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CRÍTICA | EL HOGAR DE MISS PEREGRINE PARA NIÑOS PECULIARES CRÍTICA i

Tim Burton quiere volver

El director recupera con esta película parte de sus esencias, ciertas formas y, sobre todo, la fuerza de sus diseños, pero aún sigue en barbecho en la cuestión narrativa

Tráiler de 'El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares' de Tim Burton.

EL HOGAR DE MISS PEREGRINE PARA NIÑOS PECULIARES

Dirección: Tim Burton.

Intérpretes: Asa Butterfield, Eva Green, Samuel L. Jackson, Ella Purnell, Judi Dench.

Género: fantasía. EE UU, 2016.

Duración: 127 minutos.

"De pequeño yo era un niño muy introvertido (...). Tenía amigos, nunca me peleaba con nadie, pero realmente no los conservaba. Tengo la impresión de que la gente tenía la necesidad de dejarme en paz por alguna razón (...). Era como si yo emitiera una especie de aura que dijera: '¡Déjame en paz, joder!", cuenta Tim Burton sobre su infancia a Mark Salisbury en el ensayo Tim Burton por Tim Burton. Poseedor de un espíritu libre y creativo, el director estadounidense fue creciendo mientras dibujaba e inventaba, entre la crueldad y la poesía, personajes como el Niño de ojos de clavo y la Chica que se convirtió en cama. En semejante tesitura parece casi una obviedad que el libro de Ramson Riggs El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, con tantas dosis de novela de ficción juvenil como de álbum de fotografías reales, fuera a parar a manos de Burton para su adaptación cinematográfica.

Inmerso en una preocupante crisis creativa, el fabuloso director de Eduardo Manostijeras (1990) y Ed Wood (1994) lleva más de una década introduciéndose en proyectos en principio acordes con su ideario y estilo, con su insólito universo de despiadada ternura, pero creando obras entre lo evidente (Charlie y la fábrica de chocolate, Alicia en el país de las maravillas), lo decepcionante (Sweeney Todd, Frankenweenie) y lo desastroso (Sombras tenebrosas, Big eyes). Con El hogar de Miss Peregrine... recupera parte de sus esencias, ciertas formas y, sobre todo, la fuerza de sus diseños, pero aún sigue en barbecho en la cuestión narrativa. Sus películas se han hecho morosas, con la sensación de avance solo a trompicones. Y más parece un problema de puesta en escena y ritmo de montaje que de guion. Lo primero que hizo este crítico al salir de la película fue acudir a las bases de datos para confirmar que las mejores obras de Burton estaban más ajustadas en metraje que las dos horas largas de su última película. Y no es cierto, Ed Wood y Big Fish estaban en semejantes tiempos.

No hay películas largas o cortas, lentas o rápidas. Hay imprecisos ritmos de tensión y dispersión, de ascenso hasta el clímax y de ligazón de ideas, de idoneidad en la utilización de la dirección y el montaje para lo que se está contando. Y, en buena parte, es lo que le ocurre a esta película atractiva y coja, con bellísimos momentos esporádicos, casi todos relacionados con la utilización de la técnica del stop-motion, a la que quizá le falta una capa de macabro horror y le sobran secuencias de acción que hacen pensar más en una suerte de los X-Men que en una versión enfermiza de La familia Addams.

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