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CRÍTICA | 'LA MADRE' CRÍTICA i

Las edades del superviviente

'La madre' aporta cambios sustanciales en el discurso del cineasta Alberto Morais sin comprometer sus convicciones estéticas

LA MADRE

Dirección: Alberto Morais.

Intérpretes: Javier Mendo, Laia Marull, Nieve de Medina, Oviduo Crisan.

Género: drama.

España, 2016

Duración: 89 minutos.

Alberto Morais es de esos cineastas que han tenido desde el principio clara su filiación estética: su documental Un lugar en el cine (2008) era el manifiesto de un autor que se reconocía hijo del neorrealismo y de las revoluciones formales y narrativas que supuso en el cine europeo de posguerra. El neorrealismo no es un movimiento acotado en el tiempo, sino una ética, una sensibilidad y una mirada que siguen siendo fundamentales para desentrañar el presente a partir de la aparente paradoja de fabular con los materiales de lo real.

Tras Las olas (2011) y Los chicos del puerto (2013), con su común idea del viaje como síntesis de memoria y presente, La madre aporta cambios sustanciales en el discurso del cineasta sin comprometer sus convicciones estéticas: la película está presidida por unas interpretaciones orgánicas y naturalistas que hacen olvidar el pie forzado en la dirección de actores de su trabajo anterior, orientada hacia una contraproducente asfixia de la expresividad.

Miguel –un Javier Mendo sin ninguna nota impostada- es un náufrago del hundimiento del sistema que intenta sobrevivir en espacios que sabe efímeros, mientras el faro materno se muestra incapaz de emitir señales de afecto y ayuda. Huyendo de asistentes sociales y pulsando la hostil hospitalidad de viejos conocidos, el personaje avanzará hacia un duro gesto de madurez en el curso de una película implacable, que no juzga a ningún personaje, pero propone una feroz impugnación de un sistema diseñado para no tender la mano a sus daños colaterales.

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