestro, y en su primera película tras la cámara, la truculenta, con un punto de ingenio, pero a la postre innecesariamente artificiosa El cuerpo (2012). En Contratiempo, en torno a un accidente con resultado de muerte, a un secreto y a una venganza, hay una buena cantidad de inverosimilitudes; también de casualidades forzadas, incluso de arbitrariedades. Pero ese no es el problema. Si hay que despotricar de la película, que no sea por eso. Y sí por su nula originalidad: recoge no solo los conflictos de doble identidad del cine de Hitchcock (Vértigo), y de su particular émulo, Brian de Palma (Fascinación, Doble cuerpo), para acabar haciendo una grisácea fotocopia de fotocopia, sino también el punto de partida y el principal conflicto interno de Muerte de un ciclista, de Juan Antonio Bardem. O despotricar por su estructura, con aspecto de compleja cuando solo es confusa. O por su incapacidad para mostrar sus conflictos con imágenes y no con verborrea explicativa. O por su aspecto más bien hortera y poco elegante. O por querer sorprender a toda costa con el final, en lugar de ser consecuente con lo que se está relatando.

Para Hitchcock el diálogo debía ser "un ruido entre los demás, un ruido que sale de la boca de los personajes, cuyas acciones y miradas son las que cuentan una historia visual". Para Paulo el diálogo parece un modo de subrayar lo ya entendido y de explicar lo que a pesar de todo es incomprensible. Y así, Contratiempo, que de puro delirante puede ser incluso entretenida, se convierte en una oportunidad perdida para aplicar una lógica del espectáculo a lo que es capaz de hacer la gente común (el crimen de León como arquetipo) para vengarse de los de arriba.

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